DE VECINDARIOS y más

Por Claudia Arbeláez
Enviado el 30/08/2013, clasificado en Reflexiones
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De lo invisible a lo visible hay sólo una mirada,  mirada que acaricia y enaltece el mundo de lo creado y de lo intangible,  mirada que emblandece la súplica del hombre que vive en tinieblas,  mirada que cruza sosegadamente los vestigios del ayer para hacer resplandecer los deseos futuros.

La expresión de los ojos, la risa, el abrazo, tan cercanos a lo sencillo.  Y todavía crecen seres coartado sin la posibilidad de permanecer una tarde parados en el balcón soñando la historia de quien se tambalea sobre las carreteras, tirados en el sofá frente a la chimenea, sentados en el corredor viendo pasar la noche o simplemente, caminando por el centro de la ciudad con un veterano de la locura, después de tomar un vino.

 

            Hay quienes se pasan la vida buscando motivos que se ajusten a la intensidad de su lucha, pero no advierten cuan importante y definitivo es centrar su fortaleza en las cosas elementales e inherentes a la cotidianidad.

 

 

Después de develar la proporción de esa mirada en la piel que añora, siente y vibra, es posible cerrar los ojos y extender los brazos para elevarse sin tropezar.


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