Acapulco paraíso tropical

Por Prometea
Enviado el 09/03/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Por fin nos decidimos. Tuvimos el dinero y ya habíamos preparado lo necesario. Ella llevaba ropa muy sexi y especial que habíamos comprado en línea. Íbamos a pasar una semana en el puerto más conocido en México para la fiesta y el destrampe: Acapulco.

La verdad estábamos muy nerviosos porque además dejábamos atrás a toda la familia admirados de que por primera vez salíamos sin ellos a un viaje tan inesperado. Lo que estaba pasando es que mi esposa y yo habíamos logrado platicar sobre nuestra fantasía de un trío después del clímax. En otras ocasiones siempre ocurría que platicábamos entre jadeos sobre el asunto y ella tenía orgasmos deliciosos al imaginarnos todo. Pero después de que terminábamos, ya no tocábamos el tema. Esa ocasión ella hizo la pregunta clave después del sexo: ¿pero dime, no me recriminarías después de hacerlo? Yo reaccioné y estando un poco excitado aún, pensé un segundo y le dije: ¿¡cómo crees!? E insistí: ¿De verdad te vas a animar? Al mismo tiempo le empecé a acariciar su sexo que se volvía a humedecer al ritmo que me preguntaba: ¿tú solo me vas a ver? ¿Me la van meter toda? ¿De verdad quieres que se la chupe? ¿Tú también me vas a coger? ¿Quieres metérmela al mismo tiempo? ¿De verdad la va a tener muy grande?

A todo le respondía que si y en la última pregunta-respuesta, los dos terminamos. El plan fue rápido y el jueves llegué diciéndole, salimos mañana en la noche a Acapulco. Ya hice la reservación y regresamos hasta el martes en la tarde. No dijo nada. Solo con la mirada maliciosa me preguntó, ¿lo vamos a hacer? Yo me puse muy nervioso de nuevo y solo le dije: tú prepárate.

Llegamos y de inmediato el ambiente bullicioso del hotel nos animó. Había parejas de todos colores y tamaños. La verdad que tanto ella como yo al vernos libres en ese ambiente, admiramos sin recato a los ejemplares que nos parecían más atractivos. De pronto se cruzaron nuestras miradas y no sonreímos con complicidad. Cuando llegamos al cuarto era ya tanta la excitación que los hicimos con ropa, lo hicimos en la regadera y aprovechando le pedí que estrenara una falda digna de una prostituta atrevida. El clima super cálido de la playa justificaba eso y más. Casi de inmediato bajamos al bar y vi como ella despertó de inmediato interés en más de uno.

Al principio insistía en bajarse una y otra vez la falda que necia se volvía a subir dejando ver su tanga blanca riquísima. Yo primero estaba muy nervioso, al rato estaba sonriendo con candidatos a llevar a la cama a mi esposa con mi consentimiento. Empezó el baile y la mayoría de los hombres estábamos muy excitados viendo la pareja que traíamos y guiñándonos el ojo. Casi a medianoche avisaron que los que quisiéramos, por un costo adicional, podíamos abordar el yate que daba una vuelta a toda la costa y en la que se podía disfrutar barra libre, música y baile hasta las tres de la mañana. Sin pensarlo, casi todos salimos corriendo. Solo se quedaron una pareja de gente bastante mayor y unos que seguramente eran recién casados.

Ya a bordo. Todos nos hablábamos como si nos conociéramos de años. Muy conscientemente hicimos la plática con una pareja más joven que a los dos nos había agradado. Solo bastó un: “Que guapa tu esposa, ¿será que quiere bailar conmigo?” Ella me dio un beso y se fueron al centro de la pista. En un minuto yo estaba besando a su esposa que ya estaba bastante tomada. De pronto casi me muero de excitación cuando vi que mi esposa estaba prendida a la boca de nuestro reciente amigo. De pronto salieron del bar y yo los seguí. No tardaron en encontrar un lugar adecuado y él solo la tomo de las nalgas con firmeza. Ella le desabrochó el cinturón y le bajó todo. Se hincó y se lo empezó a chupar como nunca me lo había hecho a mí. Él la levantó y correspondió de la misma manera pero ella lo levantó y tomando su magnífico miembro se lo puso directamente en donde quería. El la levantó a horcajadas y la empezó a bombear sin piedad. Yo no sabía que hacer pero instintivamente me empecé a masturbar. De pronto llegó la esposa de él y se dio cuenta de lo que pasaba. Sin decir nada se quitó su braguitas y se puso delante mío agachada.  La penetré fácilmente y como si nos hubiésemos puesto de acuerdo nos venimos todos al mismo tiempo.

Nos fuimos su esposa y yo sin hacer ningún ruido. Cuando ellos llegaron a la mesa les dije ¿se perdieron? No la verdad es que salimos a ver un poco la noche y respirar aire puro. ¿Y ustedes, han bailado mucho? Si bastante.

Apenas era la una de la mañana. El episodio se repitió dos veces más con mi esposa y su amigo. Ellos  pensaban que no me estaba dando cuenta de nada.

Cuando llegamos al hotel cada pareja nos fuimos a nuestra habitación pues estábamos más borrachos y cansados que otra cosa. ¿Te gustó? Le pregunté a mi esposa que ya estaba a punto de quedarse dormida. ¿Qué cosa? Pues el barco y la fiesta. Si, la verdad me gustó mucho. ¿Y tú amigo? …¿Qué cosa? Dijo ella. Digo que si te cayó bien. “Si. La verdad fue muy amable”. ¿Lo harías con él? …Ella se volteó y dijo ¡Cómo crees! Y se quedó dormida.

Casi pasamos todo el día en la alberca tomando el sol. Cuando llegó la noche le dije ¿vamos otra vez al yate? Ella tratando de mostrar indiferencia, dijo “Si tú quieres”. “Si quiero” y vi un entusiasmo que le era difícil ocultar mientras escogía otra de sus micro faldas y una tenga deliciosa que solo era un pequeñísimo triángulo que apena alcanzaba a tapar su  rajada. ¿Crees que le guste a tu amigo? Le pregunté sorpresivamente. Ella dijo aparentando fastidio “Achh, no sé ¿cómo crees? Yo que sé”… ¿por qué me preguntas eso? Yo fingiendo que no sabía nada le dije: “Cógetelo”. Ella de nuevo aparentando sorpresa dijo “¡estás loco!”. En respuesta saqué mi inflamado miembro y si avisar la tomé por atrás y la penetré con todo y tanga. Estaba completamente lubricada. Era obvio que ya estaba con el pensamiento en el gran miembro de su amigo y de cuántas veces se la iba a meter.

Esta vez, él había rentado una mini habitación en el yate. Creo que salieron a tomar aire casi toda la noche. Mientras yo introducía descaradamente mi mano en medio de las piernas de la esposa de mi amigo. Ella se volvió e emborrachar muy rápido y le pedí que me hiciera sexo oral ahí mismo en la mesa. Llegaron los meseros y nos pidieron que nos retiráramos ya que eso no se podía hacer ahí. En respuesta le di 50 dólares y entonces llamó a otro mesero para cubrirnos mientras yo me venía copiosamente en la cara de mi acompañante.


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