Consulta con el neurólogo y otros deportes de riesgo

Por Luna White
Enviado el 24/04/2016, clasificado en Reflexiones
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Le comenté hace solo unas horas a Cleo (@CleoLagos de somosem.com) que hoy no me sentía con ánimos de escribir en esta sección; para lo que creo que hace falta tener un buen estado de ánimo, ¿pero no abogo por tenerlo siempre? Pues allá vamos, si no está, habrá que ir a buscarlo.

Siempre creí —más aún este año—, que el Universo nos escucha y toma nota de todos los mensajes, que aún sin quererlo, le mandamos. Sí…,venga…, puedo ver y escuchar todas esas carcajadas de los más escépticos e incluso de los no tanto. Echando la vista atrás, muchas de esos mensajes que envié al limbo, infinito o como prefiráis llamarlo, se han cumplido; ¿como quería? Igual no tal y como lo deseaba; ¿Como esperaba? Desde luego que no; y ¿cuándo esperaba? Rotundamente NO. Pero… la respuesta a esos mensajes las tengo al fin y al cabo, que es lo que ya sin dudar, me hace pensar como lo hago. Desee ser fisioterapueta tras ver la película «A propósito de Henry», y lo soy. Después creí que fisioterapeuta deportiva —y más en concreto de fútbol— me aportaría todo lo que buscaba en mi carrera, y por unos meses, que fueron los mejores a nivel laboral (y personal, creo que todos aquellos meses fueron muy positivos), lo conseguí. Luego, descubrí que con la neurología, tanto infantil como de adulto, tenía cierta conexión. ¡Quién me diría poco más tarde hasta qué punto! Y aunque por poco tiempo, también pude disfrutar de ella desde el otro lado: el sanitario. Pues bien, ¿quién se ríe ahora? Porque en ocasiones, más que sorprenderme con tantos mensajes correspondidos, siento pavor ante tantas «casualidades». Es ahora, cuando se plantea el gran enigma: tengo lo que creí desear, pero el camino hasta conseguirlo, ha sido mucho más difícil de lo que esperaba. ¿Acaso no pregunté de la manera correcta? El Universo te escucha, sí, pero se debe ser muy conciso y explicando bien todos los detalles. En ese camino encontré un traslado a cientos de kilómetros de casa y de mi pareja y amigos, un trabajo estable para lo que estudié, y una enfermedad que me encantaba tratar como fisioterapeuta. Entonces… ¿tengo alguna razón para quejarme? ¿Algún argumento que me explique el porqué no debo estar agradecida? Pues como en cada uno de nuestros pensamientos, todo depende de cómo se mire, y del dichoso «vaso medio vacío, vaso medio lleno». Hoy no recibí lo que esperaba de la consulta con la neuróloga —igual el Universo no puede ser fiable al 100%, pero si no lo es él ¿quién si no?—, y de nuevo miles de preguntas bombardeaban mi cabeza. Han pasado las horas, he pensado, más aún de lo normal —que para quien me conoce debe estar asustado mientras lee— y me he dado cuenta, que esto solo debe ser otro de esos obstáculos en el camino a conseguir mi siguiente objetivo. Sí. Sí. Y otra vez sí. Ya conocemos cómo es nuestra enfermedad, quién no, que se informe antes de acusarnos de ser solo una excusa —como me ha ocurrido recientemente—, y se de cuenta de que cada día es una lucha contra algo diferente a lo que es muy difícil acostumbrarse (aunque sí vivir con ello) y nos levantamos, ¡vamos que si nos levantamos! Creo que mañana después de mi sesión de láser me costará más que hoy por el dolor atroz que provoca. El que me originó hoy la consulta, sé que no es el primero ni será el último, solo el último que me ha sorprendido y no esperaba. Sigamos creyendo, lanzando mensajes al Universo —mejor de lo que he debido hacerlo yo— y esperando que en un futuro no muy lejano, todo será solo un mero recuerdo que nos cambió la manera de enfrentarnos al día a día.

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