Maneras de morir

Por Ontanaya
Enviado el 20/09/2012, clasificado en Adultos / eróticos
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He pensado cientos de veces como sería morir y después de tanto pensar resulta que he muerto sin más. Sin pena y sin gloria. Ni de forma trágica tan siquiera. Hasta mi muerte ha tenido que ser ridícula. 

Verguenza me da hasta mencionarlo pero... bueno, digamos que morí atragantada. Atragantada por culpa del gilipollas de mi novio que se me corrio en la boca sin avisar. 

Pero mejor contarlo desde el principio.

Llevábamos 2 semanas sin poder tener sexo cuando por fin conseguimos librarnos de todas nuestras ocupaciones, amistades y familiares. Habíamos decidido pasar un fin de semana en una casita rural en la sierra de Madrid.

Nada más llegar, nuestra pasión se desató en un horrible cansancio por el viaje que pese a vivir relativamente cerca de aquel pueblecito nos habíamos comido dos horas extra de atasco. Por lo que nos tiramos en la cama a descansar un rato y sin querer me quedé dormida. Me desperté a las tres horas y al no ver a mi novio a mi lado me levanté para buscarle. Estaba en el pequeño salón sentado en el sofá contemplando el fuego de la chimenea.

- Hola cariño.- Le dije- ¿Has dormido algo?

- Sí. Pero sólo una horita. Tenía pensado hacer otra cosita...

Su voz ya denotaba qué era esa cosita. Esa cosita que los dos habíamos ido a buscar a esa casita rural.

Tanto a él como a mí siempre nos ha gustado mucho el sexo oral y entre nuestras posturas más practicadas se encontraba el 69. Mmmmm 69... Pero el caso es que también nos iba un poco el rollo dominación - sumisión y yo me había llevado mis esposas y mi fusta de montar a caballo para utilizarlo y enseñar a mi chico quien mandaba.

Me acerqué a él y me puse encima de sus rodillas y nos comenzamos a besar. Nuestros cuerpos se empezaron a calentar y no solo por el calor que irradiaba la chimenea así que le dije que esperara un momento que iba a ir al dormitorio a cambiarme.

Fui corriendo como una bala y tras una ducha rápida al cuerpo, me sequé y me puse un conjunto de encaje negro que se adaptaba perfectamente a mi cuerpo y realzaba mi figura. Sobre todo el sujetador que tenía push up y me levantaba mis ya firmes pechos y los juntaba aún más el uno junto al otro haciéndo que a cualquiera le entraran ganas de meter su cara entre medias.

Las braguitas otro gran acierto. Siempre me ha gustado más insinuar que enseñar y así también dejar paso a la imaginación que creo que con el tanga no se consigue de la misma manera.

Me puse para acompañar el conjunto unas ligas también negras, con unas suaves medias y unos zapatos con unos tacones de infarto.

Como último complemento, me puse un pequeño antifaz también de encaje que sólo me cubría los ojos y la nariz. Y mi larga melena negra y ondulada, suelta.

Me mire en el espejo. Estaba sexy. Y se me veía más sexy y autoritaria con la fusta en la mano.  Me gustaba la fusta. Me golpeé con ella varias veces en la mano, me la pasé entre mis pechos y fui bajando por mi vientre hasta llegar al centro de mi placer. Me pasé la fusta varias veces mientras me miraba en el espejo. Yo sola me estaba excitando y casi se me habían quitado las ganas de salir del dormitorio pero no es lo mismo una fusta que un pene grande y duro. Así que al salir, mi novio se giró para verme y sólo decir que poco le falto al pobre para que se le descolgara la mandíbula de la cara. 

Me gustaba haberle dejado sin palabras. Me acerqué a él por detrás del sofá despacio, caminando sexy, moviendo la fusta y golpeando de vez en cuando mi mano con ella. Y como no, mordiéndome el labio inferior. Eso le volvía loco.

Él seguía sentado y yo me puse detrás de él. Mi novio alzó la cabeza para mirarme y yo me agaché hacia él para darle un beso corto pero húmedo. Sacando mi lengua y recorriendo sus labios. Me aparté sin que se lo esperara y le sonreí maliciosa.

Me puse frente a él y con mi fusta le fui señalando que prenda de ropa se podía ir quitando hasta que se quedó en calzoncillos. Unos boxer grises que ya dejaban ver su enorme erección. Por entonces yo ya estaba bastante excitada y me dejé llevar por mi impaciencia así que, le dije que se levantara y de esa forma quitarle yo misma aquellos boxer y liberar su precioso pene que pedía a gritos una compensación por aquella larga espera en la oscuridad cuando él sólo quería estar libre para esconderse donde él quisiera.

Por lo que ambos en pie, mirándonos él uno al otro, nos acercamos y nos dimos un largo beso en el que él me cogió del pelo y me tiró para atrás con una mano mientras que con su otra mano agarró mi culo y me apretó contra él para que notara entre mis piernas su maravillosa erección. Aparté mis labios de los suyos y empezé a besarle, lamerle y darle pequeños mordiscos en el cuello, el pecho, el abdomen y cuando llegué a su zona caliente, paré.

Exhaló un suspiro conteniendo. Mi pobre novio estaba por reventar y yo lo sabía pero me encantaba hacerle sufrir. Alcé la mirada hacia él que me miraba al mismo tiempo impaciente y me rogaba con sus ojos que acabara ya con ese sufrimiento tan excitante que le estaba provocando.

Así que le baje lentamente los calzoncillos hasta sus tobillos y su pene salió ansioso.

Me mordí los labios. Como alguien podía tener semejante pene. Era perfecto. Largo y grueso. Un placer para mi entrepierna y para mi boca. 

Empecé a besarle el pene, de arriba abajo y acontinuación lo fui mezclando con lametones. Como si un helado se estuviera derritiendo. Maravilloso. Y más aún cuando me la introduje en la boca. Que placer. Mientras saboreaba aquél dulce manjar yo también me empecé a tocar y he de reconocer que llegué antes que él así que me después de correrme yo, me dediqué por entero a él. Mi boca estaba en el paraíso. Me encantaba el sabor de su pene. Empecé a notar sus pequeños espasmos antes de correrse así que miré hacia él para que me confirmara que ya se iba a correr para apartarme pero puesto que me negó con la cabeza entendí que aún no se correría así que empecé a chupársela con más energía, más fuerza cuando de repente se corrió y con ello, sus queridos espasmos que sólo provocaron que me metiera más su semen y su pene por lo que me aparté enseguida y me puse a toser como una loca. No sé cuanto estuve tosiendo puesto que al poco tiempo me desmayé y ya no recuerdo nada.

Ahora estoy en un sitio que no sé si es el cielo o el infierno pero tengo puesto mi maravilloso conjunto y la mandíbula desencajada.


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