TOC, TOC

Por V.M. San Miguel
Enviado el 04/06/2016, clasificado en Terror
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Y de pronto, mientras, inmerso en la perenne oscuridad, cerraba mis ojos, disponiéndome ya a dormir, un ruido me hizo abrirlos de nuevo,

    TOC, TOC.

    un ruido en la ventana me hizo abrirlos de nuevo.

    TOC, TOC.

    Era un ruido al que ya me había hecho familiar; era, simplemente, la rama del árbol que crecía oculto bajo la sombra de mi casa, golpeando pausadamente la ventana, mas esta noche el normalmente atenuado sonido cobraba bríos y me parecía que incrementaba su volumen ora sí ora no, no, sin embargo, en función del viento que había fuera, sino como si supiera lo que estaba haciendo pues, cuando comenzaba a acostumbrarme al feo sonido que se acompañaba además del de algo rasguñando el cristal (la afilada punta de la rama, deducía), y mis parpados comenzaban a caer extenuados, este incrementaba o disminuía su brillo, ahuyentando, así, mi somnolencia y llevándose, también, mis ganas de cerrar los ojos.

    TOC, TOC.

    Pasé así, quizá media hora escuchando la terrífica cacofonía que restallaba en mí ventana, hasta qué, hastiado, intenté, primero, ocultarme bajo las gruesas mantas intentando no escuchar aquella horrida letanía, inútilmente pues pronto el calor ahí debajo me obligaba a salir de mi escondite. Intenté después, también, cubrirme las orejas hundiéndome en la almohada, pero esto tampoco dio resultados pues no hay quien sea capaz de dormir en esas condiciones. Finalmente intenté simplemente poniéndome las manos en los oídos, aunque este intento también falló pues, cuando estaba por dormirme, mis manos se caían de mis oídos y la molesta repetición me despertaba una vez más.

    TOC, TOC.

    En el límite de la desesperación y profundamente molesto me puse de pie y caminé en dirección a la ventana, al llegar ahí, sin embargo, el sonido se había extinguido y ya no quedaba de él más que la resonancia que se mantenía en mis oídos

    TOC, TOC.

    con el mismo carácter auditivo de quien ha estado cerca por demasiado tiempo de una bocina a máximo volumen

    TOC, toc, TOC, toc.

    como si fuere nada más que un eco o una reverberación irreproducible, (por ser inenarrable) en letras u onomatopeya alguna.

    Mas ya volvía yo al viejo tálamo que no compartía con nadie desde que falleciera mi esposa, hacia menos de un año, cuando el sonido comenzó de nuevo,

    TOC, TOC, TOC, TOC.

    con mucho más brillo esta vez sin embargo, como si me urgiera a aproximarme a la ventana, como si alguien me requiriera con suma presteza junto al marco de la venta, bajo la luz de las estrellas, como si alguien me necesitara ahí de inmediato y no hubiere forma alguna de posponer la cita.

    Sin embargo y una vez más, cuando llegué junto a la ventana el sonido se detuvo inmediatamente; era, en efecto, como si mi sola presencia ahuyentara la repetida reverberación.

    Intrigado ahora abrí la ventana con intención de identificar a la culpable de mi insomnio y ¡mira! ahí estaba. Una afilada rama, casi tan afilada como para usarse como arma, el viento la mecía, ninguna hoja, sin embargo, la acompañaba por ser otoño, empero, algunas sí caían de las ramas más altas, las que, en forma geométricas imposibles, se doblaban contra la fachada lateral de mi casa.

    Forcejé por espacio de cinco minutos intentando quebrar la rama, fútilmente pues esta era muy gruesa como para que la rompiera con la sola fuerza de las manos. Resignado, me quedé así sosteniendo la rama entre las manos y contemplando la anchura de la campiña que se extendía más allá, en la abismal lontananza ininterrumpida por la urbe ciudadana. Cuan hermosa me parecía la vista y el agradable aroma como de jengibre que inundaba la noche, la noche perfumada por el jengibre, cuan brillantes parecían las estrellas desde ahí debajo, y de qué manera me hacían sentir diminuto en el mundo. Aún, sin embargo, me aguardaba una belleza más, pues al levantar del todo la vista la vi, resplandeciente; era Venus en todo su esplendor, y los rayos plateados que se proyectaban sobre mi rostro me daban la falsa sensación, la ilusión, de calidez, como si ella también tuviera la propiedad de producir calor.

    Pasé así, ensimismado, quizá, y lo digo así pues no estoy seguro de cuánto tiempo transcurrió, una hora entera o más, contemplando las bellezas del exterior, oliendo el perfume del campo y sobretodo, mirando la luna,

    TOC, TOC.

    cuando el estremecedor sonido que antes escuchara estando acostado y a punto de irme a dormir me arrebato de vuelta al mundo real. Pienso ahora, que realmente nunca dejé de escucharlo, sino que lo ignoraba, lo ignoraba pues no quería creer la horrible, horrible verdad por tener esta un carácter paranormal.

    TOC, TOC.

    Preso del negro terror pensé en arrojarme por la ventana con la única intención de huir de aquel manicomio, de aquella habitación de pesadilla, mas no fui capaz de ejecutarlo pues estaba totalmente petrificado y mis pies temblaban, sintiéndose repentinamente débiles y escuálidos.

    TOC, TOC.

    Porque, ¡oh dios mío!

    TOC, TOC.

    El sonido nacía del espejo que había más allá, al otro lado de la habitación.

    TOC, TOC.

    TOC, TOC.

   

    TOC, TOC,


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