Crónica De Los Inútiles - Parte 6.

Por EM Rosa
Enviado el 26/03/2013, clasificado en Ciencia ficción
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-         Debemos iniciar una acción conjunta entre su departamento y el mío. – Pronunció Duarte.

Hugo Lan lo observó con el fastidio pintado en el rostro.

-         ¿Cuál es el tema, Duarte?, vaya al grano sin más preámbulos. –

El escalafón de Lan era ampliamente superior que el de Duarte por lo que no necesitaba en absoluto moderar sus expresiones. Si estaba ante él era solo porque sabía que Carrascosa estaba en el medio y con ese hijo de puta no se jodía.

Duarte se explayó ampliamente sobre el tema de Cáceres y Lan, que al principio le pareció que todo esto era una pérdida de tiempo, comenzó escuchar con marcado interés la alocución de Duarte. El estado del mismo era deplorable, parecía que no había dormido en semanas.

-         Lo que necesitamos de usted, Señor Lan, es que estudie e investigue toda la documentación oficial existente sobre esta persona, solo eso, y que luego nos entregue un informe detallado. –

Lan era el Titular del Departamento Informático Nacional (DIN), una de las pocas instituciones medianamente serias del país.

-         No hay problemas, siempre y cuando me entreguen la pertinente orden judicial, tal y como lo indica la ley. –

Duarte esbozó una sonrisa cargada de malos presagios.

-         Señor Lan. – Comenzó. – Trabaja usted desde hace quince años en la DIN, ¿no es así?. Un cargo en el sector privado sería compensado con un sueldo más que suculento. Seguro ya lo pensó, su formación y su capacidad, su experiencia, son muy poco frecuentes de encontrar en otros ingenieros. Pero, ¿qué pasaría si fuera despedido?. Suponga que se lo despida con justa causa, por inepto, por incapaz. Su mujer tiene un cargo jerárquico en el ministerio de asuntos exteriores… No joda con Carrascosa, Señor Lan, tiene contactos políticos en todos lados y política es la ciencia de lo posible. Tiene usted un presente formidable y un futuro fantástico…No lo eche a perder. –

La piel del rostro de Lan enrojeció súbitamente. No estaba habituado a este tipo de cosas, era un técnico, la lógica era su terreno y esto de lógica no tenía nada.

-         Me está pidiendo que delinca… -

Duarte bajó la vista antes de contestar. Cuando la volvió a enfocar en Lan estaba cargada de fingido dramatismo.

-         No es para tanto, Señor Lan, nada de lo que haga verá la luz. La vida no es un lecho de rosas, cada tanto nos vemos forzados a hacer cosas que no nos gustan. –

-         Me está pidiendo que viole documentos personales de un individuo, que saque a la luz toda su vida…

-         No dramatice, se trata de un indigente. Le enviaré los datos por mail. Espero los documentos en tres días, Señor Lan. Si eso no ocurre tendrá noticias de Carrascosa. Buenas tardes. –

Lan se levantó y se marchó sin agregar nada, ni siquiera saludó.

 

La acción conjunta de Carrascosa y Berna fue de una potencia fenomenal. El medicucho del Araoz había sido correspondientemente comprado y ubicado como sub director de un departamento de poca monta del laboratorio y el cuerpo de Cáceres ya viajaba, secreta e ilegalmente, hacia las instalaciones sanitarias de la empresa de donde Berna era ejecutivo.


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