"Más allá de las estrellas" Parte 05 de 09.

Por Leonardo Saldívar M.
Enviado el 24/04/2013, clasificado en Fantasía
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Con una dona en el estómago, el tejón se fue de donde yo estaba, y sólo veía que caminaba y caminaba. No sabía a dónde ir.

Me quedé viendo la calle, ya casi llegábamos. Antes de eso, algo muy especial sucedió.

El tejón regresó a donde yo estaba, y subió sus patas delanteras a mis piernas, así, como lo acostumbran a hacer los perros. Pero era pequeño, y no alcanzaba mis rodillas por completo, así que lo subí al asiento que estaba junto a mí y ahí se quedó. Luego de ello, se recostó en mis piernas.

Fue un momento muy lindo y poco común, me quedé acariciándole la cabeza y la espalda hasta que se quedó dormido.

Al fin, luego de una hora y media o más de camino, llegué a mi destino. Tomé mi mochila y el tejón despertó. Lo bajé al piso y me levanté para bajarme del camión. Ya parado en la puerta, sentí que el tejón me acariciaba los tobillos con su hocico, como diciéndome “No te vayas” o tal vez “Llévame contigo”. Lo pensé un momento y sería egoísta de mi parte dejar a aquel pequeño en el camión. Sin saber a dónde ir, igual y al verlo, alguien lo patearía lo arrojaría por la ventana y no, eso no. Me miró de nuevo con sus ojos tiernos, y lo levanté para llevarlo a mis brazos. La puerta del camión se abrió, y salí junto con el tejón.

Caminé desde la parada hasta una puerta con barrotes color verde de fierro. Perdón, no lo dije, pero ese día fui a un parque, no es muy grande, pero es tranquilo.

El nombre de aquel parque es sinónimo de hoyo.

Yo y mi nuevo amigo, caminamos hasta encontrar una sombra antojable, había muchos árboles, bueno, hay, y de todo tipo.

Caminamos en forma vertical y giramos a la derecha, un poco a la izquierda, subimos un par de montañas y llegamos.

Encontramos un buen árbol, que tenía hojas, hablo de hojas de papel. Tenía hojas de papel con palabras de colores clavadas en sus ramas.

Dejé al tejón en el suelo y también a mi mochila. El tejón empezó a olfatear de nuevo y se fue caminando, yo me quedé leyendo lo que decían aquellos papeles raros que estaban encajados en el árbol.

 

Decían lo siguiente:

“Presente”

“Tu vida”

“Siempre”

“Estaré”

“en”

Intenté descifrar si era una frase entera, recordar si era una canción, o simplemente palabras.  Pero me di cuenta que el tejón se había alejado demasiado.

Dejé mis investigaciones y fui en busca del tejón.

Luego de unos cinco minutos de búsqueda lo encontré, estaba jugando con un muchacho, que creí haber visto antes, pero no, era un desconocido. Me acerqué hacia él para ir por el tejón.

-              Hola. -Le dije-

 

-              Emm… Hola. –Con voz nerviosa y algo apenada me respondió-

 

-              Veo que no está solo.

 

-              ¿Quién?

 

 

-              El tejón, jeje.

 

-              ¿Es tuyo?

 

-              No, me lo encontré en el camión en el que venía.

 

-              ¿Un tejón en un camión?

 

-              Sí… Es algo raro pero… Sí, así pasó.

 

-              ¿Y entonces de quién es?

 

-              No lo sé.

 

-              Y… ¿Qué harás con él?

 

-              Sinceramente, tampoco lo sé, no puedo llevarlo a mi casa.

 

-              ¿Y si me lo llevo a la mía?

 

-              Pero… ¿Te dejarán tenerlo?

 

-              Posiblemente, no lo sé.

 

-              No… Él se queda conmigo.

 

-              ¿Por qué? Dijiste que no podías tenerlo en tu casa.

 

-              Sí, pero buscaré un padre o madre que lo adopte.

 

-              Yo lo adopto.

 

-              Perdón pero… No te conozco, y no…

 

-              Me llamo Aram, mucho gusto.

 

-              Emm… Mucho gusto también… Bueno, ya nos vamos.

 

-              ¿Quiénes?

 

-              El tejón y yo.

 

-              En verdad, yo lo adopto.

 

-              No, perdón pero no confío animales a desconocidos.

 

-              Ya no soy un desconocido.

 

-              No se trata de saber tu nombre.

 

-              ¿Entonces qué quieres saber?

 

-              Bueno… ¿Cuántos años tienes?

 

-              Dieciocho.

 

-              Ah, también yo… ¿Sabrás cuidarlo?

 

-              Claro que sí.

 

-              No lo sé.

 

-              No te apures… Emm… ¿Cómo dijiste que te llamabas?

 

-              Oh, perdón… Me llamo Zael.

 

-              No te apures, Zael, él estará bien conmigo.

 

-              Me inspiras confianza… Pero aún no lo sé. ¿En dónde vives?

 

-              En una privada, cerca de aquí, ¿Y tú?

 

-              Lejos, no tan lejos… Como una hora y media en camión.

 

-              Sí… Algo lejos…

 

-              ¡Chin! –Exclamé-

 

-              ¿Qué pasa?

 

-              Olvidé mi mochila en donde estábamos.

 

-              Pues, vamos por ella.

 

-              ¿No tienes que irte?

 

-              No, bueno… No tengo prisa… Te acompaño.

 

-              Gracias.

Fuimos por mi mochila y en el trayecto hablamos un poco más, ya donde estaba aquel árbol con hojas, nos sentamos él y yo a jugar un poco con el Tejón.

-              Y… ¿Qué vienes a hacer aquí Zael? –Preguntó Aram-

 

-              Pues… Escapar.

 

-              ¿De quién?

 

-              De mí.

 

-              Oh…

 

-              Es raro de explicar… Realmente… Sólo vengo a dar la vuelta, ver cosas, inspirarme, tomar fotos… Escribir…

 

-              ¿Escribes?

 

-              Sí.

 

-              Interesante… ¿Qué escribes?

 

-              Pues… Lo que se me venga a la cabeza… Ya luego lo transformo o lo dejo así… Las palabras nunca sobran cuando te gusta escribir, es como… “Más vale que sobre a que falte”

 

-              Es padre que alguien se interese por las palabras además de mí.

 

-              ¿También escribes?

 

-              No, yo leo… Me gusta mucho hacerlo… Me llena como pocas cosas en el mundo lo hacen… Además me gusta el teatro, la actuación… El arte en general.

 

-              Pues yo soy más de escribir y soy melómano.

 

-              ¿Melómano?

 

-              Sí… Es como “Adicto a la música”

 

-              Pues música y palabras… Es como un músico ¿No?

 

-              Pues… No realmente… Aun que en mis planes sí me gustaría serlo, en mis metas está el poder escribir canciones, cantarlas frente a personas…

 

-              ¿Y qué instrumentos tocas?

 

-              Pues… Sólo tengo una melódica y un pequeño xilófono… Quiero un teclado… Sólo es cuestión de… Esperar.

 

-              Sí, ya te llegará… Se ve que eres una persona creativa… ¿Qué estudiarás?

 

-              Diseño y Arte Visual… ¿Y tú?

 

-              Estudio Psicología.

 

-              Oh, qué padre… Alguna vez en mi vida quise estudiar eso.

 

-              ¿Y qué pasó?

 

-              Conocí la carrera perfecta, la que te acabo de mencionar y de ahí nadie me ha sacado… Nadie, así que eso será.

 

-              Es padre eso.

 

-              La psicología también lo es.

 

-              Gracias –Sonrió-  


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