POR FAVOR, VUELVE

Por Patrizia Provedo
Enviado el 10/08/2015, clasificado en Amor / Románticos
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Jamás  me atreví a pedirte que fueras el único protagonista de mis sueños. Nunca te expliqué que verme reflejada en tus pupilas hacía de mis días algo mucho más llevadero. No tuve la voluntad necesaria para confesarte que la posibilidad de que nuestras sonrisas se cruzaran me daba fuerzas para despertar.

Ni siquiera me detengo a saludarte. Tengo que resumir en esta carta todo lo que te oculté. Fueron demasiados secretos.  Se me olvidó afirmarte que me encantaba tu timidez. Aquella caída de cabeza cuando yo me  volvía atrevida y acababa por guiñarte un ojo.

Me abrumó la idea de revelarte que buscaba tu última despedida en la noche y tu primer saludo en la mañana. Mi nerviosismo cuando te tenía cerca y aquella punzada en el estómago cuando la ráfaga de tu aroma me recordaba que estabas a mi lado. Tampoco te lo declaré.

No fui capaz. Marchaste y no supiste lo que simbolizabas para mí. Te fuiste y, aun teniendo la posibilidad de contarte  que te extraño demasiado como para seguir  alejados, me siento incapaz de rebelarte mi dilema interno sobre ti y tus efectos en mí.   

Antes de que tú llegaras otros me dañaron. Por ellos me juré a mí misma no sentirme frágil frente a otro. No quería volverme a ver vulnerable y a merced de voluntades ajenas a la mía.  Es ese miedo el que me mantiene apartada de ti. No puedo llamarte. No puedo hablarte. No puedo saludarte. Ni siquiera soy capaz de articular frase en la que tu nombre aparezca.

Es esta la única manera en la que consigo comunicarte contigo y explicarte que, esos ojos marrones tuyos, me intimidan demasiado como para confesarte semejantes verdades. Esa barba de dos días y esa sonrisa traviesa me hacen imposible descubrirte que, sin el roce de tus manos, la vida se me hace mucho más difícil.

Ya no es solo lo que hemos vivido; es lo que imaginé que viviríamos y que ya no será posible. Aquel trágico suceso impide que ente nosotros surjan todos esos momentos que vislumbre justo antes de que un plácido sueño se apoderara de mí. Noche tras noche inspirabas fantasías que me mantenían viva.

Tienes que saberlo. No me perdonaría que no conocieras  que no veo el instante de que ocupes el lado derecho de mi cama. Debes conocerlo. Tienes que entender que, desde que me obligaste a bajar aquellas escaleras, intento convencerme de que no vales  la pena. Me repito diariamente que no mereces mí compañía. Me lo reitero día tras día. No me supiste valorar; ahora debes sufrir mi ausencia. Me torturo negándome un futuro contigo. Pero no puedo.

No logro auto convencerme. Resulta que mi mente y mi corazón están a tu favor. Ambos están empeñados en que vuelvas. Ambos desean que nos besemos y pongamos fin a esta distancia que los va matando segundo a segundo.

Vuelve. Acaba con esta angustia. No me vuelvas a abandonar. Mantenme cerca y nunca más  pidas que me vaya. Ruégame que me quede. Suplícame que no te deje solo. Olvida el pasado y crea un futuro en el que distanciarnos sea algo impensable.

Tal vez pida demasiado para alguien que me cerró la puerta y me obligó a marchar. Me afirmaste con cada uno de tus gestos que era  importante para luego hacerme sentir que molestaba. Eres el único responsable de que mi mente viajara libre visualizando un nosotros y, ahora me encuentro escribiendo una simple carta con un destinatario empeñado en no aceptarla.

Sí, es simple. Demasiado común y poco cotidiana. Un conjunto de palabras que desvelan lo que me duele pensarte y no tenerte.  Este mensaje demuestra que sin ti estoy perdida. Es el aval más fiable de que soy tuya y necesito que seas mío. Da la vuelta. Deja de caminar por esa calle que te aleja de  mí y elije aquel camino en el que mi silueta se vea al final del recorrido.

Solo tú puedes acabar con esto. Reconozco que eres el responsable y que mis palabras me hacen todavía más débil frente a ti. Pero prefiero recordarte como el culpable de salvarme a tener que atormentarme con la idea de que fuiste el culpable de destruirme.  No podría resistir una imagen así de aquel al que extraño. Por favor, vuelve.           


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