EL MIMO

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Estoy parado frente a una calle, detrás de un poste de luz, es difícil ser un anónimo en esta gran urbe de concreto.
el roció del cielo, cae sobre mi cara despegando la acuarela blanca que se posa sobre mi existir, toda persona cuanto pasa, me mira con una nostalgia que se asimila con una mueca de asco. Todo perro pasa en su afán canino mojándome los pies, al levantar su pie me devuelve otra vez a mis sentidos, a mi realidad…


Es tan difícil ser mudo en un mundo que brama en el afán del diario trajín. Es tan difícil vivir y pretender hacer parte de todas estas personas que pasan y se mean sobre el pavimento ya no tan virgen como hace veinte años.


Camino entre las calles, atrapando con mi rostro cada gota que cae desde el cielo buscando objetivo cual kamikaze a su víctima.


No vive tristeza más grande en un hombre que la soledad cuando se es mudo.
no existe tristeza más grande, que la mudez en un hombre de ciudad bajo la labor de mimo.
no existe tristeza más grande que pintarse de mimo por las mañanas y al llegar la noche, quitarse la pintura y seguir siendo un mimo.

DANIEL AVILA BARRETO


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