El sentido prescindible (1º capítulo)

Por Yoga For Life
Enviado el 17/09/2016, clasificado en Amor / Románticos
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Me llamo Lucía y hace exactamente un mes que morí. Pululaba por la vida como un elemento invisible, a pesar de tener gente a mi alrededor que me hablaba; a pesar de poder escuchar, e incluso de sentir. Aunque estés muerto, puedes seguir viviendo. Jota nunca supo que me dio la dosis necesaria para poder volver a sentir lo que es la vida; y todo ocurrió tan de casualidad que me di cuenta de que la vida no está escrita, que yo era quien escribía mi vda. Y, un día, mi vida decidió escribir a la de Jota.

 

- ¿Qué vas a hacer al final con el trabajo?

- No tengo ni idea. A lo mejor sí me viene bien que me vaya una temporada - dije apoyando mi espalda en el respaldo del banco. Cuando Carmen me llamaba para quedar y charlar, sabía que iba a ser el momento más reflexivo del día. Hay veces que ni siquiera tengo ganas de eso. Hay veces que quiero que mi mente se calle, de encontrar esa paz interior de la que algunos hablan.

- Puede que te venga bien. Has perdido toda la ilusión, Lucía.

- Lo he perdido todo; y mira, aquí sigo.

- Porque eres fuerte.

- O porque es mucho más difícil salir de este mundo de lo que creemos.

- Vamos a salir esta noche Gonzalo, Martín, Bea y yo. Apúntate.

- ¿Para qué? ¿Para sentarme con una cerveza en la mano y ver cómo disfrutáis?

- No. A sentir cómo disfrutamos. A ver si se te pega algo...

 

Vivo sola desde  hace tres años en un apartamento aqluilado. No es muy grande, pero tiene todo lo que necesito. Hace unos meses, mis caseros me dieron permiso para hacer una pequeña reforma y pude tirar uno de los muros del salón para hacerlo más amplio y que quedara más abierta mi exposición de fotografía. Aunque ya ni las fotos conseguían llenarme.

Decidí salir con mis amigos. Martín me escribió para decirme que se alegraba por ello, que me iba a venir bien. No sé por qué la gente piensa en lo que le viene bien a los demás cuando, probablemente, ni ellos mismos sepan qué les conviene. No me apetecía arreglarme, así que me puse unos vaqueros, un jersey gris y unas botas. Cogí el móvil y vi que mi jefa me había llamado.

- ¿Luisa? Lo siento, tenía el móvil en silencio.

- No pasa nada. ¿Qué tal estás? ¿Has decidido algo?

- No puedo decirte nada definitivo, pero lo más probable es que me vaya. Hay una parte de mí que me lo está pidiendo a gritos.

- Quería comentarte una cosa. He decidio que elijas tú quién quieres que te sustituya. Carlos ya ha hecho una selección de currículos. Tienes tres para elegir.

- ¿Yo? Pero, ¿entrevistarlos, y todo eso?

- Estás perfectamente capacitada para ello, aunque no lo hayas hecho nunca.

- Está bien - suspiré - Mañana los echaré un vistazo.

- Puedes hacerlo ahora, si quieres. Los tienes ya en tu correo. Un beso, Lucía, y ¡anímate!

Colgué el teléfono y fui a la cocina a por un zumo. Me senté de nuevo en el sofá y encendí el ordenador. Fui directa a mi correo y allí estaban los tres documentos. Sin saber por qué, solamente me fije en uno de ellos. Hay veces en la vida que tienes tantas cosas alrededor que hay algo que te ayuda a elegir, algo que te indica exactamente qué es lo que tienes que hacer, apareciendo en un último momento para no dejarte solo. A mí, esa fuerza, esa energía o lo que quiera que sea, me hizo seguir viviendo por fuera, aun estando muerta por dentro.

"No tiene cara de llamarse José Ángel, la verdad..." pensé. Leí todos los trabajos de fotografía que tenía a sus espaldas. No estaba nada mal, pero aun no tenía mucha experiencia. Aunque eso no me importó.

 

Una hora más tarde me encontraba en el bar sentada con mis amigos. Martín estaba a mi lado.

- Tú estás guapa aunque no te arregles, eh...

- Martín, no empieces - le dije colocándome la mano sombre la cabeza; como si me hubiese invadido un insoportable dolor de cabeza.

- No puedes seguir así. Tienes que animarte, probar a hacer cosas nuevas. Apoyarte en nosotros, que para eso esamos.

- Estoy a gusto así. Nada más se puede derrumbar; sé que no puedo ir más abajo. Prefiero quedarme aquí.

- ¿Prefieres quedarte en el fondo que subir a la superficie y respirar?

- Aunque en el fondo no respire, mi vida continúa.

- Los días pasan por ti, Lucía; pero tú no pasas por ellos.

- ¿Y?

- Que, seguramente, te estés perdiendo muchas cosas.

- Las cosas verdaderamente importantes llegan solas, no hace falta buscarlas.

- Sin actitud tampoco creo que lleguen.

- Bueno, se acabó, Martín. ¿Crees que a mí me gusta estar así? Estoy hecha una mierda y no sé por qué, y estoy agobiada. Muy agobiada.

 

---

CONTINUARÁ.

 


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