CREANDO VIDAS

Por menorcabella
Enviado el 04/04/2016, clasificado en Varios / otros
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Esta es la historia de una mujer solitaria, una mujer que debido a los avatares de la vida se ve encerrada en una habitación sin ninguna esperanza de poder ser libre y correr hacia la calle en mucho, mucho tiempo. Los accidentes de tráfico es lo que tienen, las imprudencias es lo que tiene, el alcohol es lo que tiene, las prisas es lo que tiene y, ya cuando se juntan todos esos “tiene” juntos las consecuencias pueden ser mortales.

 Aunque a veces, como en el caso de Marta, mortales en vida. En reiteradas ocasiones se repite que hubiera preferido fallecer en ese fatídico accidente, estaba cansada de la vida que le había tocado desde entonces. Llevaba cuatro operaciones a sus espaldas y aún le quedaban dos más según los médicos si quería recuperar un poco de movilidad. Se preguntaba para qué, vida normal no podría volver a desempeñarla, volver a su lugar de empleo, tampoco. Pero la cruz, el lastre más grande que llevaba es que debido al accidente y a sus actuales condiciones físicas, la Juez que llevaba el caso de su divorcio había decidido dar la custodia (de forma provisional, eso sí) como dictaba en el auto dictado el mes pasado a su ex marido. Sabía a la perfección que ese provisional se transformaría en definitivo en unos meses. Por muchas operaciones que le hicieran jamás volvería a ser la Marta que era, ganas tenía de pedir, de rogar, de suplicar…que no experimentaran más con su cuerpo, que ella no era un mono de feria ni una probeta para hacer experimentos y que había notado mucho antes que ellos, que aquellos medicuchos que no había absolutamente nada que hacer. En ese momento tuvo un golpe de calor, así que empujando poco a poco la silla llegó hasta la ventana y la medio abrió, le costaba un poco ver los coches circular pero era consciente que tenía que hacerse a la idea y no añadir la palabra miedo a su ya de por sí gran desgracia. Pero ella eliminaba su miedo al tránsito de los vehículos con el ir y venir de los peatones, había ideado una especie de juego que la ayudaba a distraerse y evadirse. Se imaginaba la vida de todas y cada una de las personas que pasaban por la acera, como si fueran los personajes de una novela. Quién sabe, se dijo, a lo mejor algún día…

 Vio pasar a un hombre de mediana edad, de estatura media y pelo cano.

Calculó que tendría unos…cuarenta y pico de años más o menos. Iba vestido con unos pantalones de pinzas color caqui y un polo azul cielo (para Marta desde luego no era la combinación perfecta). Qué vida podría llevar ese hombre? Tenía pinta de tener un nombre clásico, vamos, de llamarse Juan, José, Miguel…Seguramente se dedicaba a algo relacionado con el mundo empresarial o a las finanzas o…Por descontado, no había huellas en él que permitieran deducir que se dedica a trabajos pesados. Y cuando digo Marta pensaba en pesados se refería…Porque claro, el estar sentado en un silla mirando un ordenador, tecleando durante una larga jornada…es una gran losa y…cansa también. ¿Estaría casado? ¿Tendría novia? ¿Amiga especial? Bueno, cuidado que igual todas esas preguntas me las tengo que plantear en masculino…se dijo Marta, dejémoslo en…¿tendrá pareja? ¿O quizás es un lobo solitario?

¿Adónde se dirigirá ahora?.De repente pasó un taxi y el hombre lo llamó, se subió a él y emprendió viaje rumbo a…a saber. Marta seguía en lal ventana pensando, ideando más retazos de la existencia de ese hombre. Pero pronto se le pasó, en nada aparecieron dos chicas que no tendrían la mayoría de edad seguro, calculó ella que para ese tipo de cosas de la edad se jactaba de ser bastante buena. Venían hablando y riendo, lo más seguro hablarían de algún chico o de la última moda en música o ropa o…

 Una de ellas vestía unos tejanos rotos en los bajos y una blusa larga verde pistacho, todo ello adornado con unas bailarinas, un collar largo negro yuno más corto color blanco, pendientes y pulsera a juego. Todo ello con visos de ser bisutería pura y dura. Llevaba una carpeta en la mano derecha y en el hombro izquierdo sostenía una mochila que a ojos de Marta había conocido mejores tiempos.

La otra tenía pinta por su indumentaria o quizás porque la veía más elegante de tener un poder adquisitivo bastante más elevado. Iba con unos pantalones de pana color crema, una blusa abotonada detrás color rosa palo manga tres cuartos y unos botines con estampado color rema y rosa palo a juego con su ropaje. Llevaba también una carpeta y mochila a cuestas. Dos jovencitas saliendo de clases, se dijo Marta. Qué edad más maravillosa, pensó. Bien, lo piensa ahora, pasados los años, pasadas las experiencias y vista la situación actual porque cuando era como ellas… ¡ay cuando era como ellas! pensó Marta, quién pudiera volver. Las dos muchachas se sentaron en un portal de la acera de enfrente y sacaron un paquete de cigarrillos. ¿Fumarían a escondidas de sus padres?, se dijo Marta. A esa edad se hacen muchas cosas que los padres desconocen, aunque luego con el paso del tiempo te das cuenta que al final no es del todo así. A esa edad tú crees que los padres desconocen, pero cuidado que saben más…

 


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