Regalo inesperado.

Por Juanca
Enviado el 11/06/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Ángel que trabaja, desde más de 6 años, en la misma empresa de tecnología que yo, me llamó desde Chile (donde se encontraba por unos días, preparando su radicación en ese país, ya que lo habían trasladado a la sucursal de Santiago):

-Haceme el favor de pasar por mi casa. Verónica te va a dar un certificado de matrimonio. Lo escaneas y me lo envías. Lo necesito para alquilar un departamento.

A eso de las 12:30 hs del mediodía, toqué el timbre en la casa. Verónica es un hembrón de la puta madre, morocha, rostro bonito y con un cuerpazo de ¡padre y señor nuestro! Claro que es la esposa de un colega por lo que, si bien me calentaba, nunca había siquiera hecho un atisbo de "arrime".

- Buen día Vero - la saludé, desde el portero eléctrico del portón- ¿Ángel te avisó que vendría?-

- Buen día Juan . Siiii, pasáaaa. - me contestó y accionó la cerradura electromagnética. Enseguida abrió de manera franca la puerta de la casa asomando sólo la cabeza con una amplia sonrisa. El cuerpo quedó oculto detrás de la hoja de madera.

Apenas entré cerró y quedó a mi consideración, medio me tildé y como un "salame total" balbuceé un "¡Hoolaaa!" No sabía que mirar primero: su cara radiante, sus tetas erguidas que asomaban del celeste claro de la tela de su blusa liviana anudada en el vientre, su ombligo apenas encima de su short breve y ajustado que ponía en evidencia una breve tanguita (que a duras penas disimulaba sus labios vaginales) o sus impresionantes piernas montadas sobre tacos de 10 cms, por lo menos.

- Disculpá que te reciba así, pero no pensé que vendrías a esta hora y hace mucho calor para dejarte esperando afuera a sol. Vení, pasáaa - Me dio un beso en la mejilla y, por si hiciese falta algo más, se encaminó hacia el sillón living meneando sensualmente el culo divino, con el shorcito metido en la "zanja", como consumada seductora.

Para los hombres y las mujeres, que habitan esta bola de piedra que gira alrededor del sol, la cultura propone la represión de los instintos pero esa represión produce un malestar insoluble en los afectados. Yo evito, si puedo, todo tipo de malestar. Por lo que sucedió, Verónica también.

La sangre se me agolpó en el entrepiernas. Al sentarme en el sillón la erección era inocultable. Ella la percibió con claridad y dio una "vuelta más de tuerca":

- ¡Qué lindo estar con vos un rato antes de irme a vivir a Chile! ¿No te pareceee? Andá saber cuándo se nos vuelve a dar... - y se sentó a mi lado, a mi derecha.

- Si, la verdad está bueno - le respondí mientras le apoyé mi mano izquierda en su muslo.

Ella apoyó su mano sobre la mía y:

- ¿Tenés tiempo para quedarte a almorzar? -

- Tiempo tengo pero, se me ocurren mejores cosas qué masticar, por ejemplo besar -

- ¡Uhhhhyyy! Eso no se debe hacer con mujer ajena. -

-Pero suele suceder y... va a suceder ahora. El matrimonio, para mí, es un pacto de dos libertades. -

-Eso me gustó. ¡Que viva la libertad! -

Nos besamos y eso fue como el disparo de largada.

Enseguida se desbocaron las lenguas y las manos. No hubo parte neurálgica huérfana de caricias y manoseos, con especial dedicación a sus tetas y al entrepiernas de ambos.

De pronto Verónica se incorporó y dando media vuelta, se encaminó, decidida, para el dormitorio, llevándome, a la rastra, tomado de una mano.

Cuando llegamos se dejó caer de espaldas sobre la cama, con las piernas entreabiertas. Verla en esa actitud, era muy placentero y excitante, así que, casi con prisa, me puse en slip, me tire a su lado, le saqué la blusa y corpiño y mientras le iba besando las tetas, los pezones, la panza, el ombligo me deshice del short y la tanguita. Fue el turno de los muslos y, por fin, de la concha

Hasta que Verónica, agarrándome del cabello, me da un tirón infernal y ordena:

-No sigas lamiendo - y agrega- Dale, métemela, despacito, pero ya -

Estaba tan lubricada, que con solo arrimar la cabeza, se deslizó suave y se la fui metiendo hasta las bolas.

-¡Aaaahhhhh, hijo de puta, que placer! ¡Cómo me llenás!

Movía suavemente el pubis, de lado a lado. Parecía que, con eso lograba que adentro, mi verga, le acariciara los costados, mientras le iba entrando.

-¡Siii... Asíii... Asiii!!... ¡Dioss mioooo! ¡Daleee!... así... más... más!... - hasta que aceleró el cadereo, puso los ojos en blanco, alertando que estaba próxima al orgasmo. Me motivó aún más de lo que estaba e incrementé el ritmo de mis embestidas.

Ella, empinaba la pelvis como queriendo lograr meterme a mi entero, en su concha, no sólo mi verga y alternaba suspiros, gruñidos y gemidos con expresiones de "aliento" para que yo no decayera:

-Dame, dale, más, ahhhhh, más, más, siiiii .. asi, asi ,assssssssiiiiiiiiii! - y soltó una enorme cantidad de flujo. Yo eyaculé adentro de manera brutal, convulsiva. Pocas veces, antes, había acabado así.

-Quedate, no la saques todavía - murmuró con cara de embeleso y moviendo aun suavemente la pelvis. Lograba sacarle algún placer adicional a mi poronga totalmente derrumbada adentro de su cachucha.

Una vez que me pareció satisfecha del franeleo extra en su vagina, me acosté a su lado a recuperar la energía disipada.

Transcurridos unos segundos Verónica empezó a sincerarse:

-Vos boludo no sos , te diste cuenta que, al enterarme que venías a verme, me vestí para que sobraran las palabras ¿No es cierto?-

-Si. La verdad que me agarraste totalmente desprevenido. Ni por las tapas me imaginé que andabas "alzada" conmigo -

-Soy buena disimulando. Pero hoy me dije "ma si, me voy para Chile, ya no van a haber encuentros frecuentes y embarazosos con él y su mujer. Si no me lo cojo hoy, no sé cuándo.-

-¡Flor de turra resultaste! Pero lo bien que hiciste, te diste el gusto vos y me diste un gustazo -

-¿Cómo que me di y te dí? ¿Ya aflojás? Que no se digaaa -

No aflojé. Un rato después, se puso en cuatro, con la cabeza apoyada en la almohada. No hizo falta que me dijera nada. Me acomode detrás de ella y se la mande adentro por la concha y mientras le daba "para que tenga y guarde" comencé a acariciarle el ojete. No iba dejar que cruzase Los Andes sin penetrarla por el culo.

Fue en el tercer polvo de la tarde. Ni me ocupé de masajearle el clítoris mientras la tenía enculada, con ese culo divino a la vista y ensartado, yo estaba en la estratósfera y ella por como suspiraba gemía, gritaba, se movía acompasada para que le entre y le salga toda, también.

El certificado, escaneado, salió para Santiago bastante más tarde de lo previsto.


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