DESDE AQUÍ ARRIBA

Por Galaecia
Enviado el 22/11/2013, clasificado en Drama
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Desde aquí arriba todo parece más fácil, quizás se deba a ese pequeño espacio que nos separa.

¿Quién lo diría verdad? Yo creyendo en el cielo, ese lugar que te aleja de mí, que abrió sus puertas para darte cobijo. Déjame decirte ¿Qué aún no se por qué? Entre nosotros, nunca te faltó cariño, ¡no entiendo! Tanto libro escrito, pero ninguno habla, de cómo calmar el dolor que se siente en el alma cuando una persona a la que necesitas, se va para siempre.

Te preguntarás como he cambiado tanto, pensar las veces que me has obligado acompañarte a la iglesia, las peleas y berrinches que me cogía por tener que asistir a ese lugar, pasar veinte minutos, escuchando a un tipo decir palabrerías. A la salida, de regreso a casa me regañabas por hablar y reír con mis amigas durante el responso.

Aquí me tienes imaginando, inventando una historia que disfrace mi dolor, una historia donde no sea necesario llorar, que me haga sonreír cada vez que pienso en ti, que me mienta y yo me lo crea, que susurre en mi oído que estás bien y que no te has ido del todo. Porque eso es cierto, lo siento, las paredes de esta casa mantienen intacta tu persona. A la noche, mientras todos duermen, el sonido de tu voz sale de su escondite, siento una fría y suave caricia sobre mi mejilla humedecida, de tanto llorarte, mi cuerpo se estremece. Me despierto alterada, camino entre las oscuridad buscándote, sobre mis hombros llevo tu chal, aquel que tú hiciste y que nunca te quitabas, cuando lo siento sobre mi cuerpo, es como si tú misma me abrazaras. Lo peor, es darme cuenta que nada es real, tener que volver a llorar sola y en silencio, acurrucada en una esquina recordando aquella maldita noche. Te pedí a gritos y entre sollozos que no te fueras, que no me abandonaras, todo intento de convencerte resultó nefasto.

Desde este lugar, el mundo se ve pequeño. Si extiendo los brazos casi puedo tocar el cielo con mis manos, el canto de las aves se convierte en melodía, el ris-ras que producen las ramas entrecruzadas de los pinares me arrullan, el viento me pega fuerte en la cara. Me siento tranquila, desde aquí arriba el dolor duele un poco menos y mis ojos han pasado muchos días y muchas noches desvelados. Ahora me duermo por primera vez en mucho tiempo.


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