Lía y Carlos

Por Ontanaya
Enviado el 25/10/2013, clasificado en Adultos / eróticos
8846 visitas

Marcar como favorito
Relato patrocinado por:
MiPlacer.es - tienda erótica orientada a la sexualidad femenina
Envíos rápidos y discreto a España Peninsular. Asesoramiento, buenos precios. Compra con seguridad y confianza.

No podía apartar la mirada de su cuerpo. Era perfecto y ahora tenía una vista perfecta de él desde el sofá donde se encontraba.

Natalia, o Lía como él la llamaba, estaba frente a ella en ropa interior.

Llevaba un conjunto sencillo pero que resaltaba sus pechos de una manera significativa. Los unía haciendo que se besasen entre ellos y daba el efecto de ser más turgentes de lo que ya eran.

El culote hacía que sus caderas fuesen más sugerentes y llevó las manos hacia ellas.

Lía le miraba fijamente. Seria y sensual.

Al notar el tacto de las manos de Carlos en sus caderas un calor recorrió su cuerpo posándose en su entrepierna y haciendo que su respiración se acelerase.

Por su parte, Carlos notaba como el bulto de entre sus piernas se iba endureciendo. Ver como el pecho de Lía subía y cómo ésta se excitaba a causa de su contacto hacía que a él le ocurriese lo mismo.

Ella se inclinó sobre él buscando sus labios.

Ambos ardían y se empezaron a devorar.

Sin esperar mucho más, Carlos la atrajo hacia él y la sentó encima suya. Él recorría su espalda con sus manos que bajaban hasta sus nalgas. Las cuales, en cuanto tuvo en su poder agarró con fuerza.

A su vez, Lía tenía una de sus manos agarrando el pelo de Carlos mientras con la otra recorría el pecho desnudo acariciándolo hasta que notó como Carlos agarraba sus glúteos los apretaba. Los movía. Hacía círculos con ellos y hacía presión contra su pene.

Esto provocaba que Lía se estremeciera más. Dejó escapar un jadeo en la boca de Carlos y clavó sus uñas en el pecho de Carlos.

Ambos comenzaban a sentirse extasiados. Se regalaban suspiros y jadeos en la boca del otro.

Habían creado un sabor único. La mezcla de sus salivas cuando sus lenguas se unían era increíble.

Carlos subió su mano derecha por la espalda de Lía hasta dar con el broche del sujetador y quitarlo.

Lía dejó un momento de tocarle para quitarse el sostén y dejar libres sus senos.

Aunque sólo estuvieron libres unas milésimas ya que la boca de Carlos rápido fue a ellos para regalarles caricias, pequeños mordiscos y succiones.

Mientras Carlos hacía eso, Lía se movía al son antes marcado por él. Estaba excitada. Húmeda. Apenas conseguía mantener los ojos abiertos  para mirar a Carlos mientras le proporcionaba ese placer en sus pechos que hacía que como un rayo cayese en su sexo.

Lía se levantó un poco e intentó bajar los calzoncillos de Carlos. Y éste viendo ya sus intenciones se levantó un poco para facilitar el trabajo a Lía.

Su pene salió exultante. Estaba duro y preparado.

Lía apartó a un lado sus braguitas y lentamente fue introduciendo el pene en su húmedo sexo. Mientras lo hacía, se mordía el labio inferior y contuvo el aire hasta que el pene erecto de Carlos se introdujo por completo. Tras eso, ambos se quedaron disfrutando de esa sensación. Dejando que ambos cuerpos se fuesen aclimatando a esa maravillosa sensación que ambos conocían muy bien.

Lía le cogió del pelo y tiró de su cabeza para atrás. Quería verle la cara mientras follaban.

Empezaron a moverse, buscando su ritmo y cuando lo encontraron según iba creciendo su excitación también lo hicieron sus movimientos.

Carlos estaba cerca de correrse pero aún no quería. Quería alargar el placer. Así que disminuyó el ritmo y acercó a Lía para besarla. Y mientras la besaba, se levantó del sofá con ella pasando sus piernas por su cintura y empezó a follarla así. Con esa postura ambos sentían bastante placer pero era bastante agotadora.

 

Tras estar un rato en esa postura, ella se bajó y le dio la espalda. Él le acercó a ella y mientras se besaban, con su mano acariciaba y estimulaba el sexo de Lía.

-          Mmm… -gimió Lía- Fóllame Carlos.

Y sin más palabras, inclinó el tronco de Lía y la abrió las piernas. La penetró y empezó el baile de nuevo. Ambos empezaron a gemir. Lía debía agarrarse al sofá para no poder el equilibrio. Notaba como sus piernas empezaban a flaquear y dejándose llevar, se corrió.

Unos segundos más tarde, lo hacía Carlos.

Ambos agotados, sudados y sin fuerzas, se tumbaron en el sofá juntos regalándose un sinfín de besos.


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Ellas buscan... MiPlacer.es
TvReceas - Videos de recetas de cocina Haz tu donativo a cortorelatos.com