Enseñanza culinaria

Por Stef Zamora
Enviado el 30/05/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Era el día de la gran inauguración, esta noche mi restaurante abriría sus puertas por primera vez por lo que tenía que servir el mejor servicio de mi vida. Llevaba todo el día preparando la vichyssoise, la tartaleta de cebolla caramelizada y queso de cabra, la merluza a la beurre blanc y una rica tarta de Saint Honore. Sí, ahí estaba yo con las manos en la masa, yo y... Marco.


Marco era mi segundo chef desde hacía un mes, lo contraté porque mi amiga Eva me dio muy buenas referencias de él y claro, ya sa se sabe lo que se dice de los hombres italianos... de los chef italianos.


- Marco, ¿puedes encargarte tú de la merluza mientras que yo me encargo de la tartaleta?


- Por supuesto chef.


(Llevamos un mes y nunca ha sido capaz de llamarme por mi nombre, no voy a ignorar el hecho de que me gusta ser la jefa, pero un poco más de cercanía no me sentaría mal...)


- Marco, con llamarme Oli basta.


- Por supuesto Oli - (entre una leve sonrisa).


Ya teníamos todo preparado menos la tarta.


- Marco, tú eres mejor con los postres, ¿podríamos hacerlo entre los dos y así practico?


- Claro, ven aquí, mezclamos la harina tamizada, la mantequilla... Y la metemos al horno. Ahora bate enérgicamente las claras de huevo con el azúcar.


- Uff... esto de batir cansa.


- Yo te ayudo.


Menos mal, porque estoy dejando de sentir el brazo... espera, está rodeando mi cintura con su fuerte brazo... ¿en Italia se enseña así hacer el merengue?


El otro brazo acompaña a el primero y rodea mi cintura, apretando fuertemente su pecho contra mi espalda. Puedo sentir su caliente aliento. Es más alto que yo, más fuerte que yo...


Me doy la vuelta y quedamos cara a cara. Moja su dedo en el merengue y dice:


- Prueba el merengue, chef... (esta vez no me ha importando que me llame así).


Abro la boca e introduce su dedo bañado en merengue hasta el final de mi lengua y yo se lo chupo mirándole fijamente. Acto seguido saca el dedo y me muerdo el labio y él acerca su lengua a mi comisura y chupa los restos del merengue.


No puedo aguantar más y me lanzo a sus labios, estoy ardiendo (y los fogones no están encendidos), su lengua es grande y noto como recorre toda mi boca, le muerdo el grueso labio inferior. Aprieta mis nalgas contra su cuerpo y noto su erección, le quito la ajustada camiseta y clavo mis uñas en su espalda, de principio a fin.


Vuelve agarrar mis nalgas levantando y apoyándome sobre la encimera y comienza a besar mi cuello y oreja, mientras que yo meto la mano por su pantalón y toco su duro, caliente y grande miembro. Y cuando creí que lo metería dentro de mi, baja fuertemente mis bragas sin quitarme los tacones y su boca comienza a jugar conmigo. Su gran lengua lo recorre todo, yo estoy muy húmeda y más húmeda me pongo mientras que Marco chupa mi clítoris y muerde mis labios, mientras que saca y entra dos dedos de la otra mano. No puedo aguantar más, voy a estallar cuando él para. Estoy respirando entrecortadamente encima de la encimera, con las piernas abiertas y la falda subida. Entonces, desabrocha los botones de mi camisa y saca mis pechos del sujetador negro de encajes y me pellizca los pezones. Ese dolor me está gustando...fascinando.


Desabrocha sus pantalones mirándome fijamente con una mirada posesiva y con gran rapidez me penetra fuertemente. Mis piernas están alrededor de sus duras nalgas y no puedo parar de gemir... eso no son penetraciones, son embestidas. No para de empujar fuertemente mientras que mis pechos chocan contra el suyo. De repente para y me baja de la encimera apoyando mi pecho contra ella. Coge su cinturón y lo pasa alrededor de mi cintura y como si de una montura se tratase me vuelve a penetrar mientras le doy la espalda, agarra el cinturón y choca contra mis nalgas.


No puedo aguantar más y estallo en gemidos, mojándolo aún más. Siento cuando él concluye porque tira muy fuertemente de mi coleta y segundos después la suelta, apoyándose contra mi espalda y volviendo a sentir su ardiente aliento.


Rrrring... el sonido del horno avisa que la tarta está hecha.


Sin duda, la mejor enseñanza culinaria de mi vida.


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