La colonia de ¿La Esperanza?

Por Lianiaski
Enviado el 14/06/2015, clasificado en Cuentos
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-    ¿Dónde estoy?

-     ¿Qué es esto que me rodea?

Esta sala está llena de inmundicia y tiene un olor a rancio que resulta incluso atrayente para los sentidos. ¿Cómo habré llegado aquí? Tengo que dejar la bebida, un día voy a aparecer metido en un ataúd bajo tierra y cumpliré una de mis pesadillas más terribles.

Varios tacones empiezan a resonar en la estancia y anuncian la llegada del sexo femenino, poco a poco el sonido se hace más fuerte. Junto con la cercanía de los pasos llega una fragancia acaramelada que dispara mi imaginación y comienza vislumbrar a una belleza sin igual, una de esas mujeres que arrancan las cuerdas vocales para hacerse una pulsera con ellas.
  Todos mis sentidos se centran en los impulsos que lanza esta fémina, su cercanía es tal que mis extremidades empiezan a agitarse para buscar el contacto con ella. Los tacones se detienen y el perfume acaramelado empieza a llenar toda la estancia hasta convertirse en una penumbra deliciosa, poco a poco noto como la presencia se acerca hasta mi ser y se dispone a tocarme.
  -    ¿Estás bien? Me transmite un sonido meloso destinado solamente a mí.
  Con un pequeño sobresalto que ruboriza todo mi ser le respondo:
  -    Ahora estoy mucho mejor.

-    Me alegro. Me contesta.

-    Muchas gracias por cuidar de mí.

-    Es mi trabajo, me encargo de recuperaros para la causa y llevaros hasta la orientadora.

-    ¿Orientadora? Pregunto con preocupación.

-    Sí, es la encargada de mostraros la ciudad y analizar vuestras capacidades para saber qué es lo que sabes hacer mejor.

-    Pero… ¿Dónde estoy?

-    Otro que no se acuerda de nada. Estás en la colonia esperanza, un lugar en el que todos nosotros podemos sobrevivir si trabajamos en equipo.

-    Hostia puta, no puede ser que pase de mi habitación y el trabajo del colgado del checo a estar en una ¿colonia?

-    Exacto, una colonia. Me dice mientras me ayuda a incorporarme.
  A pesar de la ingesta continuada de alcohol y estimulantes para olvidar y llegar a la entrega del trabajo a tiempo, mi cuerpo está sorprendentemente ágil y todo los movimientos que intento realizar son ejecutados con precisión.
-    No sé el lugar en el que me encuentro, pero me habéis dejado como nuevo.

-    Somos profesionales en esto, además tienes una estructura bien desarrollada y una extremidades perfectamente alineadas; eres un buen espécimen.

-    ¿Me estás tirando los trastos? Le digo mientras estiro todo mi cuerpo.

-    No me importaría nada ser parte de un proceso procreador con un espécimen tan perfecto como tú.    Si consigue establecerte en la colonia sin problema no olvides dónde estoy. Me dice mientras me indique que la acompañe.

Estoy en un lugar que no conozco y eso me preocupaba, pero si nada más llegar he ligado con una fémina como esta, creo que me gustará esta colonia más de lo que pensaba en un principio. Vamos a ver a la orientadora y comprobar si este sitio puede tener un lugar para mí.
  Tras pasar por la apertura de la estancia me acompañó hacia un lugar mucho más amplio que recibía luz natural desde el techo, la sensación y el olor a humedad era muy alta, un entorno que me permitía estar fresco y consiguió que dibujara una sonrisa. Todo perfecto.
  -    ¿Quién va? Se escucha una voz ronca y pesada.

-    Aquí le dejo al nuevo.

-    Muy bien, vuelve a tu lugar y no comentes a nadie que lo has traído aquí.

Entre la penumbra aparece mi supuesta orientadora, una auténtica señora entrada en años con un atractivo increíble, todas sus facciones estaban bien marcadas y la edad no parecía haber hecho mella en ella, excepto por una leve cojera.
  -    ¿Es usted el nuevo?

-    Sí señora. Le digo mientras me pongo en posición de firmes.

-    Qué espécimen tan perfecto, creo que vas a formar parte del equipo que busca nuevas fuentes de comida y lugares que nos sirvan de refugio.

-    ¿Cómo? Le dije sorprendido

-    Ya veo que no te han contado nada de lo que ocurre aquí. Siéntate y escucha atentamente. Me dice mientras señala un lugar apartado en la estancia.

Hace unos años conseguimos establecernos en esta colonia, que nos facilita una protección adecuada para poder vivir de forma relajada. El único problema es que la comida escasea bastante y tenemos que salir al exterior a recoger todo lo necesario para alimentarnos.
  El túnel de ascenso a la parte superior está bien protegido para que nadie ni nada pueda entrar sin permiso. No obstante, como puedes apreciar, la parte superior de nuestra cueva cuenta con diferentes aberturas al aire libre que nos permiten disfrutar de luz natural, pero también traen nubes corrosivas muy de vez en cuando.
  -    ¿Nubes corrosivas? Pregunté intrigado

-    Ninguno de nuestros investigadores ha conseguido establecer las causas por las que se producen.  Pero cada vez que llega una de esas nubes tóxicas provoca un gran número de bajas en la colonia.

-    ¿No podéis cerrar las aberturas?

-    Lo hemos intentado pero no es posible.

-    ¿Cuándo fue la última vez que vino esta nube tóxica?

-    Dentro de dos días hará un año.

-    Esperemos que no vuelva más. Dije preocupado.

Un guardia llega apresurado, y tras recibir la orden de la orientadora, le comenta que la luz lejana ha vuelto y los exploradores ya pueden contar con una guía para llegar hasta la pradera de los alimentos.
  -    ¿Quieres quedarte? Me pregunta la orientadora

-    Por supuesto. Contesté.

-    Pues ve con este guardia que vas a realizar tu primera misión exploratoria.

Un poco aturdido y nervioso por esta noticia acompaño al guardia por el intricado laberinto de pasillos y aberturas. Con un buen ritmo intento no perderle de vista hasta que, de repente, aparece una sombra por delante nuestra gritando que la nube tóxica había vuelto y que todos deberían de salir de las cuevas principales. El guardián echa a correr a una velocidad de vértigo sin que pudiera seguirle.
  El pánico y la falta de conocimiento de lugar me llevaron a un callejón sin salida, al darme la vuelta para escapar pude comprobar que una niebla blanca se acercaba lenta pero inexorable por el pasillo sin que pudiera escapar por ningún lado. Sólo quedaba sentarme a esperar una muerte rápida. 
  Un movimiento reflejo hace que tire al suelo la taza de café a suelo mientras chillo de forma insistente ¡No quiero morir! ¡No quiero morir! Miro a mí alrededor y puedo comprobar que me encuentro en mi habitación y encima de mi mesa se encuentran todos los papeles correspondientes al trabajo acerca de Kafka.
  -    Puto Franz, me tiene desquiciado. Necesito fumarme un cigarro.
  Me acerco a la ventana y a la luz de mi única lámpara enciendo un cigarro. Puedo observar como un operario del ayuntamiento está inmerso en una actividad extraña. Vuelvo a la habitación y cojo mis anteojos para observar detenidamente como introduce una extraña manguera por el desagüe de la calle para fumigarlo.
  Conforme el producto se introducía en el desagüe, una hilera de cucarachas salía de forma desordenada y despavorida de su hogar para caer muertas en la acera. Esta visión  me provocó una sensación de ahogo familiar.
 

-    Puto Kafka y puta sensación de agonía que trasmite. Como no termine rápido el trabajo me volveré loco.


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