DR CORNELIA PAUN HEINZEL - AMOR CANIBAL

Por drcorneliapaun
Enviado el 14/05/2016, clasificado en Amor / Románticos
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Dr. Cornelia Paun Heinzel: “Amor canibal“ I del libro "El cartero nunca más llama dos veces" o "Sueños ... sueños ... sueños" / “Postasul nu mai suna de doua ori" sau "Visuri… visuri… visuri…" por Dr. Cornelia Paun Heinzel

Sonó el timbre de la puerta del apartamento, Eran dos policías vestidos con sus uniformes azules, uno era alto, moreno con el pelo rizado y la piel más oscura; el otro más pequeño, rechoncho, con cabello rubio y escaso.

Ly abrió la puerta y los agentes de la ley quedaron impresionados por la presencia de ese enorme hombre negro que tenían delante con los ojos inyectados en sangre y una mirada salvaje.

Somos los suboficiales Ilie Ghidovet y Vasile Tocana de la policía local de la ciudad. Venimos porque hemos recibido una llamada desde esta casa –dijeron los hombres, mientras se identificaban como policías que estaban de servicio.

-Pasen, por favor – dijo Ly – Yo les llamé.

Los policías entraron y quedaron sorprendidos con lo que veían, era un apartamento caracterizado por un lujo ostentoso, que nunca habían visto. No habían advertido a nadie en la casa, había muebles de madera tallados, pinturas y esculturas valiosas, muchos espejos y candelabros además de plantas exóticas que habían crecido como en una selva. El cuerpo blanco y perfecto de yeso atrajo su atención sobre la diosa Venus; y la cabeza de Hefesto cubierta abundantemente por rizos que se encontraba sobre el escritorio. Se veían pedazos de carne y sangre esparcida por toda la habitación, sus ojos se dirigieron instintivamente hacia una

foto de una hermosa rubia con cara de muñeca de ojos azules y piel de porcelana que los observaba con una sonrisa franca desde un marco situado encima de la mesita.

¿Es su esposa, Violeta? –preguntó uno de ellos para su aclaración.

-Si –respondió Ly.

- Y ahora… ¿dónde está? –preguntó entonces el otro.

Ly no dijo ninguna palabra durante un tiempo. Luego hizo un gesto con el dedo señalándose el estómago.

La cara del policía más alto se puso blanca. Entendieron el mutismo del hombre, que acababa de confirmar lo que había anunciado en su llamada telefónica. Ahora estaba claro que no era ninguna broma y que el hombre había contado lo que allí había ocurrido en realidad. El más bajito comenzó a vomitar y se apresuró en ir al baño.

Ly, sin saber cómo, pensó en el día en que conoció a Violeta.

La primera sensación que tuvo, fue que iba a comérsela entera, que la estaría disfrutando como si fuera un delicioso pastel, como una aromática naranja, como un delicioso plátano africano, como una delicia aromática, colocada encima de la mesa de un rico rey…

El policía más alto se acerco al teléfono y le preguntó:

-¿Me permite? ¿Puedo llamar? Tengo que avisara al Comandante.

- Por supuesto –respondió Ly cortésmente.

-Camarada Ciolan, soy Ghidovet, confirmo la llamada, es decir, el relato que se hizo en la llamada telefónica.

- Hagan el informe urgente y vengan rápidamente a la sede –les dijo el comandante- Los superiores ya están avisados.

Yo solo no puedo tomar decisiones de esta magnitud, más si se trata de la hija del Ministro y el muchacho es un líder africano.

¡Es increíble! –Se escucho una voz gruesa- No sé cómo manejar este asunto.

El policía más alto comenzó a escribir el informe. Su mano temblaba y apenas la podía dominar, pero se daba prisa, no podía permanecer más tiempo en ese lugar, tenía la sensación que debía darse correr lo más rápido que sus pies le permitiesen.

-¿Te queda mucho para escribir? –le preguntó su compañero.

¡Vamos, Elías es más rápido!

