EN SU PAPEL-PARTE 10

Por menorcabella
Enviado el 08/04/2016, clasificado en Varios / otros
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Despertó cuando los primeros rayos de sol se dignaron a hacer acto de presencia por la ventana de la habitación. Había dormido más horas de la cuenta pero Amelia seguía con el mismo sueño del día anterior y es que, ahora ella era protagonista del dicho, cuanto más duerme uno más dormiría. Se dio una ducha rápida, tomó un café cargado y un par de barritas dietéticas, se vistió, se maquilló lo justo y se dirigió al trabajo.

Mientras iba hacia allí no pudo evitar que la mente se llenara de cavilaciones, teniendo una de ellas más protagonismo: Samuel. Para ella el haberle encontrado de nuevo supuso un sinfín de sentimientos encontrados que aún no lograba definir, o quizás pensó diciéndose a sí misma que a quién pretendía engañar, sí lo sabía perfectamente. Y, como conocía el alcance de los mismos, le dolía en lo más profundo su engaño. Pero quizás, lo que más la afectaba, era que las circunstancias no le permitieran revelar su verdadera identidad ni a Samuel ni a nadie. Tristemente vivía en la sombra y para Samuel si algún día se lo volvía a encontrar tendría que ser Marta, o quizás María, o…desde luego, Amelia no.

Cuando llegó se sentó delante del ordenador sin quitarse siquiera el abrigo y fue rauda a comprobar su correo electrónico. Hoy tocaban tres empresas, por lo que sería bastante más llevadero que el día anterior. Estaba tan concentrada en la pantalla que no se percató de que Maite se le acercaba hasta que no la tuvo literalmente encima

-  Amelia, ¿qué te ocurre? ¿puedo ayudarte en algo?

-  Madre, ¡que susto me has dado! No, no me pasa nada, ¿de dónde sacas semejante tontería?

-  Mira, puede que no sea psicóloga como tú, pero tampoco tonta. Espera que voy a por mi bolso. Allí tengo un espejo pequeño que suelo llevar para retocarme el maquillaje, cuando te veas sabrás a lo que me refiero. Aunque tenemos otra opción, que me ahorres el viaje y desembuches. Estupendo. Mira, allá tú si te lo quieres quedar para ti solita, pero si lo escupes y te desahogas igual te vendrá bien. ¿No es ese tipo de consejos que dais los de tu profesión? Si estarás más en tu salsa no me cuesta nada hacer cuatro gestiones y buscar un diván.

-  Y ahora se supone que es cuando debo reírme, ¿no? Vale, sí, tienes razón, me pasa algo, pero no creo que tú puedas hacer nada.

-  No he dicho eso en ningún momento que yo recuerde, solo me refería a hablar, simplemente. Aunque, vete a saber, no me subestimes. Venga Amelia…que lo estás deseando…

-  Está bien, acerca tu silla.

Se armó de valor y le narró sin perder lujo de detalles lo que le estaba sucediendo. El día que conoció a Samuel y cómo, la imprudencia que había cometido entablando conversación pese a la política de la empresa, cuando se lo volvió a encontrar y tuvo que decirle que era otra persona, lo que la había afectado y no sabía el motivo el conocer a ese hombre. También le puso al corriente de las normas que se había saltado en el supermercado donde de una forma harto descarada puso en bandeja de plata el puesto de trabajo para esa mujer de la que le habló a grandes rasgos.

Maite escuchaba con detenimiento, sin perder calada, toda la conversación de su compañera y amiga. En primer lugar, por descontado, no podía llegar a oídos de los superiores ni lo de la conversación con Samuel ni las armas empleadas en pos de esa mujer en el supermercado. Eso eran cosas que estaban total y absolutamente prohibidas y a Amelia podían costarle muy caras, inclusive una carta de despido. La cosa tenía gracia dentro de lo que cabía, pensó, cuando llegó a la asesoría fue su propia compañera quién expuso la idea y sugirió ese plan de trabajo de los disfraces y todo lo demás. Alegó que hacer creer a los aspirantes de los puestos de trabajo de las empresas donde prestaba servicios la asesoría era una forma brillante de sacar conclusiones, amén de ser una iniciativa novedosa puesto que, según argumentó, seríamos los únicos en aplicarla. Y hete aquí que la providencia había querido que la brillante idea de Amelia le estuviera jugando una mala pasada. Tenía bemoles la cosa desde luego y, desde luego, mientras escuchaba se decía a sí misma que por nada el mundo le gustaría estar en su papel.


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