Esa Tarde con Maru.

Por Juanca
Enviado el 15/10/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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-…No Maru, mañana no puedo…no va a ser posible…a la mañana voy al centro, con la nena y mamá, para la consulta con oftalmólogo por su problema en el ojo derecho y después vamos a la casa de mi tía Rubi. Es su cumpleaños así que nos quedamos hasta la tardecita para encontrarnos con mis primos….voy a volver como a las 10 de la noche.-

       -…no, Juan no va. Está trabajando en casa: tiene que hacer algo complicado y bastante urgente así que no va a la oficina porque, dice, que lo interrumpen a cada rato y pierde un montón de tiempo en retomar el trabajo……. - 

Palabra más o menos esta es la parte de la conversación telefónica de mi esposa Claudia con su amiga, que recordé haber escuchado cuando, al día siguiente a eso de las 13, abrí la puerta (había sonado el timbre) y me encontré con Maru, sonriente:

            -¡Hola, Juan! ¿y Clau? – preguntó mientras, como acostumbraba, iba entrando en casa.

            -Claudia está en el centro, te lo dijo ayer por teléfono - le respondí

            -¡Uhhyyy! Que despistada soooooy, tenes razónnnn…..-

No me pareció creíble lo del despiste.

Más bien, estimé, que había venido consciente de que yo estaba solo en casa.

Separada, con divorcio en trámite, por lo que sabía estaba lejos de tener cubierta la ración semanal de carne erecta entre sus piernas, Maru es una presa muy apetecible para cualquier predador humano masculino. Es realmente atractiva y con todo bien puesto aquí y allá: linda de cara, cabello lacio castaño largo, alta, cuerpo envidiable y piernas alucinantes.

Deduje que venía por “guerra” y, si bien estaba urgido por el trabajo, no tenía la menor intención de rehuir el “combate”.

            -Bueno ya que estas, sentate Maru. Acabo de almorzar; preparo un café y lo tomamos juntos – le propuse indicándole un sillón del living.

Por las dudas iba a avanzar con cautela.

            - Bueno, en el estacionamiento lo mínimo que te cobran es una hora, la voy a aprovechar para el cafecito. Pero voy con vos a la cocina, si no te jode. –

Me precedió, con un caminar estudiado para provocar. No se tuvo que empeñar para  lograrlo conmigo. A duras penas, mientras Maru hablaba de cosas intrascendentes, acondicioné la cafetera eléctrica, la encendí y me volví a mirarla, apoyada con su cola en la mesa, los brazos detrás del cuerpo y  los ojos bajos. En el busto,  proyectado hacia mi, se destacaban y acaparaban mis pupilas como imanes,  los pezones de sus tetas pugnando detrás del delgado tejido de la blusa, ajustada al cuerpo y con la parte inferior dentro de la pollera. Ahora callada me miraba, de tanto en tanto, como si estuviera pintándose las uñas y de repente levantase la mirada. Así me miró y olvidé el propósito de progresar tanteando. Nada más necesité para acortar la distancia, mejor dicho para anularla e intentar besarla en la boca. Ella giró la cabeza y aceptó, inmóvil que le besara la mejilla.

¿Sabes una cosa, nena? A mi almuerzo le faltó el postre – ¿A siiiiii? y…¿en que estas pensandooo? – En “limones”…y…-

 Acaricié sus senos. Ella ensayó una débil protesta:

-No te avives...las manos quietas...portate bien....- con los ojos apuntando a un punto lejano.

-….en limones y almeja….¡un postre de puta madre!–

Cobré valor y le metí mano en su entrepiernas.  

Se estremeció toda,  con los dedos en U tomó mi mandíbula y  me besó largamente.  Estaba toda agitada y con voz enronquecida, atravesada, susurraba:

            -…no tenés que hacerme eso…...no soy de palo….¿entendes?... –

Estuve a punto de decirle “¿no es por esto que viniste?” en cambio, callado, me aboqué a levantarle la blusa y corpiño y recorrer las curvas de los pechos sin tejido que se interpusiera y sin que ella se opusiera.

            -…vení, acompañame al dormitorio…ahí vas a ver que yo tampoco soy de madera…- la tomé de una mano y nos encaminamos por el pasillo:

            -….¡Juan!..¿me vas a hacer el amor?...- pregunta más inútil no se le podía haber ocurrido.

            -…¡Noooo!...sólo te voy a coger….y como si recién hubiese llegado del desierto…..-

            -….¡que guarangooo sossss!..-   

En el cuarto recordé el viejo consejo de mi abuelo: no des más vueltas que el perro para echarse”. Mínimo preámbulo: algunos besos y caricias, ropa exterior al parquet, otros besos,  ropa íntima al piso y a bombear. El arto placentero, para ambos, vaivén culminó en sendos orgasmos exteriorizados sin tapujos. Reencontradas las pulsaciones cardíacas normales, Maru fue la primera en hablar:

            -….decime Juan, ¿para vos el amor es un choque de trenes? –

            -..¿porrrr? –

            -…ni me dejaste decir “agua vá”  y ya te tuve arriba mío –

            -…puede que tengas razón, pero…la culpa es tuya: más que calentarme me prendiste fuego….y las llamas siempre conllevan urgencia –

Sonrió complacida y me dio un beso.

            -….¡Maruchi!...el próximo, te prometo, que va a ser según las reglas del arte, del legal y del pirata también –

Esa tarde misma, cumplí con lo comprometido, antes de penetrarla por segunda vez, le susurre palabras dulces al oído, le besé cada centímetro de su piel, le lamí y mordí los pezones, mi lengua jugueteó en su conchita,….Ella, se entretuvo con mi tararira y los dos compañeros y fue quien le puso límite a los prolegómenos:

            -…...¡Juan,..por favor cogeme!... –

Y yo, obediente, le entré en la cueva húmeda y “afiebrada”.


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