MONTENEGRO ( Un HECHO EROTICO)

Por samuelebeniabram
Enviado el 12/12/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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MONTENEGRO (Un Hecho Erótico.)

Me esperaba sentada en un bar de la calle Vergara, tomando un café con una amiga que trabajaba con ella. Después de 10 minutos, la amiga se levantó y nos dejó solos. La noche anterior le envié un mensaje a su móvil para proponerle tomar un café. No podía deshacerme de la necesidad continua de descifrar mis sentimientos. Quería saber el efecto que me haría verla de nuevo. Si todavía los sentimientos que sentía hacia ella eran ciertos. Si todavía quería vivir esos momentos de verdadero placer y de deseo que me hacían brillar el alma y latir el corazón sólo con verla. Cuando me vio, ni siquiera me pregunto cómo estaba, cómo me sentía, lo que había hecho en ese tiempo. No dijo ni siquiera una palabra que tuviera un poco de peso. Su única preocupación fue la de informarme con media sonrisa, que iba a acompañar a su amiga a comprar algo de ropa nueva. Su cara no tenia luz, estaba invadida por el vacío y la tristeza. Sus ojos estaban privados de la alegría que la hacía diferente a las otras mujeres. Y aquel cuerpo que yo tanto había amado me era indiferente. Había cambiado. No era ya emocionante y estimulante antes mis ojos. Escondido detrás de aquel vestido negro de poco coste, que destacaba sus formas, ya no tenía la sensualidad y la feminidad de una vez. Su belleza había desaparecido. Frente a ella, mis pensamientos perdían rápidamente cuerpo y consistencia y se deshacían convirtiéndose en algo ya visto. Había desaparecido dentro de mí el recuerdo de aquella silenciosa y dulce nostalgia, que vivía dentro de mi corazón, y en lo más profundo de mi alma para esa mujer. De ese amor, que hubiera mantenido y querido por toda mi vida. Me di cuenta de que, no había nada que ella pudiera hacer para que yo volviera a experimentar esos sentimientos que una vez sentí y viví con tanta pasión. Cuando se fue me quedé mirándola por detrás unos momentos Tuve la triste sensación de haber perdido el tiempo. Esa misma noche fui a cenar a un restaurante recién abierto en el Barrio Gótico. Quería ir con ella, para hablar, para aclararnos, para reconquistarnos de nuevo uno al otro. Pero estaba solo. Sólo conmigo mismo. Decidí entonces celebrar mi libertad y brindar por un futuro diferente. Había sido invitado por mi amigo Filip a ir cinco días a Montenegro, para una celebración especial que tenia lugar en Budva . Un amigo suyo, después de siete largos años de renovación abría las puertas de su castillo, dando una fiesta memorable con más de 500 invitados que venían de todos los rincones de Serbia y Croacia. Había gente del más alto nivel. Televisión, periódicos, la radio. Todos se habrían hecho eco y habrían hablado de ese acontecimiento. Fue en ese preciso momento en que decidí enviar un mensaje desde mi móvil a Onijko en París. Hacia casi un mes que no sabia de ella. No había respondido a sus llamadas telefónicas. Me había negado a verla y salir con ella. Mientras que Mónica vivía dentro de mí no quería mezclar los sentimientos. No podía traicionar lo que sentía mi alma. Pero después de aquel café tan amargo, todo era diferente, todo había cambiado dentro de mí. Después de aproximadamente una hora, me contesto un poco sorprendida de mi mensaje.

-Hola hermoso italiano, pensé que me había olvidado. ¿Cómo estás? -me di cuenta por el tono de su voz que estaba triste-. - Tengo una propuesta qué hacerte y no acepto un “no” por respuesta. El día 21 de este mes me voy a Montenegro y me quedo hasta el 25. Me ha invitado un amigo, a una fiesta en un castillo. ¿Quieres venir conmigo? - ¿Un castillo? -contesto sorprendida- ¿Bromeas o hablas en serio? - Vaaa Onijko ... Sabes que no estoy bromeando . Sí, en un castillo. ¿Vienes?

Salí desde Barcelona el sábado por la mañana a las 7:30 vuelo directo a Dubrovnik. Desde allí tome el bus el bus que me llevó en dos horas a Budva. Tenía una cita con Onijko a las tres de la tarde. Ella llegó desde París 2 horas antes. La vi sentada en una mesa en la plaza principal de Dubrovnik frente a una taza de café. Bronceadísima, con el cabello recogido, oculta tras unas gafas negras. Llevaba una vestidito de punto fino, que resaltaba su cuerpo, y bailarinas de seda negra. Era más hermosa y sensual de lo que recordaba. Para quedarse sin aliento al mirarla.

-Hola italiano ¿cómo estás? -me saludó con una sonrisa). -Hola, Onijko, estoy bien... muy bien. -¿Por qué me has llamado después de tanto tiempo? ¿No tenías ninguna amante que te acompañase? -Detrás de su voz se escondía una cierta emoción. - Yo no tengo amantes -le dije serio-. La mujer a la que amaba ya no existe más. Se ha quedado sólo en un borroso   recuerdo. Ahora soy libre y estoy disponible -dije con una

sonrisa. - ¿Y me llamas porque quieres que yo ocupe un lugar en tu vida? o, ¿simplemente porque no tienes nada mejor que hacer? Quería desdramatizar el tono de la conversación. - Te he llamado porque quiero hacer el amor contigo, y darte algunos buenos golpes en ese culo duro y redondo.

Se levantó, me apretó vigorosamente hacia ella, y me dio un beso lleno de pasión, que llamó la atención de algunos clientes en el bar. En dos horas llegamos a Budva . Un pueblo de piedra asomado al mar. Había reservado un hotel encantador para celebrar nuestro encuentro. Un 5 estrellas de lujo, no muy lejos del centro histórico, ubicado frente a la playa con todas las habitaciones con vistas al mar. El Avala Resort Hotel. Estaba equipado con una sauna, solarium, spa, casino, dos piscinas y una gran piscina jacuzzi con vistas al mar. En la recepción nos recibieron con sonrisas, y las chicas, casi todas rubias, competían entre ellas felicitándose con Onijko por su belleza. Había reservado para la ocasión una Suite Executive.

La habitación era preciosa. Tirados en el sofá se podía ver el mar abierto. Y una gran ventana iluminaba la habitación dejando entrar durante el día los rayos del sol y por la noche la luz de la luna. La cama, enorme y dura, se podía cambiar a nuestro propio ritmo con un movimiento hidráulico. El cuarto de baño estaba oculto por un vidrio transparente, y las luces suaves salían de las pequeñas grietas del suelo y de las paredes.

 

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