FIEBRE

Por Oscar Cerezo
Enviado el 08/11/2013, clasificado en Varios / otros
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Miedo y Orgullo

Se despertó a altas horas de la madrugada empapado en su propio sudor, era un sudor frio que  le calaba hasta los huesos y provocaba que tuviese el pelo más que mojado y completamente revuelto. Sabía lo que le ocurría pues no era la primera vez que pasaba por esa situación aun contando con pocos años de vida, pero sintió miedo, esa sensación le angustiaba y aterraba por igual, su Padre le había advertido de la posibilidad en su despedida de buenas noches, tras un beso esponjoso en sus mofletitos  de niño,  que le podría subir  la fiebre debido a las molestias de su garganta. Se desarropo encontrando su pijama pegado a su piel, el frio que le recorrió todo su cuerpo le hizo encogerse y comenzar a tiritar sin poder hacer nada por evitar dichos temblores, caminó descalzo y a oscuras por el corto pasillo hasta llegar al dormitorio de su Padre donde lo encontró en un estado de duerme vela que hizo que abriese los ojos antes de que el niño pudiese solicitar su ayuda, “…Papi, tengo mucho frio” dijo con  voz suplicante y entrecortada. Su cuerpo no dejaba de temblar pero ahora estaba tranquilo, ese miedo que lo había visitado durante la noche ya se había marchado, el encontrarse arropado hasta el cuello, sentir el protector abrazo que apretaba su pequeña y húmeda espalda contra el pecho de su Padre y notar su respiración acompasada junto a su oído le daba la paz que necesitaba, aun sintiendo que los temblores  le sacudían su frio cuerpo atino a decir ya con los ojos cerrados “que a gustito que estoy” el orgullo que sintió por su padre le hizo retornar a los brazos de Morfeo sin preocuparle ya nada más.

Preocupación y Sacrificio

La despedida de buenas noches no fue más que un gesto tranquilizador que daría  inicio a  lo que las horas nocturnas aun estarían dispuestas a traer, varias visitas al dormitorio donde su pequeño hijo dormía hacia apenas un par de horas y tras tocar su mojada frente le bastó para saber que sería una noche larga. Observo su empapado pelo y lo acaricio hacia atrás consiguiendo tan solo con ese gesto que quedase irregularmente despeinado, continuo su caricia por la espalda del pequeño notando que también su pijama estaba húmedo, un acto reflejo le llevo a apartar ligeramente una de las mantas, preocupado y echando la vista a tras abandonó ese dormitorio para dirigirse al suyo, intentaría descansar algo antes de que las fuertes fiebres dominasen la cabeza de su pequeño. Unos pesados pasos sobre el frio gres lo sacaron de sus intranquilos sueños, la fiebre había llegado y con ella la presencia de su hijo ante él, la oscuridad que ahora inundaba la alcoba solo mostraba sombras,  la débil luz artificial que provenía de la calle entraba ahora por los orificios de la persiana que no estaba cerrada por completo, aun así reconoció perfectamente la silueta de su hijo la cual se encontraba cruzada de brazos y algo encogida, se incorporo apoyando una de sus manos sobre el colchón mientras escuchaba como en susurros su pequeño le informaba del brutal frio que le azotaba su infantil cuerpo, el simple gesto de apartar las mantas hizo que sin dudarlo el enfermo febril buscase cobijo bajo ellas, arropo su cuerpo de ovillo y lo rodeo con uno de sus brazos mientras lo abrazo con fuerza contra él, buscando que su pecho quedase presionado contra la húmeda espalda de su pequeño y poder darle así el calor que necesitaba, noto que los temblores aminoraban y finalmente su respiración le informaba que dormía de nuevo. “¿quieres irte a dormir a tu cama?” le pregunto a su hijo por el que velaba despierto y en el que había notado que también había roto con los lazos del descanso “No”…”Me quiero quedar aquí contigo” le respondió algo más sereno, “El que tú te quedes a dormir aquí hijo, hará que yo no pueda pegar ojo” le dijo con un aire más desenfadado, el pequeño asimilo lo que había escuchado y respondió escuetamente “vale, me iré a mi cama” fue tal la nobleza y sinceridad que encontró en esas palabras que le respondió “No hijo…no hace falta que te marches, quédate aquí conmigo” a lo que acompaño con un fuerte abrazo y un beso en su frente ahora fría. Finalmente y con las últimas horas de la madrugada consiguió que su descanso caminase por fin junto al de su hijo que hacía tiempo ya transitaba por ese sendero.

Oscar Cerezo


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