LARA (I)

Por Rachael Newman
Enviado el 24/03/2013, clasificado en Adultos / eróticos
4229 visitas

Marcar como favorito
Relato patrocinado por:
MiPlacer.es - tienda erótica orientada a la sexualidad femenina
Envíos rápidos y discreto a España Peninsular. Asesoramiento, buenos precios. Compra con seguridad y confianza.

 Lara se encontraba sentada en uno de los bancos que había en el centro de la sala de exposición del museo, rodeada de varias reliquias y obras de arte del Antiguo Egipto. En esos momentos se encontraba anotando algo en una libreta, con sus dos imponentes piernas cruzadas.

Los visitantes del museo que pasaban por allí no podían evitar mirarla de reojo. Lara era una joven muy atractiva. Tenía 24 años, pero aparentaba ser todavía una adolescente. Muy bella, con un esbelto y escultural cuerpo, largos cabellos castaños y rizados y su blanca piel bronceada por el sol de la costa la hacían ser todo un regalo para la vista. Además, que en esos momentos vistiera un top negro bastante ajustado y una falda de tela blanca muy corta que dejaba bien a la vista sus hermosas piernas no ayudaba a evitar las miradas furtivas.

Ella notaba que la estaban mirando, pero no le importaba. De hecho, eso era buena señal, ya que eso significaba que estaba haciendo bien su trabajo.

Una voz comenzó a sonar a través de varios altavoces repartidos por todo el museo anunciando el cierre del mismo dentro de diez minutos. Poco a poco, los visitantes se fueron yendo, pero Lara continuó sentada en el banco escribiendo.

Cuando la habitación se quedó completamente vacía con excepción de ella, un guardia de seguridad se dirigió hacia la chica. No obstante, un enorme y oscuro brazo le retuvo cogiéndole por el hombro. El guardia se volvió y alzó la mirada. Samuel, el jefe de seguridad, un moreno enorme de 32 años, se encontraba tras él.

– Deja que yo me ocupe –le dijo con una gruesa voz –. Tu vigila el ala este.

El guardia asintió al instante y se marchó de allí para cumplir con las órdenes de su jefe. Este le siguió con la mirada hasta que quedó fuera de su vista. Después, miró a la chica y se encaminó hacia ella.

– Disculpe, señorita –dijo una vez llegó hasta el banco y se colocó junto a la joven –. Vamos a cerrar.

Lara no pudo evitar impresionarse cuando levantó la cabeza para verle. Samuel era un tipo enorme, de cuerpo robusto y musculoso, cabeza rapada y una piel tan negra que, a su lado, la bronceada piel de la chica parecía crema. Iba vestido con una ajustada camiseta negra que resaltaba sus músculos, unos pantalones azules como los del uniforme del guardia de seguridad de antes –aunque mucho mas grandes –, unas gruesas botas negras de suela dura y puntera de acero y unas gafas de sol.

– Disculpe, señor –dijo Lara mientras cerraba la libreta a la vez que lo miraba con una sonrisa entre inocente y perversa a la vez –, es que estoy realizando una tesis para la universidad y se me ha ido el santo al cielo.

Samuel suspiró para sus adentros. La chica era una universitaria, su gran debilidad. Además, aquella preciosidad parecía estar desesperada y eso podía jugar en su favor.

Cuando Lara notó la mirada del tipo bajo las gafas de sol recorriendo su cuerpo, supo que su plan estaba funcionando. Guardó la libreta y la estilográfica con la que escribía en su bolso y se recostó en el respaldo del banco luciendo mas su escote.

– Tengo que entregarla mañana y todavía no he terminado –dijo con una voz sexy mirándole felinamente, con una sonrisa cada vez mas maliciosa –. Si pudiera dejarme un poquito mas...

– Las normas del museo no están para quebrantarlas, señorita.

La chica pasó sus manos por las piernas, unas piernas que el tipo llevaba deseando tocarlas desde que las vio por primera vez a través de los monitores de las cámaras de seguridad.

– Por favor... –dijo haciendo el numerito de la niña mala –Solo será una hora. Además, puedo “recompensarle” bien...

El tipo sintió unos fuertes deseos de abalanzarse sobre la chica, arrancarle la ropa e introducirle su gigantesco miembro tan fuerte que los gritos de la muchacha resonarían por todo el museo. No obstante, se mantuvo firme y fingió frialdad ante el asunto.

– Lo siento, niña. Pero me podría meter en un lío...

La joven decidió pasar ya a la acción. Se puso en píe y juntó su cuerpo con el del tipo, comenzando a frotarse con él.

– El riesgo no es malo si el “premio” vale la pena... –se puso de puntillas para poder susurrarle al oído –. ¿Sabe que en el instituto fui animadora? Aún tengo el uniforme; me viene algo pequeño, pero aún puedo ponérmelo...

Samuel se había resistido todo lo que pudo, pero aquello fue mas de lo que podía soportar.

 Diez minutos después, los dos estaban en el despacho del él, una habitación bastante pequeña y estrecha donde tan solo había un escritorio con un ordenador y una lámpara flexo, un sillón giratorio y un mueble archivador.

Samuel se encontraba sentado en el sillón, el cual había girado para quedar de costado al escritorio. Lara estaba sentada frente a él sobre su regazo y rodeando el cuello de él con sus brazos mientras se daban un apasionado beso con lengua. Después, ella dejó que él besara y lamiera su cuello mientras sus enormes manos acariciaban sus pechos por encima del top. Ella, mientras, gozaba mientras sus frágiles manos acariciaban los musculosos brazos y la robusta espalda del tipo.

Entre sus piernas notó como el enorme bulto crecía y se ponía cada vez mas duro por debajo del pantalón.

 – Quiero follar contigo –dijo mientras gozaba –. Pero no aquí, este sitio es muy pequeño...

 – Eh, que trabajo aquí.

Ella lo miró y sonrió de una forma mas perversa aún.

– Pero a que te gustaría mas estar en el despacho del director...

El tipo abrió mucho los ojos.

– ¿Estás loca? Ya me la estoy jugando teniéndote aquí...

Ella se inclinó mas sobre él hasta que su boca estuvo lo suficientemente cerca de su oído para susurrarle.

– Si me concedes este deseo, puedo venir a verte otro día... –se interrumpió unos segundos que a él se le hicieron eternos –. Y podría traerme el uniforme de animadora...

 Samuel se quedó unos segundos mirándola con los ojos muy abiertos. Después, miró su reloj de pulsera.

– Aún faltan unos minutos para que los chicos hagan la ronda...

 – ¿Y que pasa con las cámara de seguridad?

– Tranquila, se como llegar sin que nos vean.

Se la quitó de encima agarrándola con sus brazos, que parecían dos troncos, levantándola en el aire para dejarla suavemente en el suelo. Después se levantó.

– Venga. Vayamos cuanto antes.

– Espera un poco –dijo la joven recuperando su sonrisa maliciosa –. Voy a ahorrarte un poco de trabajo...

Introduciendo sus manos por debajo de la falda, se quitó las bragas, unas bragas tanga de color negro, las cuales guardó en su bolso, el cual había dejado sobre el escritorio. Sin embargo, al mismo tiempo, sin que el tipo se diera cuenta, sustrajo un minúsculo objeto que aprovechó para esconder en su escote.....................................................................................................Continuará


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Ellas buscan... MiPlacer.es
TvReceas - Videos de recetas de cocina Haz tu donativo a cortorelatos.com