Solo un beso Parte II

Por Prometea
Enviado el 15/01/2016, clasificado en Amor / Románticos
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Cambio de estrategia

Ariana en verdad admiraba a Eric, en general por la sagacidad mental que mostraba, por la supuesta anarquía y disidencia de muchas formas sociales. Él se presumía entre ateo y agnóstico, ella como una católica promedio. Le tenía una estimación especial porque en varias ocasiones él la conminó a seguir estudiando. Incluso en una o dos ocasiones más, la ayudó con algún trabajo escolar. En verdad estaba agradecida y sentía un aprecio auténtico por él.

Eric que ya había ajustado mentalmente la estrategia, haciendo una voz apenas audible se acercó a su oído y le dijo muy quedo: “¿De verdad me perdonas?” “Claro, no te preocupes no va a pasar nada”. Esta frase acicateó su ingenio y esbozando la sonrisa del niño que acaba de ser regañado y ya perdonado, tomó aire profundamente y se volvió a acercar a su oído. “Ariana, ¿te podría dar un beso?”. Ella reaccionó instintivamente y se separó un poco como para verlo bien y entender la petición. Balbuceó: “Pero, ¿cómo? ¿Para, para qué? ¿Estás loco?... Eric, tú dijiste que me respetabas y ahora de verdad te estás burlando… ¿para esto me invitaste?”…

“Ariana, ¿alguna vez te ha dolido el corazón por amor?”. “Por favor Eric, no se que piensas que soy. Creo que mejor nos vamos”.

“Yo sabía que al confesarte lo que te dije, corría este riesgo y si quieres nos vamos. Solo que pienso que ésta será la última vez que yo te voy a poder ver de esta manera, en esta situación, y no me voy a perdonar en la vida si no toco tus labios con los míos. Solo se trata del recuerdo que me permitirá seguir viviendo… Por favor, por favor, es solo un beso”.

Parecía que volvía a amenazar un torrente de lágrimas de sus ojos. Ella agachó la cabeza un segundo. Mientras parecía que pensaba, aunque su expresión era de total coraje. Solo escuchaba el llanto silencioso y desconsolado de Eric y muchas peticiones de perdón “De verdad lo siento, no se que estaba pensando. Quizá fue la champaña, quizá la emoción de estar contigo o todo junto. Por favor, por el amor de Dios… ¡perdóname! De pronto y casi de manera violenta cambió el ritmo.

“Dime una cosa… Tú misma me has contado todo lo que eres, todo lo que has hecho. Me lo has dicho con el detalle de una mente que solo puede calificarse como brillante,,,  Ariana, eres una diosa de la belleza y de…”.

Parecía que se ahogaba y golpeó más o menos fuerte la mesa con su puño como una señal de desesperación mientras un nudo en la garganta no le dejaba continuar. Cuando pudo, tomó un poco de aire. Ariana solo lo observaba muy seria. Él con los ojos inundados de lágrimas, la vio fijamente a los ojos y cambió su expresión por una de coraje y de impotencia:

“Dime una cosa, ¿cómo no me iba a enamorar de una mujer como tú? No me culpes por querer tener cerca tu belleza perfecta y tu inteligencia tan agradable… ¡No me culpes por favor!”.

Ella muy discretamente, después de escucharlo llorar y pedir perdón por casi diez minutos de esa manera, movió sus ojos para verificar que solo estaban ellos y que no había ningún testigo posible como no fueran las paredes, la mesa y los biombos. “Está bien, ya cálmate y no llores. Solo un beso que quizá sea de despedida ¿ok?” Ella se inclinó un poco con un dejo de resignación y fastidio, pero dispuesta a cumplir el martirio y así librar su palabra.

“Espera” dijo sorpresivamente él. “Quiero que este beso sea muy especial pues entiendo que será único. El primero y el último. Quiero decirte antes de besarte, exactamente porque te amo”.

Ella un poco apenada por haberse visto por un brevísimo instante más ansiosa que él, aceptó gustosa dilatar un poco más el tiempo antes de cumplir tan sorpresivo y desagradable compromiso en el que no hubiese sabido explicar cómo se había metido. Aunque por otro lado realmente tenía una intriga sobre que más podía agregar Eric a tan afortunada descripción de ella.

“Ariana, tú tienes un rostro de ángel y una mirada tan profunda que cuando te veo a los ojos, me parece que puedo viajar a  cualquier parte del universo”.

Ella ya no pudo ser completamente ajena a semejantes expresiones. Él empezó a decir todo esto con un tono que parecía que estaba recitando en la escuela el día de las madres, pero con total convicción. Al mismo tiempo que hablaba, con el dorso de su mano, le acariciaba a ella muy suavemente, casi con miedo, primero una mejilla y luego la otra. Parecía que estaba admirando una obra de arte. Ella se mantenía firme y con una expresión muy seria mientras trataba de entender qué estaba haciendo él, qué pretendía.

“No solo eres hermosa y única, además eres sumamente inteligente, perspicaz y por si fuera poco con un gran sentido del humor”.

Muy levemente, como la cobra que acecha a su víctima, él a medida que soltaba sus frases cursis y banales, se acercaba tan lentamente que ella no se percató.

El monstruo de la vanidad, y su ego la hicieron caer en la trampa, pues ahora sin darse cuenta, estaba escuchando con tanta atención como si le estuvieran dando un reporte médico. Si antes no podía creer que ella hubiese sido capaz de generar tales sentimientos en un hombre, o que esas palabras solo eran cumplidos, ahora tenía cierta incertidumbre de que lo dicho era verdad, una verdad absoluta. ¿Por qué no? Pensó. En realidad ya otras personas me han calificado así –no quiso reconocer en ese momento que la totalidad de esas personas que le habían dicho algo parecido- eran del género masculino.

“Una mujer como tú solo existe entre muchos millones. Eres indescriptiblemente bella. Eres tan hermosa. Tan inteligente”.

Él se seguía acercando y estratégicamente cuando el ósculo parecía inminente, él se desvió de nueva cuenta a su oído. Lo que decía, ahora lo empezó a susurrar al mismo tiempo que con sus labios rozaba el lóbulo de su oreja y su mejilla derecha. Ella no se apartó y como él hablaba ya tan bajo, incluso tuvo que inclinarse más para no perder ninguna de las lisonjas que le estaban siendo proporcionadas tan generosamente.

“Tu mente es tan abierta y tan ágil que no pocas personas te tienen envidia. Te aseguro que una belleza como la tuya muy rara vez se combina con una mente tan brillante, con una piel tan tersa”…

Con la mano izquierda la tomó de la nuca suave pero firmemente. Con la derecha siguió acariciando sus mejilla y la observaba realmente embelesado y  muy fijamente como queriendo hipnotizarla. Ella empezó a sentir un calor en su vientre y trató de guardar la compostura, pero ahora realmente estaba nerviosa sin saber que hacer o esperar.

“¿Sabes cómo va a ser este beso? Sincero,,, profundo,,, amoroso,,, húmedo,,, respetuoso,,, intenso,,, eterno,,,”.

En cada palabra hizo una pausa muy larga dándole oportunidad de saborear cada adjetivo que había enumerado. Él noto por la superficie del líquido de la copa ¡que ella estaba temblando levemente!


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