Parte 1: Una chica desbordada de pasión [Para leer con paciencia]

Por Desha
Enviado el 18/03/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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¿Qué me hacía pensar que con el tiempo algo cambiaría? Quería más acción, quería más de lo que tenía, mi sexualidad se desbordaba todos los días por las noches solitarias, pedía más, mucho más. Cuando llegaba de mi universidad, después de una larga jornada de trabajo y estudio, me asaltaba el intenso deseo de sentirte dentro de mí, encontrar un beso de tu boca, una palmada en las nalgas como recuerdas que me gusta, que me jalaras del cabello, y besaras el cuello desde atrás, recostándome tu sexo erecto, dándome de tu calor.

Se estarán preguntado quien soy, y que mejor manera de empezar a describirme que con lo anterior. Soy Sofía, una intensa chica de alguna parte de Ecuador, 21 años, estudiante universitaria por las mañanas, puta online por las noches. Un adecuado manejo del internet te hará ganar mucho  dinero, créeme; y es que pensad en tantos hombres solitarios penosos que están dispuestos a aventurar (pagando) de forma segura por las redes. Son un encanto. –Y se dibuja una sonrisa en ella, tan picara, tan malvada-. Les llamare mis perritos de medio tiempo.

Pero no te creas que termina ahí, tengo una pareja, un increíble y tierno chico que amo, ¿era suficiente? no; el amor no acabaría con la excitación que me da todas las mañanas, ni el deseo que siento al ver ciertos chicos frente a mí por lo que he decidido guardar en secreto; una doble relación. Ah! Ah! Ah!  –Se oyen los sonidos de Sofía acabando en la cara del muchacho tierno, aquellos no eran sonidos normales, era la propia Atenea con su grito de guerra y Afrodita con una belleza que sobrepasaba el éxtasis que sentía. Ahora arrodillada encima del rostro del muchacho, se  meneaba con fuerza, en lo que con una mano se tocaba las tetas desesperada, y con la otra se masturbaba, el chico forzado un sumiso con las muñecas amarradas encima de su cabeza lamia su vagina tan húmeda y dilatada como pocas veces se veía. Y siguió, más y más, y más fuerte hasta que... – ¡AHHH! – al chico la boca, la nariz, los parpados se le llenaran de los dulces fluidos vaginales de Sofía. Que mujer. –

Y bueno, lo que paso después no interesa mucho en esta historia, ¿qué te parece si continuamos? ¿Sí, no? Ah, solo para que se queden tranquilos, mis lindos,  lo desate y con las misma él me aventó hacia el otro extremo de la cama para penetrarme con mucha fuerza por mi vagina ¡uf! Lo recuerdo y me excito. Ese muchacho me volverá loca. 10 min después me acabo adentro y recuerdo bien su pene muy duro que palpitaba dentro de mí y llenaba de su lechita caliente.

Las razones para continuar con el son estas; y aunque pocas las veces que lo hacemos, me despierta, me apasiona, me lubrica y hace acabar como nadie. O eso creía antes de que… *fuu* antes de que conociera a ese muchacho. Quince centímetros más alto que yo, tez morena, un cuerpo muy bien trabajado, sus brazos, pecho, piernas, ese trasero, todos musculosos; tenía un porte muy elegante y una postura engalanada. Su rostro, muy suave, liso, ojos claros y grandes, nariz perfilada, labios perfectamente gruesos, un cabellos negro liso y que siempre mantiene peinado elegantemente hacia atrás, usa lentes, y cada que te mira es como si el mismísimo Christian Gray de la trilogía de las 50 Sombras de Gray te mirara, digamos, el sueño que toda chica quisiera ver.

Estábamos en un evento, muy típico en la Universidad, todos arreglados muy bien y vestidos formal. Los baños de caballeros y damas están pegados unos del otro y en lo que yo iba, él iba saliendo, nos pasamos por al lado y él me toma las caderas, se acerca y dice “nos vemos aquí a las 7”. Y sigue de largo por su camino, mi respiración se aceleró, estaba asustada, entusiasmada, excitada, LO QUERIA COGER. Paso el tiempo y tan solo faltaba media hora para aquella cita con él. Una sola decisión, debía tomarla rápido.

Terminó el acto, tome mis cosas y camine por un pasillo solitario, empecé a sentir que alguien me seguía, llegue al final del pasillo y llame rápido al ascensor, no podía voltear, el miedo invadía mi cuerpo de pies a cabeza.  Una chica tan fuerte, que se ejercita a diario, come sano, amante de los deportes extremos, el bondage y el BDMS, ahora se acobardaba. El ascensor aun no llegaba. Entonces siento que se paran detrás de mí, reconocía ese olor varonil donde fuese; me quedo atenta al ascensor, no volteaba, solo sostenía con fuerza mi cartera de mano en mi abdomen. Pero no tardó en pasar. El chico, posa una mano sobre mi cadera y  la otra la desliza por mi pierna (del mismo lado de esa mano). Empezaba a ponerme fría y caliente al mismo tiempo. Me aparta el cabello besa mi oreja con suavidad, dejando su mano aun en mi pierna. Y entonces empieza a subir por mi caderas aprentándolas con fuerza.. y se sentía tan bien. Poza su otra mano en el cuello y tirando para atrás mi cabeza, besa mi cuello. Me mantiene dominada, ya era suya.

Solo se escuchaba nuestras respiraciones agitadas. Aún tenía la cartera de mano sostenida en mi abdomen. El lleva su mano de mis caderas a mi cintura, la desliza hacia mi abdomen posándolas por debajo de las mías, y me empuja con fuerza hacia él. No puedo evitar mantener el pompi bien levantado y sentir su miembro muy erecto en mis nalgas. Tanto rose me excita demasiado, me vuelve loca, mi respiración era caliente, mi sexo dilatado y muy húmedo, deseaba que me lo lamiera, que quitara la humedad y el calor con su lengua y sus dedos hasta hacerme acabar.

En eso falta un piso para que el ascensor llegue, y me voltea. Estaba ahí, el chico buen mozo que conocí hace poco, ese con lindos labios y una mirada hipnotizante. Justo al lado de los baños, esperando el ascensor para poder probar a este muchacho que resulto ser más joven que yo. Nuestros rostros eran serios, la respiración acelerada, con un poco de sudor en la frente, estábamos dedicadas solo a hacer contacto visual. Entonces yo pozo una media sonrisa pícara en lo que miro sus ojos, sus labios, y sus ojos otra vez, tomo mi bolso con una sola mano y con la otra lo jalo por la corbata y la camisa hacia mí, y lo beso; nuestras lenguas se tocaban, se movían, jugaban entre ellas, estaba salivando más de lo normal.

-Qué bueno que viniste -dice el apartándose un poco-

-No me diste muchas opciones -digo en tono bajo-

-Pudiste dejarme plantado 

Agacho mi cabeza y río, la levanto. Y le digo "tu me gustas".-

 El chico con una mano me toma la cabeza y la acerca y besa con locura, fuimos dirigiéndonos al ascensor que recién había llegado. Y lo que paso después, ¡JA! será para después.

 

 

  

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