La chica del transporte público

Por Prometea
Enviado el 28/12/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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El transporte iba atascado. Yo llevaba un portafolios tipo cartera y era imposible moverse un centímetro hacia ningún lado. Mi brazo con el que sostenía el portafolios iba estirado y apenas me podía sostener con la otra mano de un tubo. De pronto sentí algo increíble. La chica que venía dándome la espalda y llevaba una falda bastante corta, fue empujada hacia mí. El dorso de mi mano pudo sentir claramente unas nalgas riquísimas. Parecía que no traía ropa interior o estaba usando una tanga de hilo dental. Yo reaccioné queriendo retirar mi mano pues no quería que pensara que yo era un acosador. Pero imposible maniobrar sin haber provocado algo más grave. Fueron unos segundos y yo estaba sudando frío por ese inesperado regalo. Ella volteó y me vio a los ojos.  Yo esbocé una sonrisa estúpida y apenas alcancé a balbucear:”Perdón, es que.. no puedo moverme”….Ella me regaló un sonrisa y al mismo tiempo me guiñó un ojo. No solo no se movió hacia adelante, ¡todo lo contrario! Se acomodó y me presionó de tal manera que ahora sentía toda su espalda. Empezó a contraer y relajar sus glúteos de tal manera que el dorso de mi mano ahora estaba debajo de su falda y podía tocar la piel más suave y tersa que uno puede sentir.

Así pasaron cerca de 5 minutos y yo sentía que me iba a venir en cualquier momento. De pronto, ella volvió a voltear y me dijo sin ninguna pena:”me bajo en la siguiente estación, ¿no quieres acompañarme?”…. ¡Claro! Contesté yo sin pensarlo un segundo. Nos hicimos camino a través de la multitud y yo adelante de ella le  ayudé a abrirse paso. Cuando por fin estábamos afuera y se dispersó la gente que también se había bajado, quedamos frente a frente. Ella sin más me  dijo en voz muy baja “Estoy muy excitada, ¿tú no?”… “Completamente. Mira”, le dije señalando mi bulto y una pequeñísima gota de humedad que empezaba a aparecer. Ella soltó una carcajada y entonces me besó. “Vivo a dos cuadras de aquí. Es un departamento que comparto con dos amigas y está prohibidísimo llevar hombres, pero ahora ellas están de vacaciones y no regresan hasta dentro de 1 mes”. Bueno, yo puedo pasar por tu papá o por tu maestro. “Tienes razón. Si alguien nos ve entrar o sucede cualquier contingencia tú eres mi maestro de matemáticas. ¿De acuerdo?”. De acuerdísimo y caminamos hacia su casa. Cuando llegamos, entramos a un departamento con tres recámaras, muy ordenado y amueblado y decorado con muy buen gusto.

¿Conoces a muchas personas de esta manera?

“No en realidad. La última vez conocí a una chica y lo  hicimos de mil maneras. Ella si pudo quedarse toda la noche pues al ser mujer se supone que no había problema”.

¿Se divirtieron?

Sin contestar ella sacó del cajón de su ropa interior, que alcancé a ver que era muy fina, un vibrador tremendo. Parecía real y por supuesto estaba mucho más grande que los 16 centímetros de mi pedazo de carne. “Wow, es bueno saber que tengo refuerzos”. Se rió y sin más preámbulo me desabrochó el cinturón y me bajó el pantalón con gran habilidad. Me recostó en la orilla de su cama que estaba comodísima, y empezó una mamada magistral. Cambiaba de ritmo y de profundidad. Parecía que tenía un gusto fantástico por el semen ya que en menos de 3 minutos yo eyaculé copiosamente y ella no perdió ni una sola gota.

Ahora se subió a la cama en posición de 69. Comprobé que efectivamente traía una micro braga preciosa y tranparente color rosa. Su pubis estaba adornado con dos finísimas hileras de vello dorado. Su rajada completamente húmeda era de un rosa más intenso que su braguita. Yo separé unos labios bellísimos y vi un clítoris que parecía palpitar. Empecé a lamer muy suavemente y después de manera más intensa y rápida. Ella se excitó tanto que dejó de mamarme a mí. Vi como empezó a arquear la espalda. Como tenía su rajada a 2 centímetros de mis ojos, pude ver como se contraía su vagina en espasmos involuntarios y empezó a derramar su precioso jugo que yo bebí con ansiedad. Se recostó y suspiró profundamente. “Eres buenísimo con esa lengua. Nunca me habían hecho venir tan rápido y tan intenso”.

Se quitó toda la ropa con excepción de las bragas y entonces me montó. Empezó a cabalgar muy despacio con los ojos cerrados. Solo gemía y parecía de pronto que ella estaba sola con su consolador. Sentí ahora de nuevo sus contracciones vaginales y también que ya venían más fluidos íntimos. Eso me excitó tanto que me volví a venir junto con ella. Ella se salió y presurosa empezó a lamer todo lo que podía. Yo estaba exhausto y cerré los ojos. Pasó una media hora y de pronto me desperté por un ligero zumbido al lado. Se estaba masturbando y parecía que el vibrado se perdía en su interior. Yo me excité mucho viendo el espectáculo y me masturbé al mismo tiempo. Ella sin dejarse de dar placer se acercó a comerse mi semen y mientras seguía mamándomela, no paraba de introducirse y acariciarse su clítoris con el vibrador.

Repentinamente se incorporó y me dijo: “Ya son casi la nueve de la noche. Te tienes que ir porque si te ven salir más tarde se me va armar un lío”. Yo me vestí. Ella que estaba completamente desnuda se quedó con una sonrisa y su raja al aire. ¿Te puedo volver a ver? “No se. Si nos encontramos en el transporte y me vuelves a manosear tan rico como lo hiciste hoy, te aseguro que si”. Escribió muy rápido su número del celular en un papel que me entregó y volvió a cerrar los ojos diciéndome: “Háblame”.

Me dirigí a retomar mi ruta. Estaba ansioso por contarles a mi esposa y a mi cuñada lo que me acaba de pasar. Cuando lo hice, mi esposa no paraba de reír y decía: “el viejo truco del arrimón”. ¿Cómo que viejo truco? Le pregunté.  Ella me dijo, ¿sabes cuantos hombres me he llevado a la cama con ese método? Sin dejar que yo me metiera en la ducha, sacó mi miembro y lo empezó a mamar muy rico. ¿Quién crees que te lo chupa más rico, ella o yo? No pude más y terminé en su boca. Mi cuñada nos había estando observando por la puerta ligeramente abierta. Vi claramente como se introducía uno y dos dedos que después chupaba con ansiedad.

Le dije a mi esposa. Al rato tengo que ir al estacionamiento. Ella dijo “ok”.


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