RECOBRANDO EL VALOR DE LA PALABRA

Por Claudia Arbeláez
Enviado el 03/08/2013, clasificado en Reflexiones
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Para muchos la palabra ha sido la flecha que se lanza y nunca regresa, ha representado la maldición, el hechizo y el engaño. Para otros, la palabra no alcanza a definir las cosas más inquietantes del universo, sus enigmas y secretos. Es verdad que la palabra es poco para expresar las sensaciones que surgen de la muerte y el dolor. Sin embargo, por tiempos también ha servido de conjuro, llamado, súplica, plegaria y oración. Es la palabra la que permite engrandecer el ritual, los momentos, las festividades y las caminatas de los hombres que cruzan senderos en noches de luna llena. La palabra reúne, alivia el llanto de los niños, alienta, acerca a los habitantes de unos y otros poblados sin importar la distancia; además es un espejo.

Hay palabras que calman el dolor, la ira y el desasosiego. Otras sirven como estimulantes de la creatividad, la locura y la alegría en hombres y mujeres de cualquier credo. La palabra es un remedio en horas de soledad, un aliciente en estados de zozobra o inapetencia, un abanico en tardes de sofoco.

La palabra es utilizada por el chamán, el sacerdote, el gurú, el maestro, el sabio y las parteras para curar, dar tranquilidad y ayudar a creer en nuevos arroyos para saciar la sed. Es sanación, fuente de gracias; puente entre la realidad y la imaginación, el presente y el futuro, el más allá y las paredes que separan nuestras casas.

La palabra importa cuando deja de ser simplemente una forma de comunicación para convertirse en una luz, una fuerza unificadora y atrayente. Con la palabra seducimos, realizamos sueños y afianzamos antiguos sentimientos entre los mortales. Por la palabra se recuerda al amigo y al que se ha ido corriendo a la eternidad. Por la palabra se conoce al verdugo, al ángel o al confidente, al sabio, al necio o al rufián, al artista o al señor de las canciones tristes.

Gracias a la palabra las cartas tienen respuesta, los libros se tocan, los descubrimientos vuelan hacia otras primaveras, los mensajes sobrepasan el infinito y las plegarias llegan a oídos de los dioses.

TOMADO DE: A MANERA DE INVITACIÓN.

 


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