Relativa reciprocidad de la razón

Por Ferngully
Enviado el 12/09/2013, clasificado en Reflexiones
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Haciendo un alto en el camino cogí aire y miré hacia atrás.

Pese a que el camino recorrido había sido mucho, aún quedaba mucho más por recorrer, puesto que aún era capaz de distinguir el comienzo de aquel viaje difuminado por la bruma de toda una vida. Aquel desfiladero que tuve que atravesar de rocas traicioneras, las arenas movedizas que me consumieron en un letargo de algunos años y que al final terminaron por aprisionarme hasta casi impedirme respirar. Recordaba aquellas dificultades con cariño, puesto que me habían dado la experiencia suficiente para enfrentarme con otro talante a los infortunios y múltiples moralejas que estaban por llegar.

Y frente a mí, la inmensidad del infinito en forma de un mar inescrutable, como hechizante es la liberación esperada. El cielo, con un intenso azul de daltónica esperanza, calentaba mi alma cansada y me invitaba a sumergirme en aquel mar sin plantearme el cómo ni por qué, pero sabía que si me lanzaba desde aquella altura causaría mucho daño porque desconocía qué habría bajo su plácida superficie, ni qué bellas criaturas asustaría como mi chapuzón y saldrían huyendo hacia lugares escondidos y distantes perdiendo la oportunidad de saber de su existencia.

Tras un suspiro, aupé la mochila de mis recuerdos y proseguí alegre mi camino deseando que con paciencia, aquella senda fuese aproximándome poco a poco a ese mar cristalino pero nebuloso en el que podría, algún día, adentrarme con sosiego.

Cuando es difícil saber si eres parte del problema o de la solución a este, todo es tan relativo que, a veces, es mejor destruir y empezar de cero para poder crear algo mejor.


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