Como el fuego que arde.

Por Diana Barrón
Enviado el 18/12/2013, clasificado en Amor / Románticos
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Como el fuego que arde.

Las llamas que encendimos empiezan a extinguirse, y lo que una vez fue algo que podía cobijarnos solo quedan cenizas que se escurren en nuestras manos.

Jugué con fuego, lo admito, y me quemé.

Me recuestó en la fría habitación, abrazando mi temblorosa piel mientras ahogó un grito que quema mi garganta. Cierro los ojos, añorando tu presencia a mi lado. Pero era una presencia que lastimaba,  que no era para bien...que quemaba.

Empiezo a ahogarme en mis propias penas, así que me incorporó y doy vueltas por la habitación para relajar mis músculos.

Esta habitación, que una vez fue nuestra, me trae recuerdos.

La primera vez que estuvimos juntos, y prometimos amarnos tanto que nadie dudaría de lo que sentiríamos. Sellamos esa promesa con un beso. Pero ahora veo lo ingenua que fui, dejarme llevar por tus promesas vacías de amor y tus besos que cubrían mi piel para cegarme de la realidad.

La realidad fue que dejaste de amarme, o quizá jamás lo hiciste.

Me siento en la cama, dejando que el viento azoté la ventana de afuera. Tu presencia me atormenta, y resulta en vano intentar apartarte de mis pensamientos.

Soy débil y fácil de manipular.

Me encuentro a mi misma riendo a carcajadas, poco a poco esas carcajadas se convierten en gritos ahogados de desesperación y por último en un llanto incontrolado.

La noción del tiempo se pierde para mí, e inconscientemente me encuentro frente a una chimenea que había estado ardiendo desde hace tiempo. Pero ahora esta apagada, con el humo intentando liberarse.

Me pierdo en mis propios pensamientos, sintiendo lástima por esa llama que yace apagada y sin vida. Por ese fuego que una vez fue nuestro amor y ahora solo quedan cenizas.

Abro mi puño que todo este tiempo había permanecido cerrado. La carta de despedida que dejaste... ¿Tan poco te importe para despedirte en un trozo de papel?

La abro, leyéndola por última vez. Son palabras sin sentimiento, que solo piden disculpas por jugar con mis sentimientos, pero que al encontrar  a la que llamaste tú amor verdadero decidiste abandonarme.

Doblo la carta, sintiendo de nuevo las lágrimas traicioneras en mis ojos.

Me hiciste daño, mucho daño, y lo único que hice yo fue entregarme plenamente a ti sin cuestionar lo que hicimos. Te amé, y te amo a pesar de todo el daño que me has ocasionado.

Prendó el fuego, y poco a poco este empieza a arder de nuevo.

Un sentimiento de esperanza florece en mí, la esperanza de ser feliz de nuevo.

Y aunque me costara, esperó volver a sonreír y amar a alguien que de igual manera me amé.

Dejo la carta en el fuego, dejando que las llamas la consuman y la conviertan en cenizas.

No hay necesidad de que yo apagué ese fuego, ya que poco a poco por si mismo se consume.

Nuestro amor es como el fuego que arde.

 Solo que ya solo quedan cenizas de el.


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