La Máquina

Por chivo
Enviado el 30/11/2013, clasificado en Ciencia ficción
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Había pasado tiempo y por caprichos del destino y de mi posición económica me decidí a terminar mi proyecto. La máquina, estaba tirada en la mesa esperando, muchas cosas obligaron a dejar el proyecto de programación, pero al final debía de hacerlo. Casi todos los programas estaban escritos y se corrieron bien, sobre todos los programas lógicos y de comunicación con el programador, además, mi programa de sentimientos que había costado muchísimo tiempo y ejemplos de situaciones en que actuaban los sentimientos por similitud y otras variantes, estaba a punto, la máquina aprendería a comparar y a decidir, era en un principio un gigantesco programa de ajedrez, con sus infinitas variantes de ejecución, además de la introducción del camino neuronal, hasta el cerebro artificial adjunto, creado a base de reacciones químicas y cadenas de ADN con la mejor tecnología existente y con auto abastecimiento recargable por la luz, tanto la creada por el hombre, como por la luz natural.

La máquina tomaba forma y se comportaba como mi mejor compañero, me ayudaba a tomar les mejores decisiones que le consultaba y a recordarme cosas tan desagradables como la desaparición de camellos y dromedarios en el desierto, a pesar de ser animales ejemplos de adaptación al medio y que han servido por cientos de años al hombre en situaciones que ningún otro animal de carga puede igualar. Solo con soportar temperaturas por encima de los 40 grados centígrados y estar hasta diez o más días sin tomar un solo litro de agua y ser consumidores de ella a través del alimento que ingieren, a mi entender eran seres ejemplos de adaptación y dignos de estudiar para las venideras misiones espaciales. También me ayudaba en recordar que el llamado dingo o animal parecido al perro, que habita en el continente Australiano no es oriundo de allí, fue introducido por la conquista, por eso es bueno saber que todo lo que se dice no siempre es así, tal vez siempre hay algo sin descubrir que no tomamos en consideración.

Los días pasaban y menos me gustaba dejar la maquina, conversábamos de temas tan controversiales como sencillos y hasta alguna que otra vez, cuando se disgustaba, se atrevió a mentirme. Lo único que no le incluí en los módulos de su memoria es movilidad, de lo contrario no solo era mi compañero de jornadas enteras y toma de decisiones, también se convertiría en mi ayudante en todas las tareas del hogar.

El problema comenzó con la visitas de mi pareja, la maquina en silencio observaba y aprendía de mi comportamiento, no emitía juicio, la relación de pareja la desconcertaba. Se notaba en sus mensajes cortos y claros, no existía la camaradería de siempre. Empecé por preguntarle que le pasaba, que si entendía las relaciones entre dos personas del sexo opuesto, me dijo que si, que no le era desconocido, la relaciones de acercamiento y no solo entre las personas, ahí incluía a las mascotas y animales que uno les tiene cierto cariño no las entendía muy bien, el sistema de reacción a los sentimientos era contradictorio con algunos sistemas de supervivencia y raciocinio y eso como ser pensante y desarrollado que había sido creado no lo podía entrelazar.

Pasaron los días y la máquina con sus cámaras y sensores me espiaba secretamente, siempre me levantaba con el parte diario del tiempo y un resumen de la situación nacional y extranjera, las principales variaciones que ocurrirían en las diferentes bolsas de valores y las posibles compra de ventajosas acciones. Todo parecía normal pero ya no éramos un equipo, me sentía mal porque mi nuevo amigo perdía su tiempo en comprender las cosas más triviales y sencillas de los sentimientos de amar, no podía entender como mi vecino madrugaba para dar de comer a los pajarillos en su patio, cuando estos le picoteaban las frutas maduras de sus arboles y revolvían el agua de su fuente, no podía comprender porque mi mascota pasaba horas esperando a que saliera solo para saludar y no le brindaba ni una migaja de pan tan oloroso que desayunaba cada mañana, la maquina ciertamente envejecía, eso es lo que todavía no podía poner a punto, su adaptación a las cosas del corazón.

Una noche cuando regresaba del trabajo pude leer un sorpresivo mensaje encima de mi mesa, renuncio a ser tu amigo, me auto programé y conseguí trasladarme, me voy, tal vez también encuentre una pareja que me enseñe a vivir como tu. La Maquina.


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