CAMINANDO

Por MARIA MARTA COSTANZO
Enviado el 22/02/2014, clasificado en Reflexiones
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Me siento descalza, así como mis pies llegaron al mundo y por que así me siento camino despacio y mirando donde voy.

Tratando de resguardar mis pies de piedras filosas, sin embargo disfruto con cuidado ir subiendo poco a poco por ellas.

Al sentirme descalza tengo miedo, no lo niego, pero a la vez me hace libre.

Es temer lastimarme pero a la vez intentarlo, es caminar descalza sin protección alguna lo que me hace sentirme viva, es sentir que el firmamento se hace duro, pero también es la fuerza que me lleva a caminar hacia el pasto, hacia el agua.

Es hacerme más fuerte, es adquirir experiencias, sería mucho más fácil quedarse en reposo, pero no me convence… prefiero sentirme descalza, sentirme libre.

Hay pies descalzos que ya no tienen miedo a nada o al menos eso transmiten, son pies que acompañan mi camino. Son descalzos con kilómetros recorridos, saben los atajos pero no los recomiendan, dan pistas pero no imponen rutas, suelen acompañarme, confían en mis pisadas y me dejan avanzar por donde quiera… a veces en paralelo, a veces desde arriba.

Hay pies que olvidé, no dejaron huella. Hay pies que pisaron hondo, y a veces los calzo.

Me siento descalza y eso no me hace débil, me hace fuerte, me permite sentir…

Aprendí que el camino se hace más hermoso, dependiendo de la forma en que lo vemos, de la actitud que llevamos, de lo fuerte que pisemos.

Me enseñaron a no intimidarme si me pisan.

Me enseñaron que lo mejor de caer es levantarse.

Muchas  veces desde abajo, se toma una mejor perspectiva para llegar hasta el lugar más alto.

Después de todo , la mayoría de los pies nos dirigimos al mismo lugar, eso creo, pero lo más importante es sentirme plena en el camino que HOY eligo, es dar las gracias por los pies descalzos y verdaderos que se cruzaron en mi camino, también a los pies olvidados,  me brindaron conocimiento.

También aquellos pies que me hacen cosquillas y el camino más alegre.

A los pies que alguna vez se me enredaron, a los que me patearon.

A aquellos pies bailarines que danzan acompañando a los míos que por más de ser pequeños, tantas veces se hacen grandes.


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