Sobre la Desaparición del Dodo

Por Avis
Enviado el 26/06/2013, clasificado en Drama
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Sobre la desaparición del Dodo (Pieza teatral)

Una resplandeciente sala de dimensiones titánicas con una piscina circular en el centro. Al fondo hay una mesa larga y dos sillas enfrentadas. Miles de animales forman un alboroto. Algunos corren, algunos se dan empujones y pelean. Otros se muestran nerviosos y hacen lo inimaginable para calmar sus nervios (golpear las pezuñas contra la pared, volar en círculos, dar saltos en el agua…). Ha llegado la hora del examen del que depende su futuro, no solo profesional, entendámonos. Por cada especie de animal hay un representante que, una vez oído su nombre, acudirá al frente y oirá la temida pregunta: Dime que has hecho para sobrevivir.

 

            DIOS y NOÉ, entrando desde el fondo.

DIOS: Buenos días a todos. Hoy no podré estar presente en la prueba debido a circunstancias personales (murmullos). Pedro tampoco puede venir hoy por no sé qué asunto de una copia de llaves (murmullos). Pero no os preocupéis. Noé (risillas) se ha ofrecido amablemente a hacerse cargo del examen. Recordad, no os pongáis nerviosos, no hagáis trampas y buena suerte a todos. Sale de la sala.

NOÉ: Buenos días. Bien, cuanto antes comencemos antes acabaremos. Ya sabéis la dinámica. (Se sienta en la mesa, saca una bota de vino del cajón y vierte el contenido en un vaso mientras lee un documento con indiferencia. Luego se quita la túnica quedando desnudo). El portavoz de los Mapaches, ¡A la palestra! (Bebe un sorbo de vino)

Se hace un espacio ante el avance del Mapache hasta la mesa. Se sienta nervioso e intimidado por un hombre desnudo bebiendo compulsivamente.

NOÉ: (Mirando impaciente al Mapache sobre el borde del vaso) ¿A qué espera? Adelante, no le voy a comer.

MAPACHE: No, no…Vale, pues mire usted, señor, nuestra especie ha conseguido adaptarse exitosamente a los nuevos tiempos. Quizás usted se acuerde de que cuando tuvo lugar aquella excursión en el transatlántico, los mapaches contábamos con un color verde fosforito. (NOÉ asiente, inseguro) Ya ve usted ahora mi color. (Mirándose las patitas y el vientre). Nuestro hábitat era totalmente distinto a nuestra llegada y hemos logrado cambiar el color para pasar desapercibidos en el medio. Reconozco que la cola rayada ha sido simplemente un elemento estético pero…

NOÉ: ¡Siguiente! La representante de los avestruces, suba. Mapache, puedes marcharte, sincero y conciso, la has clavado. Suerte en la próxima revisión, no os abandonéis a la pereza.  

Sale el Mapache y ocupa su lugar el Avestruz

AVESTRUZ: Buenos días.

NOÉ: (Impaciente, observando el fondo de la bota con el único ojo abierto) Sí, sí…Buenos días, venga al chollo. No tenemos tiempo para protocolos. El tiempo no descansa.

AVESTRUZ (Visiblemente afectada) Nuestra especie…ha sabido integrarse con la naturaleza. Tenemos largas patas que nos permiten correr velozmente por las llanuras. Nuestro también largo cuello nos es útil para otear peligros a distancia…nuestras garras están progresando adecuadamente para convertirse en un recurso infalible de defensa ante nuestros enemigos naturales. Además…

NOÉ: (De repente concentrado en su interlocutor. Se acaricia la barbilla con pulgar e índice, reflexionando. Guiña un ojo al ave) Tengo entendido que no podéis volar, ¿es eso cierto?

AVESTRUZ: (Que ya esperaba tal observación. Permanece tranquila mirando los ojos inquisitivos que lo observan y continúa) Además, señor, hemos dejado de volar porque no hay árboles que pudiesen soportar nuestro peso ni el de nuestros huevos. Para finalizar, quiero que de una vez por todas se destierre el rumor de que enterramos nuestras cabezas al sentirnos vulnerables. Lo que realmente ejecutamos es una acción de camuflaje. Ante el peligro situamos nuestra cabeza a ras de suelo, esperando que el depredador imagine que lo que tiene ante sí es vegetación, un arbolillo.

NOÉ: (Aún por convencer) Bueno, de acuerdo. Por esta vez pase, pero ya os podéis ir poniendo las pilas. ¿Me explico? Nada de dormirse en los laureles. La próxima vez no seré tan benévolo. ¡Siguiente! (Mirando la lista) ¡Dodo!

Una especie de paloma gigante se aproxima patosamente. Tras unos minutos intentando sentarse correctamente fija su mirada en NOÉ

NOÉ: ¿Listo? Cuénteme, Didus Ineptus (Risas generalizadas) ¡Silencio! Respeten a sus compañeros, por favor.

DODO: Esto, yo…¿Qué tengo que contar?

NOÉ: Ya sabe, qué ha hecho para evolucionar y sobrevivir a los nuevos tiempos.

DODO: Ah, sí…Bueno, somos aves pacíficas, comemos lo que encontramos por aquí y por allá. No hemos necesitado estrategias de defensa puesto que a lo largo de gran parte de nuestra existencia no hemos convivido con depredadores en nuestra cadena alimentaria.

NOÉ: ¿Así que tenemos aquí un vago?

DODO: No exactamente, señor. Nosotros estábamos tranquilos y un día aparecieron unos animales, con todo el respeto, parecidos a usted. En un abrir y cerrar de ojos nuestra población se vio reducida drásticamente. ¿Cómo íbamos a tener tiempo para evolucionar en tan corto espacio de tiempo?

NOÉ: (Divertido) Benditas excusas. Está usted sugiriendo que estos…animales, son la causa de su situación. ¿Me equivoco? Dodo, no sé qué voy a hacer contigo, (Leyendo unos datos del documento) pasaste por los pelos el anterior examen en 1523, pero esta vez, y lo siento de veras, tendré que suspenderte, es decir, darte de baja, vitalmente hablando.  

DODO: (Asustado) Por favor, señor, deme otra oportunidad, le prometo que haremos lo que esté a nuestro alcance. ¡Lo juro!

NOÉ: Dodo, cumplo mi deber, ni más ni menos. No hay segundas oportunidades. Adaptarse o morir. He ahí lo que hay. Has preferido dejar pasar tu vida y tu final estaba gestándose. Querido Dodo, no pasa nada, pero no hay vuelta atrás. Acéptalo y en paz.

El Dodo baja de la silla con dificultad y empieza a caminar hacia el fondo. Aún tiene tiempo para volver la mirada hacia Noé buscando una compasión que no encontrará. Sale.

NOÉ: Ya ven señores, el primer suspenso. Les advierto que vivir no es pararse a ver la hierba crecer. ¿Quién va ahora? La representante de las Ballenas, a la palestra.

 


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