EN SU PAPEL-PARTE 27

Por menorcabella
Enviado el 22/04/2016, clasificado en Varios / otros
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Samuel acabó un día más la jornada laboral y se dirigió directamente a su casa. Su compañero Abel le propuso ir a tomar unas cañas, pero no le apetecía. Lo que deseaba era arribar a su morada lo más pronto posible y descansar. Había sido un día largo, un día de muchas vistas, comparecencias…por lo que la cafetería fue todo el día un pasen y vean de personas del mundillo de la justicia, gentes que venían como clientes de ese mundillo o simplemente gentes que no formaban parte ni de un grupo ni otro sino simplemente gentes que querían degustar las exquisiteces conocidas de ese lugar.

Pero cuando el día se le hizo más cuesta arriba fue cuando desde la cocina pudo vislumbrar a Raquel hablando con un hombre al que no conocía. Sí, al verle mejor se percató de que si le era familiar. Si la memoria no le fallaba era el nuevo fiscal. Le habían presentado en esa semana a toda la plana funcionarial.

Cuando llegó a casa se encontró con la sorpresa de ver a su hermana sentada en el sofá y a sus sobrinos a su lado. Los tres miraban una película mientras degustaban un bocadillo de tortilla francesa Sandra y los niños jamón y queso. La película debería ser la mar de interesante puesto que ni siquiera le oyeron llegar.

Hola Sandra, hola niños. ¿Qué hacéis aquí?-dijo mirando a su hermana. Venía a hablar contigo y de paso me he traído a los niños. Querían verte. ¿Ha ocurrido algo? ¿Santiago otra vez? Ni por asomo, ese tema quedó claro el día de la vista. Bien, de la no vista más bien. Se trata de ti, me tienes preocupada. Lo sucedido con Amelia te tiene… ¡Ni se te ocurra pronunciar su nombre! No chilles delante de los niños por favor. Oye, ni que tus amigos tuviéramos la culpa, esconderte como un cobarde no es la solución. Además, ¿no crees que eres un exagerado? Sí, te ocultó quién era realmente ¿y qué? No me mires con esa cara. Si lo piensas bien tenía sus motivos. Sabes que no me gusta que me tomen el pelo, soy de la religión de la verdad, sinceridad y franqueza. Entre otras cosas. ¿Perdona? Que eres ¿qué? No me hagas hablar… Venga, empieza, qué vas a decir. Mamá, tío, ¿podéis hablar más bajo? No se oye nada. A mí también me gusta una niña de mi clase tío. ¿A sí? ¿Y no crees que eres muy joven tú para esas cosas? No, el amor es un sentimiento, los años no tienen nada que ver

¡La que había soltado el niño!-pensó Samuel, aunque su hermana la verdad también puso cara de póker ante la ocurrencia de su hijo. Tanto uno como otro con la mirada se dijeron que era mucho mejor cambiar de tema.

Vamos niños, que ya se ha hecho tarde, apagar la televisión y poneros los abrigos, es hora de marcharnos. Despediros de vuestro tío. Mamá, ya falta poco para que acabe, anda… ¿Y cómo sabes eso? A ti qué te parece Samuel. No, lo siento. Además, creo que tú muchachita tienes deberes pendientes. Si hubieses seguido los pasos de tu hermano otro gallo cantaría, pero has preferido hacerte la remolona. Venga, ya estáis tardando.

Los niños pusieron manos a la obra antes de que su madre se lo tuviera que decir una vez más, no fuera que sonaran truenos y relámpagos…Cuando estuvieron listos le dieron un beso a su tío y se marcharon.

¿Tenía razón su hermana? ¿Era un exagerado en lo concerniente a Amelia? Estaba hecho un verdadero lío. En ese preciso instante sonó el móvil, no le apetecía en absoluto hablar con nadie así que decidió no contestar. Pero quién llamaba no era del mismo parecer así que después de insistentes tonos optó por claudicar y apretar la tecla verde. César, como no, quién iba a ser.

Hombre, ya era hora, por un momento pensé que no querías cogerlo. Y qué bien pensado…-se dijo Samuel. No, no, ni mucho menos. Es que me has pillado justo… Vale, no es necesario que me des detalles. ¿Cómo te encuentras? Estoy bien. Oye, mi hermana ya ha venido a indagar y ahora tú. No necesito niñera. Solo nos preocupamos por ti, ¿es eso pecado? No, pero si vas a seguir con la cantinela te digo desde ya que lo dejes. Además, hoy ha sido un día movido en los juzgados y la verdad es que estoy cansado. ¿Movido? Cuenta cuenta, ¿algo de interés? No, nada, mira que eres…Sencillamente ha habido muchos juicios y otras cosas por lo que se ve y el restaurante ha estado atestado de gente todo el día como quién dice. Bien, al menos no me ha dado tiempo a aburrirme ni pensar. ¿En Amelia acaso? Y en otras muchas cosas. Oye César, mi vida no gira alrededor de esa mujer. Desde luego, tanto mi hermana como tú cuando os da por poneros pesados no hay quién os gane. Solo nos preocupamos por ti, nada más. No creo que sea pecado. Eso en sí no. Lo que tiene delito es que a mi edad penséis que necesito niñera. A veces eres peor que un crío pequeño, la verdad. Bueno, será mejor que te deje descansar, mañana me pasaré por tu trabajo y si tienes un momento seguimos hablando ¿te parece? Como quieras, aunque si la mañana se presenta como la de hoy no te garantizo ni que puedas ver mi cara. Me arriesgaré. Según esté la cosa ya pasaría por tu casa a la tarde. Cuídate Samuel.

Qué manía les había entrado por querer arreglar su vida, eso solo le correspondía a él. ¿Tenía razón Sandra? ¿Se lo había tomado demasiado a pecho? ¿Merecía Amelia la oportunidad de darle una explicación? Se pusieran como se pusieran tanto su hermana como César esa respuesta solo le correspondía a él. Nadie podía ponerse en su papel.

 

 

 

 

 


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