El milagro genético - 4 Final

Por Pepe Ortiz
Enviado el 29/04/2011, clasificado en Ciencia ficción
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Su aspecto era totalmente diferente a como ella lo recordaba, las mutaciones le habían transformado totalmente el cuerpo, convirtiéndolo en algo indescriptible, algo que sólo se podía comparar con una bestia, un monstruo.
Milo poseía ahora una altura de más de dos metros, una imponente figura, como salida de un cuento de terror, que se posaba ahora frente a la atenta mirada de Lisa.
Ya no tenía una piel propiamente dicha, ahora su extraño cuerpo estaba recubierto por una coraza escamosa de un color verde oscuro, que le cubría desde los pies hasta la parte posterior de la cabeza, la cual ya no tenía ni rastro de pelo.
Los ojos eran mucho más grandes, pero también más alargados e inclinados, y eran totalmente negros, entregándole a Milo una mirada fría y sin vida.
Su nariz ahora sólo se limitaba a dos pequeños orificios, que apenas se veían en su rostro plano. Lo que más sorprendió a Lisa fue la frialdad de su rostro, esos ojos…
se dio cuenta de que debía reaccionar rápidamente, tenía que coger la pistola de plasma que reposaba en las manos de Ted.
Se incorporó rápidamente, era consciente de que intentar dialogar con Milo resultaría inútil, pues su mente en esos momentos no era más que puro instinto asesino.

Antes de que pudiera avanzar un metro, Milo ya se había adelantado, su velocidad dejó perpleja a Lisa, que volvió a salir despedida estrellándose con unas cajas cercanas.
No tardó en levantarse del suelo, no podía permitir ser atrapada por Milo, o todo acabaría, asique echó a correr.
Era difícil esquivar todas las cajas que le obstaculizaban la carrera, intentó hacer un rodeo para llegar a Ted con más facilidad. Podía escuchar los pasos de Milo detrás suya acercarse cada vez más, solo tendría una oportunidad.
Logró saltar por  encima de una mesa, estaba a unos pocos metros del cuerpo de Ted y de la pistola. Justo en el momento en el que podía alcanzar la pistola cayó al suelo, Milo le había agarrado el tobillo a duras penas.
En un intento de desesperación intentó arrastrase y extender el brazo para alcanzar el arma, pero la fuerza con la que Milo le agarraba no cedía ni un ápice. Las gotas de sudor cubrían el rostro de Lisa, quien empezó a propinar patadas con su pierna libre en el hombro y la cara de la bestia. Las patadas no cesaron hasta que por un segundo el híbrido soltó el tobillo de la extasiada científica. Tiempo suficiente para coger el arma y arremeter contra, Milo, el híbrido, el mutante, el milagro genético.
Un destello blanco luminoso salió expulsado del cañón del arma, impactando directamente en el pecho de Milo. Pero la coraza escamosa consiguió protegerlo lo suficiente como para que el impacto no fuese mortal. Lisa no cesó de apretar el gatillo, aprovechando el aturdimiento del monstruo. Siete fueron los disparos necesarios para acabar con él. Milo había muerto.

Al final el llamado “ Milagro genético” había resultado ser la peor pesadilla de su vida. El causante de la muerte de Ted y casi de la suya propia.
De nada servía el éxito y la fama obtenidas pues, el experimento, después de todo, había fracasado.


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