Soberbia cobrada.

Por Juanca
Enviado el 11/05/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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La soberbia está enraizada en los ingleses. Son verdaderos artistas de la soberbia, la ejercen con suma convicción y, a menudo, violentan a su interlocutor con su modo de proceder.

A Gilbert (gerente general.) lo había caracterizado, además de soberbio, como ostentoso, altanero y hueco de sensibilidad. Llegué a acumular tal dosis de resentimiento que se me volvió recurrente el impulso de desquitarme de algún modo.

De carnes ligeramente abundantes, andar bamboleante y cabello rojizo cereza lo asocié, un día, a la imagen de un vacuno raza Heresford, británica: rellenito, pelo rojo y cara blanca. De pronto completé mi relación de semejanza con unos grandes cuernos saliendo de su cabello.

Me causó gracia la ocurrencia, pero, con el correr del tiempo, coronarle la cabeza con cuernos, tomó la forma de una buena manera de "cobrarle" los disgustos y sinsabores de alternar con él.

Para concretarla debía cogerme su mujer y hacérselo saber.

Paradójicamente, fue mi esposa Claudia, quien me allanó el camino para acercarme a Jessy e intentar seducirla.

En una cena de camaradería, Claudia alternó largamente con Jessy y, antes de finalizada la reunión, intercambiaron números de celulares para mantenerse en contacto. A partir de ese día salieron con frecuencia de compras o simplemente de paseo.

- ¿Sabías, Juan, que la relación de Jessy con el marido es turbulenta? - me comentó un día Claudia.

- No ¿Cómo voy a saberlo? ¿Ella te lo dijo?-

- ¡Siii! Tienen desavenencias y discusiones frecuentes. Dice que él es arrogante, desconsiderado y obcecado.

Me alegró la novedad porque estimé que la discordia en el matrimonio jugaba a favor de mi aspiración de seducir a Jessy. A esa altura de los acontecimientos, a la aversión por el marido se superpuso un marcado anhelo de una relación sexual, por simple placer. A pesar de ser unos años mayor que yo, seguía siendo una hembra apetecible. No escultural, si esbelta y con atributos femeninos merecedores de máxima calificación, superior a la de notable. Llevaba siempre la cabeza alta, lo que unida a su belleza y a su estatura le daba un aire regio, que de no mediar la sonrisa alegre, afectuosa en sus labios y sus encantadores ojos brillantes hubiese infundido en mí un respecto exagerado.

No me costó hacerme del número del móvil de Jessy, en el celular de Claudia.

En el primer mensaje de texto le dije quién era y que ella acudía constantemente a mis pensamientos.

Demoró un día su respuesta. Dijo estar sorprendida y dubitativa sobre la conveniencia de entablar ese tipo de intercambio de mensajes conmigo. Pero siguió respondiendo hasta que decidí llamarla e introducirle blanda y suavemente en el ánimo, la propuesta de relaciones amorosas.

- Tenemos que hablar y poner las cosas en su lugar. Mejor personalmente. - replicó.

Yo sabía que el marido viajaría el día siguiente a Chile. Entreví la posibilidad.

- ¿Te parece que almorcemos juntos?.

- Bueno, pero en un lugar tranquilo sin bullicio: tenemos que hablar.- su voz sonaba determinada, pero tajante.

Le propuse, intencionado, un restaurante a sólo 50 metros de un hotel transitorio para parejas.

El encuentro, a las 13:30 Hs, se prolongó algo más de dos horas. El tema por el cual ella me había convocado demoró en instalarse y tardó muy poco en convertirse, en el que yo había imaginado: esgrima de seducción:

- Soy una mujer casada.

- Lo sé, yo también lo soy. Tenemos eso en común.

- Soy, además, amiga de Claudia. No cabe, no es pensable, lo que estas procurando lograr.

- Cierto pero me alteraste las pulsaciones, siento, burbujas en las venas! ¿Cómo expresarlo con simplicidad? Sos hermosa y no puedo dejar de fantasear con vos.

