El Bosque

Por Lope Moreli
Enviado el 04/09/2013, clasificado en Terror
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Hacía mucho frío y allí me encontraba yo, solo, perdido en lo más profundo del bosque. Pero ¿Cómo había llegado hasta allí? Me preguntaba una y otra vez, y es que de repente me encontraba perdido en ese inmenso bosque, y lo peor de todo es que no recordaba nada de lo que ocurrió antes, o dónde diablos me encontraba, antes de ir a parar en este lugar.

Miro al cielo, y solo atino ver unas pequeñas nubes que rodean la luna en estado creciente, el bosque esta oscuro y apenas consigo ver nada, saco mi teléfono móvil, pero, ¡mierda! Esta sin batería, así que me tengo que conformar con un mechero de gas, que llevo en uno de los bolsillos de mi pantalón. Continuo caminando y lo único que quiero es encontrar una salida, alguna carretera, algo para poder llegar a casa, sigo caminando por el bosque y veo una pequeña balsa, ahora al menos hay más claridad y gracias a ello, visualizo a mi izquierda un camino, que parece ser que llega algún sitio. Sin pensármelo 2 veces, voy directo hacía el camino, parece que hay algo de cuesta, pero continuo por ese largo camino. Después de unos 10 minutos de recorrido, llego a lo que parece ser una especie de Masía, ¡estoy salvado! digo en voz alta. Me acerco a una de las ventanas y pregunto con voz firme: ¡Hola! ¿Hay alguien? Por favor necesito ayuda, ¡Contestadme! Tenía una ligera esperanza de que alguien me abriera la puerta, pero no era así, al parecer no había nadie o no me escuchaban. Así que sin pensármelo, decido ir junto a la puerta y llamar, pero me doy cuenta de que no tiene timbre, así que utilizo una de mis manos, para llamar a la puerta, pero después de mi insistencia nadie consigue oírme, ¡mierda! Tendré que seguir buscando otra salida. Pero de repente la puerta se abre, y por ella aparece un hombre mayor, como de unos 80 años y mira a ambos lados pero, no consigue verme, me acerco a él, aunque es demasiado tarde, el hombre ya ha cerrado la puerta. No desisto vuelvo a llamar a la puerta y esta vez el hombre sí que abre al momento, pero vuelve a cerrar la puerta. Yo indignado grito, ¡pero qué demonios! Porque me cierra la puerta este viejo, y vuelvo a llamar, pero esta vez aporreando la puerta, y exigiendo que me abra la puerta, que tengo frio y quiero volver a casa. El hombre vuelve a abrir la puerta, y viene acompañado de un tronco de madera, y grita: ¡Sinvergüenzas! ¡Como os pille pequeños gamberros! Y volvió a cerrar la puerta. Me quede helado, ya se lo que pasaba, no es que el hombre no me viese, ni que tampoco fuere ciego, lo que pasaba estaba claro, el hombre no me veía porque yo no existía para él. Sí, yo estaba muerto y ahora era un alma en pena.   Desde entonces todas las noches vago por el inmenso bosque buscando el camino de vuelta a casa. 


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