coctelera

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Cuando voy en metro suelo observar a la gente. A veces voy leyendo pero ese día no tenía ganas. Además no podía de dejar de mirar al de enfrente, tenía tantos piercings que embobaba. Eso tiene que picar, seguro. Yo, que no puedo llevar ni un simple pendiente porque ya me escuece...

A mi derecha va sentada una mujer. Está tan concentrada en su lectura que no se da cuenta que el helado de ese niño gotea en su falda. Una chica delgadita, de pie, se destroza los oídos a base de decibelios con unos auriculares verdes enormes. Y a mi izquierda, una madre intenta hacerle dos coletas a una niña que no deja de moverse.

De repente se apagan las luces y el tren para bruscamente. No dura nada. En seguida arranca de nuevo, pero me quedo con la sensación de ser hielitos en una coctelera.

No sé si los demás piensan lo mismo, puede que no. La mujer de mi derecha sigue saboreando su helado tan feliz. La chica delgadita continua absorta en su libro. La madre sigue escuchando música, mientras la niña manosea el cable de los auriculares. Un niño de dedos pringosos se pasea por el vagón toqueteándolo todo.

¿Por qué los niños siempre tienen los dedos pringosos? Me quedo pensando eso mientras me rasco los piercings de la ceja, que ya me empiezan a picar.


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