Relatos de un soldado-Parte III

Por Apeiron
Enviado el 02/04/2013, clasificado en Varios / otros
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                                          RELATOS DE UN SOLDADO

 

                                   PARTE III:   EL REGRESO

 

 

El retorno en ese buque nos pareció un viaje de placer, pues comimos como hace mucho no lo hacíamos, y nos pudimos bañar con agua caliente, también después de muchísimo tiempo que no gozábamos de ese placer.

Además nos atendieron muy bien, cosa que nos pareció muy extraño, pero debo decir que ese viaje fue un lujo después de lo que habíamos vivido.

No dejaron en Montevideo y de ahí nos trasladaron hasta Puerto Madryn. Allí nos recibieron de forma espectacular a pesar de haber perdido la guerra.

No me quedó nada encima, les tuve que dar casi toda la ropa; hasta la gorra, la que me quería guardar de recuerdo. Pero en fin, todo fue muy lindo.

Luego nos trasladaron en avión hasta la base del Palomar y de ahí al colegio de la Lemos para rehabilitación.

A pesar de que yo estaba a diez cuadras de casa, no podía irme. Ahí estuvimos dos días, nos dieron ropa limpia, asistencia médica y buena comida, ya me estaba poniendo al día después de todo el hambre que habíamos pasado, y comía como animal.

Pero estaba desesperado, quería irme a casa a ver a mis viejos, que a esa altura era lo único que deseaba. Pero nos volvieron a trasladar, ahora hasta el regimiento de La Plata. Ahí estaba tan lleno de gente pidiendo por nosotros que no tuvieron más remedio que dejarnos ir, y así fue como a las tres de la madrugada llegué a casa.

Fue una alegría inmensa volver a ver a mi viejita, que me recibió llorando al igual que el viejo y mis hermanas, y para entonces la casa ya era un mar de lágrimas.

Debo agradecer a Dios que me permitió salir vivo de nuestras islas y regresar sano para disfrutar de mi familia.

Ahora solo tengo que reponerme porque todavía estoy bastante débil, pero me siento feliz de estar de vuelta en casa.

Al día siguiente desde muy temprano me vinieron a visitar amigos, vecinos y gente del barrio con la cual solo manteníamos el saludo, pero todos por igual estuvieron preocupados por mi, deseando que no me pasara nada y pudiera regresar.

Después de una semanita de vacaciones tendré que volver a trabajar y seguir luchando por la diaria para poder terminar la casita, porque el viejo solo no pudo hacer nada, y a mí me agarró este quilombo de la guerra.

 


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