La oficina

Por Dream_on
Enviado el 12/07/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Debía hacerlo, y bien no era por mi, sino por mi trabajo. Mi ser interno me grita eufóricamente que no lo haga pues me he convertido en una zorra. Quisiera poder conseguir este trabajo sin acostarme con Christina, pero en estos momentos conseguir un trabajo en Xdirc es de afortunados, y, en cierta medida yo lo soy.

Me detuve frente al espejo una vez mas antes de partir. Vestía una falda negra sencilla y una blusa de suave color beige; estaba bonita y provocativa, pues la blusa tenia un gran escote donde dejaba a la vista mi lunar en el seno. No me sentia incomoda, dado que me era natural la seducción, pero nunca lo había intentado con una mujer.

Habíamos acordado un encuentro, en su oficina, a las ocho. Claro esta, sabia que no íbamos a firmar papeles y hablar de negocios pero me consumía los nervios desde ayer a la tarde, cuando recibí su correo avisándome del encuentro.

Tome un taxi una hora antes, dado el transito que se presentaba a esas horas.

El taxista era un gordo, canoso de unos 50 años, el cual me hablo de su pequeña hija Sandra. La pequeña tenia 30 años y dos hijos. Bien, yo iba en camino a una invitación sexual y, aun peor, para conseguir un empleo. El hombre seguía hablando pero los nervios aun estaban, mi sangre circulaba por mi cuerpo a gran velocidad mientras el hombre hablaba de sus nietos; los edificios se veían borrosos mientras imaginaba sus suaves senos entre mis manos.

-Es aquí!- le grité al conductor, el cual freno por el imprevisto. Me detuve a mirar el edificio, de unos veinte pisos, mientras le pagaba al taxista.

Acelero y siguió su camino buscando un alma digna que escuchase su historia en esta joven noche. El edificio era majestuoso. Apreté mi cartera de cuero a mi cuerpo y con un suspiro camine hacia la puerta. Subí los cuatro largos escalones que separaban la calle de la puerta, que junto a ellos reposaban flores de todos colores haciendo la situación un poco mas acogedora.

Entré sin mas pretextos. El ambiente estaba oscuro pero una tenue luz quedaba sobre el mostrador donde, por las mañanas, estaba la secretaria. Sobre el frío mármol había una nota escrita con una mala caligrafía. Decía: "te estaré esperando en el cuarto piso". Luego de esta bienvenida me dirigí al ascensor donde, como en el resto de la habitación, no había luz. Iluminada, si así se le puede llamar, por los botones del ascensor, acomode mi falda que se levantaba con mi caminar por mis formadas y redondas nalgas.

Las puertas se abrieron y me encontré con un largo pasillo desolado, pero iluminado. Camine hacia la puerta del final, que tenía un cartel con el nombre "Christina Park". Mi corazón se aceleraba con cada paso. Asimismo, sentía muy mojada mi ropa interior ya que no podía dejar de imaginarme a Christina tocando mi sexo con lujuria.

Abrí la puerta sin golpear, pues me estaba hirviendo la sangre. Y allí estaba, sentaba sobre su escritorio mirando hacia la ventana, pero con una notable sonrisa la cual pude percibir.

-Has venido. Es bueno verte aquí, en la soledad de mi oficina, sin nadie que nos mire y nadie que nos impida hacer lo que queremos- dijo sin darse vuelta. Me sentí tan débil y estúpida que no dije palabra. Estaba avergonzada, y lo notó, así que se acercó a mi y asechando mis senos con su mirada, susurró a mi oído: -Por qué perdemos tiempo?- Apoyó sus manos sobre mis nalgas y las acarició suavemente soltando un leve gemido. Me estaba excitando como nunca; agarre su rostro y lo llevé hacia mis labios, besándola con pasión. Mordí su labio y esto la excitó. Abrió mis nalgas con sus manos, separándolas, y me acorraló contra la puerta. Mi sexo tenía contracciones, deseaba que su mano me tocara. Aun así, hizo algo mejor: separó mis piernas levantando de un tirón mi pollera dejando a la vista mi ropa interior rosada. Puso su rodilla entre mis piernas y besándome la movió en círculos lentamente. Abrí mi boca en un gran gemido, pues el placer que sentía llenaba todo mi cuerpo. Puso su mano en mi cuello mientras observaba su pierna moviéndose; me apretó levemente el cuello mientras se excitaba y yo puse mis manos en mis senos apretándolos fuertemente. Mordía mis labios, y cerré mis ojos, era realmente delicioso; pero ella paró. Quería más, pero entendía que ella estaba haciendo todo el trabajo y yo disfrutaba. La miré con deseo y puse mi mano en su sexo, acostándonos en la alfombra del lugar, hice círculos con la palma de mi mano y pareció gustarle. Puse yo mi mano sobre mi clítoris al ritmo de mi mano sobre el suyo. -No es tu primera vez, cariño, lo haces muy bien- me dijo y me excitó más, pues si era mi primera vez. Sacó mi mano y me acostó sobre ella, quedando mi sexo sobre su muslo. Estaba muy mojada; comencé a moverme sobre su pierna. Sus manos estaban en mis senos, y su rostro era de excitación. El ambiente estaba ardiendo y mi cuerpo pedía quitar mi ropa.

Seguí moviéndome sobre su muslo, sintiendo un fuego en mis piernas que subía por mi torso. Me movía cada vez mas rápido y apoyé mis manos sobre sus manos apretando mis senos aún más. Solté un grito que suscitó otro tras otro.

Se sentó pero mi sexo seguía sobre su muslo; me besó suavemente. Quitó mi blusa dejando mis senos al aire, con mis pezones ya erectos. Pasó su lengua por uno de ellos y luego lo mordió, acariciando y apretando el otro con su mano.

Nos paramos y nos quitamos toda la ropa, dejando a la vista su perfecto cuerpo. Me senté en su escritorio y abrió mis piernas, mirando mi sexo con atención y mordiéndose el labio. Me besó desde mi rodilla dirigiéndose a mi sexo; lo rodeó con sus besos, tirando mi cabeza hacia atrás de deseo le dije -por favor, hazlo- No resistía, era una tortura. Se rió y paso su lengua por mi clítoris, haciendo círculos en el. Sentía mi sexo y mis piernas calientes, y a veces alguna puntada de placer. Movía su lengua de arriba a abajo por todo mi clítoris; apreté mis senos y jugué con mis pezones, acostándome sobre el escritorio. Sonreí mientras ella continuaba jugando, chupando mi clítoris, moviendo su lengua por todo mi sexo y a veces metiéndola en mi vagina. Contraía mis piernas y a veces curvaba mi espalda por el placer. -Por favor no pares- le suplicaba mientras movía su cabeza y apretaba su boca hacia mi. Con la punta de su lengua seguía sobre mi clítoris e introdujo dos de sus dedos en mi, metiéndolos y sacándolos a gran velocidad mientras movía su lengua. Continuando su ritmo movía mis cadera por el placer y separaba mi cola de la madera haciendo que su rostro diera golpecitos contra mi vagina.

Comencé a gritar, moviéndome aún mas. -Llega para mi-No faltaron muchos minutos cuando sentí las contracciones. Había llegado.


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