Coches de choque

Por Laura Su
Enviado el 03/04/2013, clasificado en Varios / otros
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-Seis, por favor.

El hombre le dio las seis fichas con extra de olor a tabaco mojado. Ella puso la mano para no tener que cogerlas de la suya: una mano vieja, sucia, con las uñas desfiguradas y dobladas y rasgadas por completo. Él se subió la gorra azul, casi tan vieja como él, y cogió el cigarrillo que estaba posado detrás de la oreja. Se dirigió hacia la vieja caseta.

Era una tarde de finales de marzo. El sol se escondía entre las colinas y dejaba en el cielo un rastro anaranjado y rosado. Las suaves nubes estaban dispersas, parecían sedosas.

Cada uno se colocó en un coche. Laura sabía que su coche era el más rápido, ya lo había probado otras veces. Los que parecen más viejos son los mejores, pensó. "Es la primera vez que se monta". Se refería a su padre, no se ha montado desde lo de la espalda. Blanca ya se preparaba, y su rostro irradiaba una felicidad inigualable.

Sonó el pitido, los coches arrancaron. Laura era la que daba los choques a Blanca. Eran suaves, porque su hermana era un poco cobardica, pero lo suficientemente fuertes como para hacerla vaciar sus pulmones de alegría, chillar, reír y romper en carcajadas. 

-¡Socorro! ¡Auxilio! - estaba loca. 

Era todo un escándalo. Siempre lo era, da igual si estaba triste o contenta, enfadada o ilusionada, siempre gritaba y se comportaba de manera melodramática. A veces ni se sabía si lloraba o reía. Supongo que al fin y al cabo eso es algo normal. 

El padre se chocó contra Laura, sabía lo mucho que gustaban los buenos choques . Laura también sabía que tenía que tener cuidado, no podía chocarse contra él, o no muy fuerte.

Sergio daba vueltas, y ponía caras de "madre mía que torta!", pero sonriendo y alegre. Laura sintió el aire en su cara. Su pelo rizado rojizo  volaba descontroladamente. Sintió las chispas que dejaban un rastro de humo. Miró hacia arriba y las observó. Temió por que se rompieran los coches en ese mismo momento, nunca había visto tantas chispas. Cerró los ojos. Escuchaba el sonido de las viejas chatarras, que de vez en cuando no arrancaban, las risas de su hermana, la música pop de fondo. Sentía el olor del mar, de los pinos y las cañas. Abrió los ojos, y se sintió eterna. Abrió los ojos y fue tras Paula, la conductora. El truco está en ir en paralalelo, en algún momento tendrán que girar, entonces es cuando se choca. Hay que chocar con la parte trasera. El coche derrapará y dará la vuelta, pero no será muy brusco.

Su padre vino y se chocó contra ella de frente. Fue un golpe seco, impactante. Laura había visto como su padre se inclinaba para delante con una sonrisita para que el coche tuviera más fuerza y el choque fuera más grande. Ella se rió, y él también. Le gustaba hacerla feliz. 

La gente empezó a llegar, les observaban e iban cambiando los tickets morados por las fichas naranjas o verdes. Se veía la emoción y la excitación en sus caras. Han visto nuestra alegría, pensó Laura.

Sonó otro pitido, más gente se unió a ellos. Metieron la segunda ficha en sus respectivos coches. Paula conducía bastante bien, iba a buscar el choque de Laura, pero de manera precavida. Sabía que si no Blanca se alteraría. Los tres coches sentían que seguían solos. Es lo que pasa cuando hay varios grupos. No sabes lo que quiere el desconocido, así que te limitas a chocarte contra lo conocido. Laura lo había aprendido después de varias quejas y caras largas de padres franceses e ingleses que se montan con su bebé y van a chocarse con ella. "No sé que quieren de mí", se decía Laura, "si se van a quejar que no se monten".

Terminó la ronda. Blanca se levantó de un salto y corrió brincando por la pista. Sergio se rió. Paula se levantó apresuradamente y siguió a Blanca. Laura observó las luces rojas y amarillas, el humo que habían dejado las chispas, olió el olor a quemado. Se levantó, satisfecham exhausta debido a las risas, y miró hacia las colinas cubiertas con un manto de casitas ajardinadas. Los pinos eran altos y frondosos, y en lo alto se distinguen palmeras esbeltas y solitarias.

Que tarde más hermosa.

-¿Volveremos mañana, mamá?

-Según lo que quiera Blanca

"Querrá". 

Eran tan felices en Moraira, sin preocupaciones, solo con el mar y la brisa. Era hermoso hasta cuando llovía y se disparaban los olores de la naturaleza. 

Ojalá no cambie nunca, pensó Laura. Ojalá se quede en el infinito.


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