Acusó mi acometida sin eufemismos, se ruborizó, sonrió:

- ¡Qué loco lo que decisssss! ¿Me estás adulando?

- ¡Nooo! Te estoy admirando y me salgo de la vaina por besar cada centímetro de tu piel-

- ¡Sos terribleeee! No sigas por favooor.

En el resto del almuerzo Jessy repelió la propuesta cada vez con menos énfasis. Una vez dado cuenta del postre aposté a acabar con su histeriqueo: le tomé las manos entre mis manos y con los ojos en los ojos:

- Te falta brillo en los ojos. Te falta que te amen como la reina que sos. Dejate llevar y vas a disfrutar de lo lindo que es haber nacido mujer.

- No, no debemos.

- Pero lo vamos a hacer.

Pedí la cuenta y. sin más resistencias de su parte, dejó que la tome del brazo y caminamos los 50 metros hasta el hotel transitorio.

En la habitación nos abrazamos y besamos, suavemente, por primera vez.

- Por favor, con mesura y suavidad. Nunca estuve con alguien más que mi marido.

- Tranquila sólo va a suceder lo que vos quieras que suceda y, te prometo que si vos te olvidas de tu marido, yo me olvido de Claudia.

Seguimos abrazados pero intercambiando una catarata de besos y caricias cada vez más osadas de mi parte, con preferencia tetas, culo y concha - y algo tímidas de ella, cuello, torso y cara sin siquiera rozar mi entrepiernas.

Fue muy contenida durante la penetración y subsiguiente cogida, que yo mantuve sosegada, pacífica, salpicada de pequeños halagos, no por ello menos placentera. Solo se permitió suspiros, gemidos, quejidos y una exclamación ahogada en el orgasmo.

Nos higienizamos, yo primero. Cuando ella volvió de la ducha, se acostó a mi lado y me dio un beso fugaz.

- Fuiste un caballero, me diste placer, mimaste y llenaste sin vulgaridades ni excesos.

Le devolví, con creces, su cumplido y elogié, celebré el placer de haber hecho el amor con ella.

Quiso saber que pasaba entre yo y Claudia.

- Cero problemas.- le respondí

- ¿Por qué le sos infiel, entonces? ¿No te satisface en lo sexual?

- ¡Nada que ver! Lo disfrutamos y nos complementamos de maravillas. Lo que pasa es que con vos se me desalinearon los "patitos" y no me pude resistir a buscar tener algo contigo. - Obviamente no podía decirle que, la había buscado, provocado, inicialmente, para humillar al marido.

Jessy se lamentó de haberle fallado a la amiga, no mencionó la falta al esposo como daño colateral de nuestra comunión de cuerpos-.

(Varias citas ilícitas tardó en aflorar su descontento con el marido. Lo tachó de arrogante, desconsiderado, etc.. y, en lo estrictamente sexual poco dispuesto y, cuando la requería, desamorado. Con el agregado de, con frecuencia, enrostrarle que no podía tener hijos por una cirugía a la que fue sometida a poco de casada-.)

Hicimos el amor, una vez más la primera tarde. Jessy se soltó bastante más, a los suspiros, gemidos y quejidos de la primera vez, le agregó exclamaciones, frases entrecortadas, pelvis inquieta y orgasmo alborotado con mucho y vivo movimiento.

Nuestro amorío se prolongó casi un año al cabo del cual, ella, volvió a Inglaterra, con su marido que fue retornado a la casa matriz de la empresa - sin enterarse de que era cornudo. Igual, consideré, escarmentada su altivez. -

Con Jessy mantuvimos contacto virtual, asiduo al principio, raleado ahora y ambos lamentamos el océano que se nos interpone.

¡Ahh! Ella se divorció del aparatoso y poco agradable Gilbert y formó nueva pareja que la valora mucho mejor que su ex.


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