El amante celoso

Por Allan
Enviado el 12/07/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Agarrada al cabecero de la cama, apretaba los dientes de tal manera que creí que llegaría a rompérselos. Estaba deseando gritar, pedirme "dame más", "házmelo" o "sigue así", quería acordarse de dios y todos los santos, quería gemir libremente al igual que lo hacía en los hoteles, pero esta vez estábamos en su casa. No quería llamar la atención de sus vecinos, ya que estos sabían que su marido estaba en el trabajo.

A pesar de aquella frustración de aquel silencio tan artificial, estábamos disfrutando de aquel polvo como locos. En especial yo, que la miraba y no me creía aún que me estuviera follando a semejante diosa. Miraba sus pechos turgentes, firmes, contemplaba su vientre, liso y admiraba mi polla saliendo y entrando una y otra vez en aquella preciosidad de coñito.

Verdaderamente Sofía era un bombón. Dulce, complaciente y maravillosa en la cama. Le gustaba moverse con brío y mandar, aunque también se entregaba al sexo salvaje que teníamos en ese momento. La estaba taladrando con todas mis fuerzas. El único que tenía vía libre para expresarse era el colchón, que daba buena cuenta de lo que eran dos amantes en plena acción. Cuando ella se puso encima mía comprendí que faltaba muy poco para correrme. No me gustaba la idea. Hubiese querido que aquel polvo fuera eterno. Y es que follar con Sofía era uno de los placeres más deliciosos que un hombre pueda tener. Puso su cuerpo vertical y se llevó las manos a la nuca. Acaricié sus tetas y le metí un dedo en la boca mientras ella no dejaba de escupir flujos vaginales sobre mi pene.

De pronto sonó una puerta que se habría.

-Mierda, mi marido- dijo Sofía

-¿Qué? - -Rápido escóndete-

Salté de la cama y recogí la ropa pero no encontré escondite. Entonces Sofía me empujó hacia el armario. Ella no tenía tiempo para vestirse y se puso la primera camisa que pilló de su marido. Éste entró con alegría en la habitación.

- Cariño me han ascendido- Exclamó él

- Eso es fantástico mi amor- contestó Sofía dándole un beso

- Lo único malo es que voy a viajar mucho y te voy a dejar sola mucho tiempo. De hecho esta noche tengo que salir para París.

-No te preocupes mi amor lo entiendo perfectamente

De pronto el marido de Sofía se percató de su atuendo.

-¿Por qué llevas puesta una camisa mía? –

Buena pregunta, pero no tanto como la respuesta que hay debajo de ella Sofía se desabrochó la camisa y enseñó su cuerpo desnudo a su marido. "¿Que coño estaba haciendo? " pensé.

-¿Sabes? Tenía la intuición de que algo bueno iba a pasar- dijo ella- y ya sabes que cuando ocurre algo bueno me gusta celebrarlo. Además si no te voy a ver en un tiempo, tendrás que dejarme un poquito de ti antes de irme.

Su marido sonrió. Yo no tanto. No sabía que fuera tan puta. Se sentó en la cama y le sacó de la bragueta un pene flácido y no muy grande. Se lo llevó a la boca y empezó a mamarlo mientras él se moría del gusto. Mientras se la chupaba él se iba desnudando. Cuando se quedó sin ropa por completo ella dejó de chuparla y se tumbó en la cama con las piernas abiertas. El se echó en lo alto y empezó a hacérselo de una manera vaga y torpe. Sin embargo ella chillaba como si estuviera poseída. Parecerá absurdo pero en aquel momento sentí celos. Por un instante me creí cornudo y tuve deseos de salir y pedir explicaciones. "Qué idiota soy" pensé después. Sabía muy bien que ella no estaba disfrutando de la torpeza de su marido, por eso tomó las riendas y se puso encima de él en cuclillas. La diferencia entre un polvo de categoría y uno mediocre. Ella entonces se encomendó a todos los santos y él hizo lo posible por no correrse tan pronto. Pero no pudo evitarlo. Erguió su cuerpo y la abrazó con fuerza hasta que le regó por dentro. Sofía se tumbó bocarriba mientras su marido se fue directo a la ducha. Después ella vino hacia mi y abrió el armario.

- No sabía que hubieras ascendido a mi marido - me dijo

- Quería darte una sorpresa - contesté

Lo cierto era que yo no había ascendido a nadie, pero no dije nada. Pensé que seríamos más felices los tres viviendo en la mentira.


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