-¡Inmediatamente, Vasile, ya falta poco!¡Termino ya!¡Ten un poco de paciencia!

Los hombres salieron del apartamento asustados.

-¡Que hermosa era la chica! ¿Qué encontró en él? ¡Tenía dinero, lo tenía todo! –exclamó Ghidovet- Se que él es hijo de un gran líder tribal en África. Pero ella no necesitaba dinero, quizás necesitaba otra cosa. A veces, por ser demasiado bueno se cometen errores ¡increíble! Creo que fue una niña muy mimada, vivió toda su vida entre algodones, la única hija del ministro además no era para nada tonta. Fue a la universidad.

-¡Estudiantes! –dijo Tocana- ¡No todo el mundo puede estudiar, en esta época! ¡Tenía que ser inteligente, tener una mente de verdad! Los niños tontos de la Securitate no ponen un pie en la universidad, solo lo hacen si tienen ahí conocidos. La selección es muy estricta y justa, Sin embargo, creo que podríamos encontrar a uno de nosotros –dijo Ghidovet.

-¿Qué eres chovinista? –reprendió Tocana a su colega- ¿No sabes que los negros son más brillantes y viriles que los blancos?

-¡Pero nosotros, los rumanos también somos muy buenos!

¡No se pueden excluir! –exclamó Ghidovet.

- Sí, pero quizás la chica quería algo diferente, algo extraordinario. ¡Piénsalo! Durante toda su vida se habían cumplido todos sus deseos, ¡como una princesa mimada! –dijo Vasile- yo, por ejemplo, me conformo con cualquier cosa, ni con la comida ni con las mujeres soy demasiado exigente, ¡sea lo que sea!

- ¡A mí me gustan las rubias hermosas como esta! Mi prometida es linda, pero creo que le voy a decir que se tinte el pelo, ¡le sentaría bien el rubio platino! –dijo Elías pensativo

Tampoco está mal de castaña, como es ella –confirm Vasile - ¿Rubia? ¡Cuidado que no la pierdas! ¡si otro te la roba! Ya sabes que como vendedora tiene muchos clientes, ¡nunca se sabe! La mía tiene la piel más oscura, no se puede tintar de rubia ¡parecería el diablo! Pero me gusta, tiene el pelo rizado, así no se tiene que hacer la permanente, me sale más barato ya que no tengo que gastar en peluquería.

Ly puso su cabeza entre las manos, ahora no se podía enfrentar con su suegro, no resistiría las tensiones. A su padre se lo conto todo y se quedó, por supuesto, sorprendido. Sin embargo, algo en su interior, en su corazón sabía que su padre querido lo entendía. Como siempre, cuando su hijo hacía alguna tontería. Era hijo de un príncipe guerrero y siempre se le permitió cualquier cosa. Así eran las leyes de la selva. Ahora, sin embargo, Ly estaba solo él y su conciencia.

¿Cómo voy a dormir solo esta noche, sin sentir su cuerpo entre mis brazos, presionado contra mí, sintiendo su aliento?

–Pensó el hombre –desde que nos casamos, siempre dormíamos juntos. Un sueño sin Violeta parece impensable. Cada noche dormíamos abrazados después de horas de un amor salvaje. La teoría de que los polos opuestos se atraen, quedaba plenamente demostrado en nuestro caso.

La atracción entre nosotros era explosiva, como una tormenta en el desierto, había hecho el amor con ella sin interrupción, cuando nos mirábamos a los ojos el uno al otro nada podía pararnos. Me sentí atraído hacía ella desde el primer momento que la vi. Su piel blanca delicada, su olor a bebé, su pelo largo rubio, que me atraía con locura. Cada sílaba que pronunciaba Violeta parecía una poción mágica, dulce, que penetraba en mi alma y mi corazón se derritió salvaje, quería escucharla todo el tiempo. El timbre de su voz tan melodioso, me conmovió hasta lo más profundo de mí ser guerrero bantú.

 


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