LAGRIMAS EN EL PARAISO

Por Oscar Cerezo
Enviado el 05/11/2013, clasificado en Drama
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Sus pesadas botas de color negro le habían llevado bajo un paso lento y tosco frente a esa puerta de dos hojas de herrumbre forjada a mano,  se encontraba algo oxidada pero con detalles y cabriolas que hacían que aun mantuviese su encanto aun llevando en ese lugar mucho tiempo ya, si pudiese hablar contaría tanta tristeza e historias tan desgarradoras que ningún mortal sobre la tierra podría evitar derramar lagrimas de dolor verdadero…dolor como el que sentía él ahora…en ese momento.

Intentando buscar el valor necesario alzo la vista al cielo, quedando completamente cegado por la intensa lluvia que estaba cayendo también sobre él, las gotas golpeaban sus parpados y arrastraban las lagrimas que era incapaz de contener dejando un sabor salado sobre su boca, sabor que le era muy familiar de unos días a esta parte, el cielo parecía llorar con lagrimas de pureza, el golpeteo sobre su cara le hacía sentir que ese atardecer oscuro le mostraba un asentimiento de resignación y lo envolvía en un frio y húmedo abrazo que le calaba hasta los huesos.

La palabra –Cementerio- se dejaba leer en lo más alto de la centenaria puerta de oxidada forja y de nuevo sus pesadas botas le indicaron el camino que debía seguir. Debido a que era ultima hora de la tarde y la intensa lluvia todo lo bañaba, el Campo Santo se encontraba completamente vacío, caminó dejando a ambos lados lapidas llenas de flores, esquelas emotivas y fotos que recordaban quien descansaba en ese lugar, detuvo su caminar al percatarse de que en su camino había una rosa de color sangre, tenía un color tan intenso que daba la sensación que podría mancharte con la caricia de uno solo de sus pétalos, se acuclillo y bajo un profundo suspiro dejo que la rosa no solo le acompañase en su recorrido , si no que la dio cobijo entre sus mullidos dedos ofreciéndola así la mayor comodidad que en ese momento podía ofrecerla.

Después de recorrer varios metros en compañía de una fría lluvia y una rosa de intenso color, se detuvo ante una lapida sencilla pero elegante, solo con ver sus formas redondeadas y el color cálido elegido para el mármol de esa sepultura ya le recordaba a ella.

Se mantuvo allí de pie, quieto y en silencio durante unos minutos, pensando en el aspecto tan lamentable que debería tener… ¿qué hubiese pensado ella de haberle podido ver? Miro la rosa que portaba entre sus manos y la dejo suavemente, como si fuese una de esas caricias que tantas veces la había brindado en vida, y allí quedo posada como si flotase, sobre su nombre y la fatídica fecha que recordaba el día que partió dejando aquí todos sus sueños y al amor de su vida, que ahora lloraba sin consuelo, encogido por dentro de tristeza y consiguiendo a duras penas mantenerse firme frente a ella.

Su desgarrado llanto no le dejaba articular palabra, solo su congoja era audible a través de su garganta que le hacía coger aire para poder expulsarlo convertido en sentimientos de dolor y pedazos de su alma rota.

“Hola cariño…” atinó a decir tras respirar con fuerza en varias ocasiones “…no sé si me echaras de menos allí donde estés, en mi día a día de soledad no hay un solo segundo en el que no estés presente…despierto en la oscuridad de nuestra cama con lagrimas en los ojos recordando cuanta pasión y amor verdadero nos entregábamos en ella hace tan solo unos días, te busco con mi mano y solo acaricio vacio, susurro tu nombre para sentirte más cerca de mi…recuerdo tus sueños, proyectos y viajes,  recuerdo que citabas que querías ir al paraíso y espero que sea allí donde estés, porque si no jamás podre perdonarme lo que paso, saber que todo esto lo provoque yo me consume por dentro y me abraso con mi propia tortura de culpabilidad, cometí un error y por eso te perdí, te has marchado y nada puedo hacer para que estés conmigo, sé que no volverás y que tendré que recorrer solo el camino que iniciamos juntos de sueños e ilusión convertido ahora en negra tristeza y descarnado dolor…Te Quiero tanto…tanto” sus rodillas dejaron de sostenerlo clavándose estas en la tierra mojada convertida ahora en barro, poso sus manos sobre el frio y mojado mármol y pidió disculpas con palabras apenas entendibles “lo siento mi amor…lo siento, perdona mi fatal error y recuerda que siempre te amare, todos los días de mi vida…prometí protegerte y ni si quiera eso supe hacer, lo siento, lo siento…lo siento” sus palabras quedaron ahogadas por sus lagrimas y llantos de demente desesperación, como pudo se levanto lentamente, cogió nuevamente la rosa que anteriormente había dejado reposar con tanto mimo, se la acerco a los labios,  cerró los ojos y la beso con la misma suavidad y ternura que se besa a un recién nacido, se dejo sentir por unos segundos mientras los recuerdos de su amada fluían a borbotones en su cabeza, un pequeño sonido al separar sus dos labios dio por concluido el beso dejando así reposar nuevamente la rosa sobre su nombre mientras lo acariciaba con la yema de sus dedos, trastabillo mientras daba un paso atrás y giro sobre sus talones, emprendió la marcha ahora solo acompañado de la fría lluvia que hacía que todo su cuerpo se conservara mojado y frio.

Cruzó de nuevo la puerta de doble hoja esta vez con dirección a la soledad de los días sin ella, cogió la mano de su nueva amante la tristeza y continuo caminando con la imagen de su único y verdadero amor en su pensamiento y un solo sentimiento, Te Amo.

Oscar Cerezo    02-11-2012


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