Salir del bosque
Para salir del bosque
primero hay que perderse.
No es un bosque cualquiera:
es oscuro,
cerrado,
sin senderos.
Si entras por decisión propia,
no intentes volver atrás.
Camina.
No importa cuánto tiempo pase.
Busca una luz entre las ramas.
Cuando la encuentres,
elige un árbol.
No el más alto,
ni el más hermoso.
Elige el más pequeño,
el que apenas resiste.
Siéntate junto a él.
Cuídalo.
Cántale.
Prométele que, cuando salgas del bosque,
le devolverás el sol.
Si tu cuidado es sincero, el árbol crecerá.
Si no, morirá.
Mientras crece,
estira los brazos hacia el cielo.
Aprende a parecerte a aquello que esperas alcanzar.
Cuando la luz te toque,
entenderás:
el bosque ya quedó atrás.
No porque el camino haya desaparecido,
sino porque tú cambiaste.
Nunca estuviste perdido.
Solo estabas creciendo.
Y el vacío que traías
se llenó
cuando aprendiste a cuidar algo,
incluso en la oscuridad.
— La Hire (Arturo Pino)
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