COMPARTIR: 6-Se acabó

Por Dorvas
Enviado el 08/07/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Tuve un dormir agitado en el que se sucedían excitantes imágenes sexuales que no se si fueron sueño o realidad. Desperté con una mujer a cada lado, desnudas, relajadas y sonrientes en el sueño. Me volví y besé a Julia que respondió con un ronroneo. Acaricié su sexo desnudo. Gimió y abrió las piernas pero cuando quise subirme encima de ella, me rechazó. Sin embargo, sujetó mi mano y reclamó caricias sobre su vulva hasta alcanzar un orgasmo sereno que no la sacó de su duermevela.

Me levanté. Estaba poniéndome un zumo cuando vino Ana. Acarició mi miembro a media erección y me besó con lujuria mojando mis labios con su saliva. La tomé de las nalgas y la atraje hacia mi. Mi pene tuvo una reacción inmediata pero ella se escabulló riendo.

-¡Vaya, vaya! Ya veo que tienes un buen d... una buena tarde ¿me acompañas? -dijo cogiendo una toalla.

Salí tras ella observando el movimiento de sus nalgas al caminar, el bamboleo de las caderas, las largas piernas, la espalda. A cada paso, mi pene crecía un poquito. Llegó a la charca y se volvió.

-¿Y eso? -dijo en tono jocoso mirado aquel falo erecto- ¿Solo por mirarme el culo? ¡Anda ven!

Me acerqué a ella que esperaba con los brazos abiertos pero al llegar, hizo una finta.

-Tienes que enfriarte un poco -rió lanzándome al agua- Toma, aprovecha y enjabónate. Es de plantas y no perjudica al río.

Se metió al agua.

-¿Me enjabonas la espalda?

Se la enjaboné. La espalda, el pelo, las tetas, el culo, los muslos, el sexo. Mi cabeza iba a cien pero el frío del agua mantenía mi yo a raya. No obstante, cuando salimos y recuperamos un poco de calor, la erección fue inevitable. La abracé, acaricié su piel fresca, la besé...

-¡Para Santi, por favor! Lo siento. Ha sido un bonito fin de semana y lo he pasado genial con vosotros pero no se... aquí, los dos solos... es como si les pusiéramos los cuernos a Marcos y a Julia. Lo siento. De verdad.

Me quedé parado y sin saber qué hacer. Le tendí la toalla, le di un beso en la mejilla y volvimos a la cabaña donde Julia aún estaba desperezándose.

-¿Venís de bañaros? ¡Qué valientes! Yo pensé que ya tendríais listo el desayuno...

-¿Desayuno? ¿Tú has visto la hora qué es?

-Hora de recoger y marcharse -añadió Ana- ¡Vamos bonita, date vida y aséate. Hueles a tigra!

-¡Claro! ¡Y tú no sabes por qué! -contestó Julia dándole un cachete en el culo- ¡Pobres pececitos!.

Recogimos rápido y en media hora más o menos, estábamos en camino. Paramos en Navacerrada para tomar algo y comer unos bocadillos. La verdad es que estábamos muertos de hambre. Hablamos poco en el trayecto. Julia y yo apenados por acabar el fin de semana y Ana pensando en reencontrarse con Marcos que nos esperaba en un bar de nuestro barrio.

Llegamos poco antes de las siete y, aunque les invitamos, no quisieron subir a casa. Tomamos unas cervezas en la terraza.

-Ha sido un fin de semana estupendo, distinto... - dije yo- Gracias por invitarnos.

-Gracias a vosotros por venir -respondió Ana- Espera, esperamos, que haya más.

-También nosotros -Julia se abrazó a Ana- Ha sido una pena que no hayas estado todo el tiempo Marcos.

-¡Ah! -respondió este- ¿es que me habéis echado de menos? Pues nada. Tendré que compensados en otra ocasión ¿Qué opinas Santi?

-¡Que os vayáis ya, pesados! -contesté guiñándoles un ojo- ¡Nos llamamos!

Los vimos subir al coche y perderse entre el trafico de la tarde dominical. Abracé a Julia y nos dirigimos a casa. Fue un fin de semana que jamás olvidaríamos. No seria el único.

 


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