Un amor prohibido

Por Lilo Lop
Enviado el 20/05/2013, clasificado en Amor / Románticos
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Esta es una historia de un amor prohibido entre dos personas, surgio poco a poco sin planearlo, tuvieron varios encuentros y este fue uno de ellos.

Porque ambos sabíamos que nuestro amor era prohibido, esa noche estábamos platicando por teléfono, realmente de temas interesantes pero poco a poco llegamos al tema de confort, lo que sentíamos uno por el otro. Desde aquella noche de  mayo que estuvimos juntos de hace un año, las cosas no volvieron a ser iguales entre ambos, nuestro lazo se hizo más fuerte.

El y yo estábamos enamorados, lo que sentíamos era un sentimiento que un ser humano con los prejuicios comunes jamás entenderá.  ¿A qué se debía ese sentimiento tan grande que teníamos? ¿A que nos conocíamos bien? ¿A que pensábamos de forma parecida? Fuese lo que fuese era algo hermoso entre ambos. 

Mientras platicábamos surgió una duda dentro de mí, por lo que le haría una pregunta de la que nunca habíamos hablado. Mi pregunta fue:

-¿Me amas? Sé que nunca habíamos hablado de esto pero me gustaría que respondieras sinceramente.

Por lo que él me contesto:

-Yo digo que si te amo. Pero te seré sincero no sé cómo definir el amor.

Y volví a preguntar:

-¿Estas enamorado de mi?

Y él me respondió:

-No sé, no quiero lastimarte más, es por eso que no se que sentir.

Ambos sabíamos que nuestro amor era prohibido, y tratábamos de darle la vuelta y ocultarlo pero al final nuestros sentimientos siempre salían a la superficie. Él no me estaba ilusionando, ya que yo sabía perfectamente como estaba la situación, y sabía que era imposible. 

Si en algún momento él no tuviera novia y me buscara; y yo no tuviera novio sin pensarlo me lanzaría a sus brazos, y aunque tuviera novio lo pensaría, porque estaba enamorada y él era más que un simple amor para mí. 

En cada conversación de nuestros sentimientos, el siempre me miraba fijamente a los ojos y me decía que solo me había hecho daño; después bajaba la vista hacia el piso por unos segundos y volvía a mirarme a los ojos preguntando:

- ¿Sabrás perdonarme algún día?

A lo que yo contestaba:

- No tengo nada que perdonarte, porque me has hecho feliz de muchas maneras.

Siempre le recordaba que no se culpara de todo, ya que había sido trabajo de ambos. Nos lastimábamos mutuamente, pero no era algo intencional, era algo que solo había surgido y no estaba en nuestros planes.  

Le daba mucha risa, pero de alegría saber la manera en que pensaba las cosas. No cambiaría por nada lo que habíamos pasado, a pesar el daño que nos hacíamos. Del amor sabíamos de su brutal existencia, mejor extasiados y heridos que a salvo vacios, era una frase que nos identificaba.

Pensar en tener una vida con él; pasar a su lado el resto de mis días, haciendo el amor locamente todas las noches. Sería la aventura de mi vida. Estábamos consientes de nuestra situación, pero no estaba mal divagar de vez en cuando, imaginando mil locuras.

Hablando por teléfono, comenzamos a reír y a bromear. Cuando de repente le dije hay que bañarnos juntos en la ducha, por lo que me contesto que fuera a su casa. No sabía si estaba hablando enserio pera la idea me encantaba. Solo el me hacía sentir cosquillas en mi estomago, me ponía nerviosa; por lo que decidí verlo. Nos quedamos de ver en un punto centro para ambos.

En cuanto lo vi en medio de la calle, lo abrace y caminamos a su casa. Entramos con cuidado de no despertar a nadie. En realidad solo estaba en casa su hermano, pues su mamá estaba de viaje. Me asustaba la idea que nos descubrieran, pero él me decía que no me preocupara.

Entrando a la ducha, nos miramos fijamente, y apague la luz, le dije que sentía pudor y comenzamos a reír. Prendí la luz  y él me dijo que quería mirarme a los ojos; era un momento donde las palabras no hacían falta y nuestras miradas se comunicaban. Podía entender todo lo que quería decirme si necesitad de hablar, era una conexión increíble la que teníamos.

Comenzamos acariciarnos. Sentir sus manos sobre mi piel era una sensación de tranquilidad y calma; saber que estaba con él, que estaba a su lado. “Esta noche es de nosotros” fue lo que pensamos, por lo que no importaba nada ni nadie, solo nosotros en ese momento. Fue tan hermoso hacer el amor con él mientras el agua caía sobre nuestras espaldas, nuestra respiración se aceleraba y nuestras miradas se encontraban. Sus ojos, sus sencillez, su voz, su manera de abrazarme, de tocarme, su forma de ser, su ideología, su forma de pensar, su espalda; todo de él me enloquecía, definitivamente yo estaba enamorada, y no era un amor pasajero.

Fue una noche esplendida pero tenía que llegar el momento de regresar a mi casa. Íbamos hacia afuera y nos dimos cuenta que había una fiesta, eran las 3 de la mañana; no podíamos irnos, nos descubrirían, así que decidimos subir al techo y tratar de brincarnos a la calle, pero la barda estaba demasiado alta, por lo que decidimos esperar. Nos acostamos en el techo y comenzamos a platicar sobre nuestras metas, deseos, anhelos, nuestros amores.

Hablamos de todo; él me conto de ella, se sentía mal por todo lo que le hacía, ya que ella no se lo merecía. Llevábamos un año tratando de luchar contra eso que sentíamos y nada resultaba, no sabíamos que hacer; y realmente yo también me sentía mal por lo que hacía.

También le conté de él, no era lo que buscaba. Le dije que éramos jóvenes y nos quedaba mucho por vivir, no habría que preocuparnos por el presente.

Dieron las 5 de la mañana por lo que decidimos brincarnos la barda, fue un momento con mucha adrenalina. Al acompañarme a mi casa nos despedimos y nos dimos cuenta que todo había terminado.  Más que alguien de quien estaba enamorada él era mi mejor amigo. 


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