DELIRIO IV

Por aleph
Enviado el 11/07/2013, clasificado en Drama
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CAPITULO V

 

Antonio empezó a llorar desconsoladamente, y Juan no sabía qué hacer si acercarse o quedarse allí mirando, optó por lo primero pero en ese momento Antonio le soltó, ni se te ocurra, no quiero lanzarme antes de tiempo. Y prosiguió hablando

 

…

 

La vida a partir de ese momento pasó de una manera deprisa ante mis ojos, todo mi mundo se desmoronó y empezó mi nueva vida, conocí a otra mujer y pasó lo más maravilloso del mundo, tuve una hija. La verdad es que le tenía que dar las gracias a Carla, porque gracias a romper me realicé como persona, solo me pasaba una cosa, que me quedé estancado, no supe evolucionar, me quedé como aquel que dice congelado en mis mismas manías, y el mismo trabajo y así pasaron los años, casi 20 años, hasta que la película se volvió a repetir. Mi mujer me dejó por otro y mi hija en la edad del pavo no quería saber nada de mí. 

 

Me hundí de tal manera que no sabía que entré en una tremenda depresión, y de nuevo Carla entró en mi vida. No sé si fue por casualidad o lo fui buscando, por intentar recordar aquellos momentos en los que me sentía feliz, empecé a buscar su perfil por Facebook. Y lo encontré. La verdad es que estaba preciosa, se había cambiado el pelo de color, de rubio había pasado a castaño, se veía más fuerte, más imponente que la frágil Carla que conocía.

 

Me enteré que había rehecho su vida y que seguí viviendo en Valencia, había aprobado una oposición y era feliz, eso sí no tenía familia. Sabía que tenía que intentar buscarla, pero lo cierto es que no sabía cómo dar los pasos. Así que me lancé a mandarle un mensaje.

 

“No sé si me recordarás, ni si quiera si fui algo en tu vida, pero si lo fui por favor quedemos en el jardín botánico, el día 1 de Diciembre a las 17:00 para volver a saber de nuestra vida, te espero en la fuente que se encuentra al lado de los viveros, el sitio donde empezamos”

 

No recibí contestación pero fui ese día un poco antes de esa hora, por si acaso se adelantaba, pero llegó las 17:00 y ella no vino, mi corazón en ese momento se contrajo, y supe que no iba a volver más a mi vida.

 

Cuando me disponía a levantarme, una voz me habló a mi espalda.

-        ¿No te acuerdas que nunca he sido puntual?

 

Era ella, su voz sonaba igual que hacía 20 años, igual de bella, igual de eterna que se insertaba directamente en el cerebro.

           

No sabía cómo actuar, si darle dos besos, darle la mano, menos mal que ella fue la que dio el primer paso y me dio los dos besos. Llevaba su antiguo perfume “Agua de Rosas”, es complicado explicarlo pero ese olor me trasportaba a esos momento juntos yendo de pub en pub, sin un duro pero disfrutando. Todo parecía un sueño, daba vértigo solo estar al lado suyo.

 

Empezamos a contarnos la vida, tal y como nos iba, que hacíamos, como nos había ido pero principalmente como éramos. Del café se pasó a la cena, después a las copas y por último a su cama. No estaba ya con nadie era libre, y parecía que ella seguía sintiendo por mí lo que yo sentía por ella.

           

Y así pasamos meses, más abocados a la pasión que a la realidad, igual de felices que cuando salimos y era maravilloso.

 

En aquel tiempo todo era bueno pero uno de los días estando en la cama los dos juntos Carla me miró y me hizo una pregunta que nunca debería habérmela hecho. ¿Confías en mí?. No me había planteado durante ese tiempo la confianza, para mí era como cuando empezamos, pero los fantasmas del pasado empezaron de nuevo sobrevolarme. Empecé a encerrarme a reprocharle por qué lo había hecho, a controlarla y a discutir, siempre a discutir y al final lo nuestro volvió a acabar de nuevo.


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