Millones

Por Forolo
Enviado el 16/07/2015, clasificado en Varios / otros
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Miré el reloj por segunda vez desde que me senté. Sólo habían pasado dos minutos, pero aún no había llegado nadie. Como siempre que llegaba el primero, me sentía angustiado. En ese momento parece que todo el mundo te está mirando pensando en lo fracasado, marginado o asocial que eres. Cada segundo es una tortura ya que, en tu cabeza, parece que todo el mundo te está señalando, riéndose de ti con sonoras y humillantes carcajadas. Sientes pavor de alzar la mirada ya que puedes coincidir con los ojos de otra persona y que esa persona lea la señal de perdedor social que evidencias en tu rostro. Entonces me puse a pensar en si de verdad quería que los demás llegaran. Volverían a sentarse alrededor de unas cervezas a contar las patéticas anécdotas, mil veces contadas en otras ocasiones, de la última noche. Que si uno habló con la otra, que si uno no sabía ni dónde estaba, que si …. No me entendáis mal. Me caen bien, siempre me han caído bien... pero ya no tanto. Pensé que quizá no sería tan horrible estar sentado, solo. Sin darle más vueltas, hice acopio de todo mi arrojo y levanté la cabeza a ver si había algún camarero cerca para pedir algo de beber. No vi ningún camarero. Lo que sí que vi, de reojo, fue una estrella que brillaba con mucha intensidad en el cielo, y a unos centímetros, desde mi punto de vista, otra a su derecha que brillaba un poco más tenue. No pude apartar la mirada. No sé qué me paso, pero estuve mucho rato mirándolas. Era como si jamás hubiera visto ninguna, pero realmente jamás vi ninguna como aquellas dos estrellas, en aquel preciso momento, brillando así, y dispuestas de esa manera. Era algo extraordinario. Pensé que era precioso que algo tan bonito estuviera puesto ahí, tan “accesible”.
Todos podríamos ver La Belleza con el simple gesto de mirar hacia arriba.
Seguí mirando, embelesado, con la boca abierta, como un niño, mirando a las estrellas. No sé cuándo pasó, pero noté que estaba como excitado. Mi pulso era rápido y mi respiracón acelerada. Sentí que mi rostro se congestionaba, enrojecido por un esfuerzo que no sabía que estaba realizando. Traté de relajarme, sin apartar la vista de las dos estrellas perfectamente alineadas. Quise bajar el ritmo de mi respiración, a ver si conseguía que mi corazón dejara de bombear tan rápido. Así que inspiré una gran bocanada de aire, que solté lentamente. Repetí la operación tres veces, y a la cuarta, cuando fuí a soltar el aire, exploté. Exploté en millones de millones de partículas de luz que salieron disparadas en infinidad de direcciones por todo el universo. Estuve en el principio y en el final de la creación. Vi como empezó el tiempo y como se terminó. Estuve presente en toda la historia de todo lo que jamás existió. Viví como todos y cada uno de los seres que alguna vez haya nacido y, finalmente, me morí. Me morí millones y millones de veces. Todas las diminutas partículas de luz que fuí se apagaron. Solté el aire lentamente, y vi como uno de mis amigos venía sonriente hacia la mesa en la que estaba sentado, con una cerveza en cada mano.


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