Me cogió mi jefa.

Por Juanca
Enviado el 04/07/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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-Juan, dice Marisa que, ni bien puedas, vayas a verla a su oficina- me avisó, por el teléfono interno, mi asistente, Florencia.

Así de normal fue el comienzo de una experiencia de sexo loco y de una relación fuera de las normas sociales comúnmente admitidas.

Marisa (43 años) es una mujer grata a la vista: de buena estatura (algo por encima de los 1,75 mts),  silueta espigada y bien lograda en lo que realmente hace a la diferencia: seno respingón de tamaño justo, culo impresionante y extremidades inferiores interminables y bien torneadas. Sus facciones son agradables y el cabello negro largo y liso, los ojos color negro intenso. Pero es la autoridad máxima (CEO) local de la multinacional que nos emplea, ergo, ni por asomo se me cruzó por la cabeza intentar algo con ella.

 

-Sentate, por favor, Juan- me señaló con la mano la silla – Necesito que viajes conmigo al Kickoff Meeting en California.-

Debo haber puesto “cara de bragueta” ya que ella argumentó que, debido a que entre los temas a tratar, estaban profundos cambios que afectaban a mi área de trabajo (control de gestión e IT)  era importante mi participación:

-No quiero tener problemas al implementar, localmente, métodos, procesos, etc…-

Total que viajamos juntos a San José, a unos 90 quilómetros al sur de  San Francisco pero nos alojamos en el Holiday Inn Hotel de Santa Clara, a aproximadamente 8 quilómetros del Centro de Convenciones y alquilamos un auto para los desplazamientos.

 

El “sainete” comenzó una vez terminada la reunión y en el viaje de regreso al hotel. A poco de andar noté que Marisa en lugar de tener la vista hacia el parabrisas o la ventanilla, me miraba fijamente.

-¿Que me mirás tanto? ¿Tengo algo fuera de lugar?- le pregunté, sonriendo.

-¿Estas para darte y no cobrarte! - Rió como dándome a entender que lo decía medio en broma pero, se me ocurrió, también medio en serio. Mo me la esperaba, dudé unos instantes y al rato, como siguiéndole la broma, repliqué:

-¡Vos sos la que estás muy bonita …. hoy estas para el crimen! -

-¿En serio, Juan, te gusto? Vos estás para matarte.-

Salí de la freeway y, donde pude, estacioné el auto. Me volví hacia ella que me “aguantó” desafiante la mirada:

-¿Qué te pasa Marisa, hoy? Estas echando leña al fuego. Ambos estamos casados, y, además, sos mi jefa y la sabiduría popular enseña que “donde se come, no se ….”-

-Que afortunada es  tu mujer de tenerte … ojala yo tuviera la suerte que tiene ella. Y …..  si hiciéramos algo no tiene por qué enterarse, ¿no? –

-¿Y mi conciencia? ¿Y tu conciencia? ¿Cómo la voy a mirar después yo a ella? ¿Y vos a él? -.  

-Después de compartir la cama durante cinco, diez o veinte años es razonable que te entre la duda de que si te da porque la/lo seducís o porque te tiene a mano. Es humano querer poner a prueba tu potencial alguna vez. Entonces, a los 30, 40 ó 50, ¿No te parece que está bueno, de vez en cuando jugar en el campo de las/los solteras/os?-

-Pero, escúchame …..-

-No vos escúchame a mí: Firmaste en el registro civil, firmaste la hipoteca de tu casa, almorzás con tu familia política, incluso aceptaste adoptar ese gato estúpido que no se deja acariciar y se afila las uñas en el sillón del living.

Tolerás la bombachita colgada en la canilla de la ducha. Juraste que en las buenas y en las malas ... pero nunca que no necesitarías vacaciones ni que estarías a su lado el full time. Hay límites.

Tenemos que dejarnos un tiempo para respirar. La infidelidad es exactamente eso: un aliento, un soplo de viento fresco en el día a día. Ni siquiera es fatalmente una traición, es otra cosa, y punto. No tiene que ver con la pareja. Es algo que concierne a vos, a tu autoestima y otra persona en un delicioso momento.-

-Tal vez, pero no me parece que debamos….-

No terminé de completar la frase, Marisa me lo impidió con el beso más ardiente que  había recibido en mucho tiempo,  nuestras lenguas jugaban….me estaba entregando al “asalto” de mi jefa -.

-Me comiste la boca y ¡Ojo no soy de palo! Si seguís así vamos a parar al carajo.-

 -Entregate a tus impulsos, no pensés…solo sentí,…hacé lo que realmente tengas ganas de hacer…y ya veo de lo que tenés ganas, se te nota en esa mirada libidinosa…aparte te pesqué, un vagón de veces, mirándome las tetas o el culo..jajajá. Estoy convencida que te gusto.-

Me tomó por atrás de la nuca y me volvió a comer la boca.

-Vamos al hotel…..y derechito a mi habitación, ¡Ehh!-

Allí fuimos. Marisa, no tenía idea con qué clase de hombre estaba a punto de coger, pensé, con el ego embalado. Fue al baño a higienizarse. Aproveché su breve ausencia para quedar vestido con sólo el slip   … a los pocos minutos volvió con la blusa y el calzón negros puestos y en la mano el corpiño, el pantalón y las botas.

Le quité las prendas que tenía en la mano, las tiré sobre una silla y la abracé:

- Vos lo quisiste. Hoy vas a saber lo que es culear en serio, te parto en dos, te voy a meter la verga hasta que se te asome por la garganta….-

Por un instante me arrepentí,  pensé que Marisa lo tomaría a mal, después de todo era toda una señora gerente … ¡Qué errado estaba!

A  ella la excitan que le digan obscenidades:

-No ha de ser tan fiero el león como lo pintás. Dale fanfarrón, partime al medio, cogeme bien cogida.-

Olvidamos la cena. Cogimos, por horas, del derecho y del revés: por la concha y por el culo. Con intermedios en los cuales su boca se llenaba con mi verga y, en otros, la mía se “ensañaba” con sus tetas, sus labios mayores y su clítoris.

 

Ahora ha transcurrido más de un año y con nuevas experiencias, harto satisfactorias para los dos.

En la oficina, soy su correcto subordinado y nadie sospecha que somos amantes fuera del ámbito laboral. Este apenas es el presente y aun no sé qué me depara el futuro al lado de ella, solo sé que será un:

“Lo vivieron contentos mientras duró”.

 


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