Confundió la hacienda pública con un mercadillo

Por Jesús A.
Enviado el 09/06/2016, clasificado en Humor
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Este era un hombre que llevaba muchos años lejos de su tierra, cuando fue a pasar unos días con un hermano que vive en la ciudad más cercana al pueblo donde había nacido. Estando allí; su cuñada una mañana le dijo que si quería ir al mercadillo que se instalaba en el sitio donde antes había la feria del ganado, que fuera con la cartera bien guardada por sea caso.

Esto le pareció bien al hombre, que fue con la idea preconcebida de que el mercadillo estaba en la misma instalación de la feria que existía antes de irse él de allí. Aunque cuando se fue acercando ya se dio cuenta de que el edificio que estaba en el lugar no tenía nada que ver con lo que había antes, pues era mucho más moderno, más suntuoso y aunque era grande, era más reducido que el de antes. Sin embargo al tenerlo tan metido en la cabeza, creyó que dentro estaba el mercadillo. ¡¡Es que además, por allí fuera no veía a ningún otro!!

Por eso pasó para dentro con un aire de despreocupación. Pero uno de los guardias de seguridad le llamó al orden: diciéndole que se pusiera a la cola como los demás (mientras tanto, el hombre dentro no veía mercadillo alguno, lo que le parecía aquello muy raro, pues solo estaba gente allí sentada como esperando algo) y cuando le llegó el turno, le exigieron que pusiera todos los enseres, incluido el cinturón y la cartera en una bandeja, lo que le hizo comentar: ¿ósea que para entrar en un mercadillo toman tanta seguridad como si se tratara de un avión?

Entonces, la gente que allí estaba se puso a reír con ganas, incluidos los guardias de seguridad que al mismo tiempo le dijeron al hombre que el mercadillo estaba en un descampado detrás del edificio y que aquello era la hacienda pública. Saliendo de allí el hombre riendo de lo absurdo de la anécdota que le había acontecido: diciéndole a los que allí estaban que llevaba mucho tiempo fuera de su tierra y que le habían informado o lo había entendido mal de como estaba todo aquello.

Mientras que ahora el hombre y los que le rodean siguen riendo cuando recuerdan, o imaginan aquella situación tan estrambotica y al mismo tiempo tan comica que le ha sucedido. 


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