En un cine gay

Por Prometea
Enviado el 08/08/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Ya hacía tiempo que me había aficionado a asistir a un cine en donde proyectan películas porno hetero. Todo un montaje para que los hombres con preferencias distintas demos rienda suelta a cualquier manifestación sexual: unos que se vestían de mujer ahí mismo, chacales que se cogían a lo que se moviera, pasivos sado, pasivos que eran magos con el sexo oral, activos con herramientas magistrales y cualquier otra variante que se me haya olvidado. En ese cine recibí y di sexo oral, penetré y fui penetrado, y finalmente participé en un trío con una pareja muy cachonda.

Recuerdo. Solo me acerqué un poco y fue evidente que se trataba de una pareja hombre y mujer que ocasionalmente asiste. Él vestía unos pants deportivos con su chamarra. Ella tenía una falda tan corta como el ancho de una bufanda. Se podía ver una tanga blanca transparente igual que su blusa. Casi nadie se acercaba yo creo por temor al hombre o porque la mayoría son 100% gay. Mi bisexualidad me ayudó en esa ocasión y con un poco de tacto en unos minutos yo la estaba besando y con una mano y al mismo tiempo acariciando un clítoris, un pene y unos testículos.

Cuando sintieron que acariciaba sin distinción sus sexos, se sorprendieron un poco y trataron de hacer una pausa. Nos vimos a los ojos y puse la expresión de “como gusten, si no están de acuerdo me retiro”. La calentura nos ganó a todos y mi aspecto inofensivo los decidió por seguir. De pronto una nueva pausa: “accidentalmente” lo había besado a él que la estaba penetrando y al mismo tiempo ella me daba sexo oral. De nuevo tenían esa expresión de ¿”qué onda, qué rol juegas”? Yo dije susurrando al oído: “en el sexo absolutamente todo se vale si todos estamos de acuerdo, ¿no creen? Él se le quedó viendo a ella y en su mirada parecía preguntarle: “¿No te molesta que haga algo gay?”. Ella me vio, le guiñé un ojo y solo dijo “éste será el mejor sexo que hayamos tenido”. Con el permiso liberado, hicimos todas las variantes imaginadas: ella y yo le dimos sexo oral, ella me chupó mientras yo era penetrado por él y después, en esa misma posición hicimos algo que yo nunca pensé que se podía hacer en una butaca de cine: siendo penetrado, ella se sentó en mí para que la penetrara. El placer es indescriptible. Estando en medio de ambos, los besaba en la boca de manera alternada y nos movíamos como una maquinaria perfecta. Antes de venirme solo alcancé a ver que un grupo de unos cinco tipos se estaban masturbando a nuestro rededor.

Cuando terminamos, nos vestimos de prisa, intercambiamos teléfonos y salimos con ese arrepentimiento del que deseaba todo y ahora no quiere nada. Afuera del cine era una media tarde muy luminosa. Nos despedimos como si acabáramos de salir de misa y me di cuenta de que era un matrimonio más que normal. Ella muy austera y recatada con ropa ni elegante ni que llamara la atención. Él con su pants que a plena luz se veía menos nuevo.

Mi esposa y yo ya habíamos tenido acercamientos al sexo compartido, pero en realidad no había pasado de un faje mientras bailaba. Eso era suficiente para que yo me masturbara mil veces mientras recordaba cómo le pegaban el bulto a través de una falda muy ligera sin traer ropa interior.

Le conté la experiencia como si fuera de un amigo inexistente y le pregunté al final como no queriendo,  si no se le antojaría vivir la misma experiencia.

“¡¡¡¿Pero cómo crees!!!?” Me quedé callado como si hubiese dicho una gran estupidez. Al rato ella agregó “De seguro es muy peligroso”. Yo fingí indiferencia y pensé, ¡ya mordió el anzuelo! Sin prisa le comenté otra media verdad. “Hay parejas que tienen años yendo, pero nadie se mete con nadie si no estás de acuerdo”. ¿Estás seguro? Completamente, afirmé con categoría.

¿Qué me pongo? ¿Me voy vestida así o cómo?

Llegamos al cine y la verdad yo iba bastante nervioso por algún espontáneo no deseado. Afortunadamente mis amigos aceptaron ir ese mismo día. Cuando nos acostumbramos a la penumbra, ella se quedó viendo la película un momento. Era una tipa que estaba con tres negros super dotados y eso la excitó un poco. Los hombres pasaban a nuestro lado acariciando sus bultos como ofreciendo el manjar. Ella se puso un poco nerviosa y yo le dije “no pasa nada no te preocupes”. “Quítate la falda”. Ella obedeció y con un poco de dificultad quedó en esa micro falda que tanto me gusta. Se alcanzaban a ver sus nalgas y un pequeño triángulo adelante. Se quitó la chamarra y quedó con una blusa que tiene más huecos que tela. Se podían ver sus pezones erectos.

Nos fuimos a sentar justo al lado de mis amigos que ya estaban en plena acción. Mi esposa se dejó conducir no sé si porque todavía no veía bien, o por lo sorprendida que estaba de ir observando a todas las parejas de hombres teniendo sexo oral, o por los que se masturbaban descaradamente mientras pasábamos a su lado.

Me senté y la senté sobre mí. Ella se excitó muy rápido. Volteaba a ver la película y a nuestros amigos cogiendo como en casa. De pronto se sobresaltó cuando vio que con mi mano izquierda estaba acariciando la entrepierna de la mujer que estaba siendo cogida. Volteó y me vio interrogante. Yo solo le sonreí. Laura, mi amiga me tomó del mentón y me dio un beso profundo y húmedo. Ellas se quedaron viendo y mi mujer cerró los ojos y se concentró en su placer. Solo los abrió cuando presintiendo algo, vio como nos besábamos él y yo. Entonces se empezó a mover más rápido. Laura sin pensarlo, empezó a acariciar los pechos de mi mujer que no pudo o no quiso resistirse. Entonces pasó lo que yo tanto anhelaba. Laura besó a mi esposa en la boca y se excitaron tanto que de pronto las dos de manera sincronizada se pararon y prácticamente desnudas empezaron una danza de lujuria y sexo oral. También tallaban su clítoris intensamente.

Antonio y yo observamos un poco y decidimos hacer lo nuestro. Nos dimos un poco de sexo oral alternadamente y después le supliqué que me penetrara mientras veía a Laura hincada con la cara hundida en el sexo de mi mujer que casi lloraba de placer. Creo que la mitad de la gente nos veía mientras se masturbaban unos a otros o de manera solitaria. ¡Éramos mejor espectáculo que la película!

Antonio se cambió su preservativo y sin pedir permiso, penetró sorpresivamente a mi esposa que ahora era la que estaba hincada dando sexo oral a Laura. Yo quedé un instante solo. Cuando me empecé a masturbar, se acercó un tipo de regular aspecto y me pidió permiso para mamármela. Accedí. El placer que viene de otro siempre es mejor que el de la mano propia. Mientras llegaba a mi fin le acariciaba las tetas a Laura y nuestras lenguas se entrelazaban de manera feroz.

¡Orgasmo cuádruple! Estuvo genial, exclamó Laura ¿Repetimos?


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