La niña de las estrellas

Por constelación
Enviado el 27/06/2016, clasificado en Cuentos
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Érase una vez, una niña que tenía una gran familia, un hogar y muchos juguetes. Sin embargo, ella lloraba porque no tenía ningún hermano ni ningún amigo. A pesar de tener tanto, ansiaba compartir sus juguetes con alguien.

Una noche, mirando desde la ventana como hacía siempre, miró a las estrellas y pidió un deseo: <<Quisiera estar con alguien que me entendiera>>. Una de sus lágrimas cayó en su mano y fue entonces cuando apareció un extraño ser que bajó del tejado a su cuarto.

- Saludos, mi nombre es Hamal, aunque puedes decirme "El Hamal"- hizo una reverencia - Espero que no te asuste mi aspecto, quiero que sepas que solo soy tu estrella.

La niña se quedó en silencio y empezó a balbucear hasta que consiguió responder con serenidad- Yo... Yo me llamo Melisa, encantada... no pensé que las estrellas fueran como tú...

- Todas las estrellas tienen formas diferentes, yo solo tengo una forma adecuada a quien soy.

- Muy bien... ¿y qué haces aquí pequeña estrella?- dijo la niña aún mirando sorprendida a la especie de oveja parlanchina.

- Muy sencillo, estoy aquí por ti, tú deseas algo...

- Sí... ¿podrías hacerlo realidad?

- Sí, pero debes tener en cuenta una cosa, y es que todo deseo tiene un precio- la niña al escuchar eso inmediatamente sacó un objeto del cajón de su mesilla de noche.

- Aquí tiene, es mi collar preferido- el ser tomó el colgante y lo miró con curiosidad.

- Un colgante realmente especial para ti... pero ese no es el pago por un deseo. El precio es mucho mayor- la niña no sabía a qué se refería- Si no consigues algo mejor tendré que llevarte conmigo.

- ¿A dónde?

- A las estrellas... Te gustará el lugar, pero no podrás volver nunca más a casa- al ver a la niña un poco asustada continuó- Tienes un plazo hasta la noche de mañana para pagar tu deseo, por ahora disfruta y espero mi recompensa.

Esa noche la niña durmió nerviosa pensando en cuál podría ser el precio del deseo para evitar la deuda con Hamal.

Al día siguiente, de nuevo en la escuela, había un ambiente algo diferente en sus compañeros de clase. Los niños y las niñas que siempre la evitaban y la molestaban, la saludaban con muchos ánimos y estuvo compartiendo sus juguetes con los demás. Todo el día había sido un sueño, lo que ella siempre había deseado, se había cumplido al fin. Amigos. Sin embargo, ella no se daba cuenta de que el día llegaba a su fin y tendría que pagar por su deseo. Cuando se disponía a dormir comenzó a llorar. El ser regresó a su cuarto.

- ¿Por qué lloras? ¿Es que no te ha gustado tu deseo?

- No, Hamal -contestó entre sollozos- Lloro porque siento que nada fue real. ¿De verdad esos niños jugaban conmigo porque querían?- Hamal se acercó a ella y la abrazó con cuidado.

- Entiendo, tu deseo va más allá de lo que yo pensaba, siento que te hayas sentido triste... Sin embargo, no puedo deshacer nuestro acuerdo- Hamal dejó de abrazarla para mirarla a los ojos y Melisa se tranquilizó y se secó las lágrimas. Hamal la tomó del brazo- ¿Estás preparada?

- ... ¿Ese lugar es bonito?

- Muy bonito, las estrellas se alegrarán de tener a una niña tan sensible. Seguro que bailarán y brillarán por ti mucho tiempo- La niña lo miró con una expresión relajada y con una mirada perdida y decisiva.

- Estoy lista- Al pronunciar estas palabras Hamal abrió la ventana de su cuarto y la tomó de la mano. Melisa titubeó antes de salir volando con Hamal hacia el mundo de las estrellas.

Desde ese suceso, hubieron mucho rumores sobre la desaparición de la niña.

Varias noches después, un niño estaba solo en el balcón de su casa y comenzó a llorar. Un sonido interrumpió su tristeza.

- Buenas noches, me llamo Porrima, soy la estrella que brilla por ti- hace una breve reverencia.

- Sabes dónde está, ¿verdad?- Porrima se queda confusa ante la falta de reacción ante su imagen y aparición repentina- eres un ángel, ¿no?

- Así que esa es mi forma- Porrima sonrió y se acercó al muchacho- Sí, conozco el lugar donde está.

- Llévame con ella.

- Si te llevo donde ella está, jamás podrás volver a tu casa- lo miró muy seriamente- ¿Estás seguro de querer ir?

- Nunca he tenido la valentía de acercarme a ella y de saludarla, de pedirle que jugara conmigo... Nunca pude decirle lo que quería... Claro que quiero ir. Me da miedo no volver a casa, pero no quiero volver a abandonarla- él tomó la mano de Porrima- Llévame, por favor.

- Deberás confiar en mí... ¿dónde crees que está?

- Pienso que está lejos, pero no sé dónde.

- Está mucho más lejos de lo que jamás hayas pensado, ella está con las estrellas... - el niño se quedó asimilando la respuesta del ángel y seguidamente miró al cielo.

- ¿Entonces vendrás conmigo?- Porrima le tendió la mano desde la barandilla del balcón. Él tomó la mano del ángel sin dejar de mirar a las estrellas y antes de volar a aquel lugar, el muchacho sonrió dejando escapar alguna lágrima. En ese momento pensó: <<¿Por qué decidiste ir tan lejos?>>.

Aquella noche las estrellas brillaron con mayor intensidad.

Unos años después, una niña observaba desde su telescopio las estrellas y constelaciones.

- Mamá, hay dos estrellas muy brillantes y muy juntas, ¿cómo se llaman?- la madre miró por el telescopio y observó las estrellas que decía su hija.

- Las has descubierto, cariño, no son fáciles de ver, se dice que esas dos estrellas son dos almas nacidas de una lágrima de una niña y un niño. La leyenda no está muy clara, pero dicen que si pides un deseo, se hará realidad. La estrella de la derecha es la niña y la de la izquierda el niño. Sin embargo, muchos evitan contemplar esas dos estrellas cuando las descubren ya que algunos piensan que son estrellas malditas.

- ¿Y tú qué piensas mamá?- la madre fijó su mirada en los ojos de su hija.

- Yo solo pienso que tú eres la estrella más brillante de nuestro mundo- abrazó a su hija y la aupó- seguro que la niña de las estrellas pensará lo mismo que yo- terminó diciendo mientras oservaba las estrellas perdidas.

- Mamá... - la hija puso una mano en su mejilla y limpió una extraña lágrima de tristeza del rostro de su madre.

 


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